Padroeiros do blog: SÃO PAULO; SÃO TOMÁS DE AQUINO; SÃO FILIPE DE NÉRI; SÃO JOSEMARIA ESCRIVÁ
18/04/2018
Pequena agenda do cristão
(Coisas muito simples, curtas, objectivas)
Propósito:
Simplicidade e modéstia.
Senhor, ajuda-me a ser simples, a despir-me da minha “importância”, a ser contido no meu comportamento e nos meus desejos, deixando-me de quimeras e sonhos de grandeza e proeminência.
Lembrar-me:
Do meu Anjo da Guarda.
Senhor, ajuda-me a lembrar-me do meu Anjo da Guarda, que eu não despreze companhia tão excelente. Ele está sempre a meu lado, vela por mim, alegra-se com as minhas alegrias e entristece-se com as minhas faltas.
Anjo da minha Guarda, perdoa-me a falta de correspondência ao teu interesse e protecção, a tua disponibilidade permanente. Perdoa-me ser tão mesquinho na retribuição de tantos favores recebidos.
Pequeno exame:
Cumpri o propósito que me propus ontem?
17/04/2018
Tu e eu procedemos como filhos de Deus?
Um filho de Deus não tem medo da vida nem medo
da morte, porque o fundamento da sua vida espiritual é o sentido da filiação
divina: Deus é meu Pai, pensa, e é o Autor de todo o bem, é toda a Bondade. –
Mas tu e eu procedemos, de verdade, como filhos de Deus? (Forja, 987)
A nossa condição de filhos de Deus levar-nos-á – insisto – a ter
espírito contemplativo no meio de todas as actividades humanas – luz, sal e
levedura, pela oração, pela mortificação, pela cultura religiosa e profissional
–, fazendo realidade este programa: quanto mais dentro do mundo estivermos,
tanto mais temos de ser de Deus. (Forja, 740)
Quando se trabalha por Deus, é preciso ter "complexo de
superioridade" – fiz-te notar. – Mas – perguntavas-me – isso não é uma manifestação
de soberba? – Não! É uma consequência da humildade, de uma humildade que me faz
dizer: – Senhor, Tu és o que és. Eu sou a negação. Tu tens todas as perfeições:
o poder, a fortaleza, o amor, a glória, a sabedoria, o império, a dignidade...
Se eu me unir a Ti, como um filho quando se põe nos braços fortes do pai ou no
regaço maravilhoso da mãe, sentirei o calor da tua divindade, sentirei as luzes
da tua sabedoria, sentirei correr pelo meu sangue a tua fortaleza. (Forja, 342)
Temas para reflectir e meditar
(S. Tomás Moro, Un Hombre solo (Carta da Torre) Rialp, Madrid, pg. 125, trad ama)
Evangelho e comentário
Evangelho: Jo 6, 30-35
30 Eles replicaram: «Que sinal
realizas Tu, então, para nós vermos e crermos em ti? Que obra realizas Tu? 31 Os
nossos pais comeram o maná no deserto, conforme está escrito: Ele deu-lhes a
comer o pão vindo do Céu.» 32 E Jesus respondeu-lhes: «Em verdade, em verdade
vos digo: Não foi Moisés que vos deu o pão do Céu, mas é o meu Pai quem vos dá
o verdadeiro pão do Céu, 33 pois o pão de Deus é aquele que desce do Céu e dá a
vida ao mundo.» 34 Disseram-lhe então: «Senhor, dá-nos sempre desse pão!» 35 Respondeu-lhes
Jesus: «Eu sou o pão da vida. Quem vem a mim não mais terá fome e quem crê em
mim jamais terá sede.
Comentário:
Os
“argumentos” dos judeus são sempre os mesmos, repetidos uma e outra vez por
isso, o Senhor também tem de dar as mesmas respostas.
Se
nos espanta a renitência daqueles mais nos admira a infinita paciência de
Cristo que não Se cansa nem foge às questões que Lhe colocam.
Quem
não quer ser convencido inventa todo a sorte de subterfúgios, pede sinais e
evidências.
Mas,
repete-se, não querem ser convencidos porque esses sinais e evidências lhes
foram dados em profusão que não podem ignorar.
Também
nos dias de hoje alguns que se consideram “luminárias” de inteligência preclara
se atrevem a considerar milhões de milhões de homens e mulheres de todas as
raças e posição social como ignorantes e “joguetes” de manipulações da Santa
Igreja.
Refiro-me,
por exemplo, aos que em meios de comunicação social afirmam que as Aparições de
Nossa Senhora aos Pastorinhos em Fátima não passam de um embuste gigantesco, de
uma ilusão habilmente aproveitada.
A
conclusão a que se chega é que, estes – coitados – nem que a Santíssima Virgem
lhes aparecesse pessoalmente acreditariam!
(AMA, comentário sobre Jo
6, 30-35, 02.05.2017)
Leitura espiritual
Segundo edição de 1562
PRÓLOGO
Capítulo 2
Capítulo 2
5. Por aquí entiendo el gran provecho
que hace la buena compañía,
y
tengo por cierto que, si tratara en aquella edad con personas virtuosas, que
estuviera entera en la virtud. Porque si en esta
edad tuviera quien me enseñara a temer a Dios, fuera tomando fuerzas el alma
para no caer. Después, quitado este temor del todo, quedóme sólo el de la
honra, que en todo lo que hacía me traía atormentada.
Con pensar que no se había de saber,
me atrevía a muchas cosas bien contra ella y contra Dios.
6.
Al principio dañáronme las cosas dichas, a lo que me parece, y no debía ser
suya la culpa, sino mía. Porque después mi
malicia para el mal bastaba, junto con tener criadas, que para todo mal hallaba
en ellas buen aparejo; que si alguna fuera en aconsejarme bien, por ventura me
aprovechara; mas el interés las cegaba, como a mí la afición. Y pues nunca era
inclinada a mucho mal – porque cosas deshonestas naturalmente las aborrecia -,
sino a pasatiempos de buena conversación, mas puesta en la ocasión, estaba en
la mano el peligro, y ponía en él a mi padre y hermanos. De los cuales me libró
Dios de manera que se parece bien procuraba contra mi voluntad que del todo no
me perdiese, aunque no pudo ser tan secreto que no hubiese harta quiebra de mi
honra y sospecha en mi padre.
Porque
no me parece había tres meses que andaba en estas vanidades, cuando me llevaron
a un monasterio que había en este lugar, adonde se criaban personas semejantes,
aunque no tan ruines en costumbres como yo; y esto con tan gran disimulación, que
sola yo y algún deudo lo supo; porque aguardaron a coyuntura que no pareciese
novedad: porque, haberse mi hermana casado y quedar sola sin madre, no era
bien.
7. Era tan demasiado el amor que mi
padre me tenía y la mucha disimulación mía, que no había creer tanto mal de mí,
y así no quedó en desgracia conmigo. Como fue breve el tiempo, aunque se entendiese
algo, no debía ser dicho con certinidad. Porque como yo temía tanto la honra,
todas mis diligencias eran en que fuese secreto, y no miraba que no podía serlo
a quien todo lo ve.
¡Oh Dios mío! ¡Qué daño hace en el
mundo tener esto en poco y pensar que ha de haber cosa secreta que sea contra
Vos! Tengo por cierto que se excusarían grandes males si entendiésemos que no
está el negocio en guardarnos de los hombres, sino en no nos guardar de
descontentaros a Vos.
8. Los primeros ocho días sentí mucho,
y más la sospecha que tuve se había entendido la vanidad mía, que no de estar
allí. Porque ya yo andaba cansada y no dejaba de tener gran temor de Dios cuando
le ofendía, y procuraba confesarme con brevedad. Traía un desasosiego, que en
ocho días -y aun creo menos- estaba muy más contenta que en casa de mi padre.
Todas lo estaban conmigo, porque en esto me daba el Señor gracia, en dar
contento adondequiera que estuviese, y así era muy querida. Y puesto que yo
estaba entonces ya enemiguísima de ser monja, holgábame de ver tan buenas
monjas, que lo eran mucho las de aquella casa, y de gran honestidad y religión
y recatamiento.
Aun con todo esto no me dejaba el
demonio de tentar, y buscar los de fuera cómo me desasosegar con recaudos. Como
no había lugar, presto se acabó, y comenzó mi alma a tornarse a acostumbrar en
el bien de mi primera edad y vi la gran merced que hace Dios a quien pone en
compañía de buenos.
Paréceme andaba Su Majestad mirando y
remirando por dónde me podía tornar a sí. ¡Bendito seáis Vos, Señor, que tanto
me habéis sufrido! Amén.
9. Una cosa tenía que parece me podía
ser alguna disculpa, si no tuviera tantas culpas; y es que era el trato con
quien por vía de casamiento me parecía podía acabar en bien; e informada de com
quien me confesaba y de otras personas, en muchas cosas medecían no iba contra
Dios.
10. Dormía una monja con las que
estábamos seglares, que por medio suyo parece quiso el Señor comenzar a darme
luz, como ahora diré.
CAPÍTULO
3
1. Pues comenzando a gustar de la
buena y santa conversación de esta monja, holgábame de oírla cuán bien hablaba
de Dios, porque era muy discreta y santa. Esto, a mi parecer, en ningún tiempo
dejé de holgarme de oírlo. Comenzóme a contar cómo ella había venido a ser
monja por sólo leer lo que dice el evangelio: Muchos son los llamados y pocos
los escogidos. Decíame el premio que daba el Señor a los que todo lo dejan por
El.
Comenzó esta buena compañía a
desterrar las costumbres que había hecho la mala y a tornar a poner en mi
pensamiento deseos de las cosas eternas y a quitar algo la gran enemistad que
tenía com ser monja, que se me había puesto grandísima. Y si veía alguna tener
lágrimas cuando rezaba, u otras virtudes, habíala mucha envidia; porque era tan
recio mi corazón en este caso que, si leyera toda la Pasión, no llorara una
lágrima. Esto me causaba pena.
2. Estuve año y medio en este monasterio
harto mejorada.
Comencé a rezar muchas oraciones
vocales y a procurar con todas me encomendasen a Dios, que me diese el estado
en que le había de servir. Mas todavía deseaba no fuese monja, que éste no
fuese Dios servido de dármele, aunque también temía el casarme.
A cabo de este tiempo que estuve aquí,
ya tenía más amistad de ser monja, aunque no en aquella casa, por las cosas más
virtuosas que después entendí tenían, que me parecían extremos demasiados; y
había algunas de las más mozas que me ayudaban en esto, que si todas fueran de
un parecer, mucho me aprovechara.
También
tenía yo una grande amiga en otro monasterio, y esto me era parte para no ser
monja, si lo hubiese de ser, sino adonde ella estaba. Miraba más el gusto de mi sensualidad y vanidad que lo bien
que me estaba a mi alma. Estos buenos pensamientos de ser monja me venían
algunas veces y luego se quitaban, y no podía persuadirme a serlo.
3. En este tiempo, aunque yo no estaba
descuidada de mi remedio, andaba más ganoso el Señor de disponerme para el
estado que me estaba mejor. Diome una gran enfermedad, que hube de tornar
encasa de mi padre. En estando buena, lleváronme en casa de mi hermana -que
residía en una aldea- para verla, que era extremo el amor que me tenía y, a su
querer, no saliera yo de con ella; y su marido también me amaba mucho, al menos
mostrábame todo regalo, que aun esto debo más al Señor, que en todas partes siempre
le he tenido, y todo se lo servía como la que soy.
4. Estaba en el camino un hermano de
mi padre, muy avisado y de grandes virtudes, viudo, a quien también andaba el
Señor disponiendo para sí, que en su mayor edad dejó todo lo que tenía y fue
fraile y acabó de suerte que creo goza de Dios. Quiso que me estuviese con él
unos días. Su ejercicio era buenos libros de romance, y su hablar era -lo más
ordinario- de Dios y de la vanidad del mundo. Hacíame le leyese y, aunque no
era amiga de ellos, mostraba que sí. Porque en esto de dar contento a otros he
tenido extremo, aunque a mí me hiciese pesar; tanto, que en otras fuera virtud
y en mí ha sido gran falta, porque iba muchas veces muy sindiscreción.
¡Oh, válgame Dios, por qué términos me
andaba Su Majestad disponiendo para el estado en que se quiso servir de mí,
que, sin quererlo yo, me forzó a que me hiciese fuerza! Sea bendito por siempre,
amén.
5. Aunque fueron los días que estuve
pocos, con la fuerza que hacían en mi corazón las palabras de Dios, así leídas
como oídas, y la buena compañía, vine a ir entendiendo la verdad de cuando
niña, de que no era todo nada, y la vanidad del mundo, y cómo acababa en breve,
y a temer, si me hubiera muerto, cómo me iba al infierno.
Y aunque no acababa mi voluntad de
inclinarse a ser monja, vi era el mejor y más seguro estado. Y así poco a poco
me determiné a forzarme para tomarle.
6. En esta batalla estuve tres meses,
forzándome a mí misma com esta razón: que los trabajos y pena de ser monja no
podía ser mayor que la del purgatorio, y que yo había bien merecido el infierno;
que no era mucho estar lo que viviese como en purgatorio, y que después me iría
derecha al cielo, que éste era mi deseo.
Y en este movimiento de tomar estado,
más me parece me movía un temor servil que amor. Poníame el demonio que no
podría sufrir los trabajos de la religión, por ser tan regalada. A esto me defendia
con los trabajos que pasó Cristo, porque no era mucho yo pasase algunos por El;
que El me ayudaría a llevarlos - debía pensar -, que esto postrero no me
acuerdo. Pasé hartas tentaciones estos días.
7. Habíanme dado, con unas calenturas,
unos grandes desmayos,que siempre tenía bien poca salud. Diome la vida haber
quedado ya amiga de buenos libros. Leía en las Epístolas de San Jerónimo, que me
animaban de suerte que me determiné a decirlo a mi padre, que casi era como a
tomar el hábito, porque era tan honrosa que me parece no tornara atrás por
ninguna manera, habiéndolo dicho una vez. Era tanto lo que me quería, que en
ninguna manera lo pude acabar con él, ni bastaron ruegos de personas que
procuré le hablasen. Lo que más se pudo acabar con él fue que después de sus
días haría lo que quisiese. Yo ya me temía a mí y a mi flaqueza no tornase
atrás, y así no me pareció me convenía esto, y procurélo por otra vía, como
ahora diré.
SANTA TERESA DE JESÚS O DE ÁVILA
Doutrina – 417
Compêndio
PRIMEIRA PARTE: A
PROFISSÃO DA FÉ
SEGUNDA SECÇÃO: A
PROFISSÃO DA FÉ CRISTÃ
CAPÍTULO TERCEIRO
Creio
na Comunhão dos santos
195.
O que significa ainda a expressão comunhão dos santos?
Designa
ainda a comunhão entre as pessoas santas (sancti), isto é, entre os que, pela
graça, estão unidos a Cristo morto e ressuscitado. Alguns são peregrinos na
terra; outros, que já partiram desta vida, estão a purificar-se, ajudados
também pelas nossas orações; outros, enfim, gozam já da glória de Deus e
intercedem por nós. Todos juntos formam, em Cristo, uma só família, a Igreja,
para louvor e glória da Trindade.
Pequena agenda do cristão
(Coisas muito simples, curtas, objectivas)
Propósito:
Aplicação no trabalho.
Senhor, ajuda-me a fazer o que devo, quando devo, empenhando-me em fazê-lo bem feito para to poder oferecer.
Lembrar-me:
Os que estão sem trabalho.
Senhor, lembra-te de tantos e tantas que procuram trabalho e não o encontram, provê às suas necessidades, dá-lhes esperança e confiança.
Pequeno exame:
Cumpri o propósito que me propus ontem?
16/04/2018
Encherás o mundo de caridade
Não podes destruir, com a tua negligência ou
com o teu mau exemplo, as almas dos teus irmãos os homens. – Tens – apesar das
tuas paixões! – a responsabilidade da vida cristã dos que te são próximos, da
eficácia espiritual de todos, da sua santidade! (Forja, 955)
Longe fisicamente e, contudo, muito perto de todos: muito perto de
todos!... – repetias feliz.
Estavas contente, graças a essa comunhão de caridade, de que te
falei, que tens de avivar sem cansaço. (Forja, 956)
Perguntas-me o que é que poderias fazer por aquele teu amigo, para
que não se encontre sozinho.
Dir-te-ei o que sempre digo, porque temos à nossa disposição uma
arma maravilhosa, que resolve tudo: rezar. Primeiro, rezar. E, depois, fazer
por ele o que gostarias que fizessem por ti, em circunstâncias semelhantes.
Sem o humilhar, é preciso ajudá-lo de tal maneira que se lhe torne
fácil o que lhe é difícil. (Forja,
957)
Põe-te sempre nas circunstâncias do próximo: assim verás os problemas
ou as questões serenamente, não terás desgostos, compreenderás, desculparás,
corrigirás quando e como for necessário, e encherás o mundo de caridade. (Forja, 958)
Temas para reflectir e meditar
Transubstanciação
Pela transubstanciação, as espécies do pão e do vinho já não são o pão comum e a bebida comum, mas sinal de um alimento espiritual, mas adquirem um novo significado e um novo fim enquanto contêm uma ‘realidade’, que com razão denominamos ontológica; porque sob as ditas espécies já não existe o que havia antes, mas uma coisa completamente diferente (...), uma vez que convertida a substância ou natureza do pão e do vinho no Corpo e no Sangue de Cristo, não fica já nada de pão e de vinho, mas só as espécies: sob elas Cristo todo inteiro está presente na Sua realidade física, e ainda corporalmente, e ainda mesmo modo como os corpos estão num lugar.
(São Paulo VI, Enc. Misterium fidei, 1965.09.03)
Evangelho e comentário
Evangelho: Jo 6, 22-29
22 No dia seguinte, a multidão que
ficara do outro lado do lago reparou que ali não estivera mais do que um barco,
e que Jesus não tinha entrado no barco com os seus discípulos, mas que estes tinham
partido sozinhos. 23 Entretanto, chegaram outros barcos de Tiberíades até ao
lugar onde tinham comido o pão, depois de o Senhor ter dado graças. 24 Quando
viu que nem Jesus nem os seus discípulos estavam ali, a multidão subiu para os
barcos e foi para Cafarnaúm à procura de Jesus. 25 Ao encontrá-lo no outro lado
do lago, perguntaram-lhe: «Rabi, quando chegaste cá?» 26 Jesus respondeu-lhes: «Em
verdade, em verdade vos digo: vós procurais-me, não por terdes visto sinais
miraculosos, mas porque comestes dos pães e vos saciastes. 27 Trabalhai, não
pelo alimento que desaparece, mas pelo alimento que perdura e dá a vida eterna,
e que o Filho do Homem vos dará; pois a este é que Deus, o Pai, confirma com o
seu selo.» 28 Disseram-lhe, então: «Que havemos nós de fazer para realizar as
obras de Deus?» 29 Jesus respondeu-lhes: «A obra de Deus é esta: crer naquele
que Ele enviou.»
Comentário:
A uma pergunta concreta:
«Que havemos nós de
fazer para realizar as obras de Deus?»,
o Senhor responde com toda a clareza:
«A obra de Deus é
esta: crer naquele que Ele enviou.»
Não há pois, alternativa:
É fundamental acreditar em
Cristo para fazer a Vontade de Deus que, como sabemos, é que alcancemos a salvação
eterna.
(AMA, comentário sobre Jo 6, 22-29, 18.01.2018)
Leitura espiritual
Segundo edição de 1562
PRÓLOGO
JHS
1. Quisiera yo que, como me han mandado y dado larga licencia para que
escriba el modo de oración y las mercedes que el Señor me ha hecho, me la
dieran para que muy por menudo y con claridade dijera mis grandes pecados y
ruin vida. Diérame gran consuelo.
Mas no han querido, antes atádome mucho en este caso. Y por esto pido,
por amor del Señor, tenga delante de los ojos quien este discurso de mi vida
leyere, que ha sido tan ruin que no he hallado santo de los que se tornaron a
Dios con quien me consolar. Porque considero que, después que el Señor los
llamaba, no le tornaban a ofender. Yo no sólo tornaba a ser peor, sino que
parece traíaestudio a resistir las mercedes que Su Majestad me hacía, como
quien se veía obligada a servir más y entendía de sí no podía pagar lo menos de
lo que debía.
2. Sea bendito por siempre, que tanto me esperó, a quien com verdad yo
haga esta relación que mis confesores me mandan (y aun el Señor sé yo lo quiere
muchos días ha, sino que yo no me he atrevido) y que sea para gloria y alabanza
suya y para quede aqui adelante, conociéndome ellos mejor, ayuden a mi flaqueza
para que pueda servir algo de lo que debo al Señor, a quien siemprealaben todas
las cosas, amén.
CAPÍTULO 1
1. El tener padres virtuosos y temerosos de Dios me bastara, si yo no
fuera tan ruin, con lo que el Señor me favorecía, para ser buena.
Era mi padre aficionado a leer buenos libros y así los tenía de romance
para que leyesen sus hijos. Esto, con el cuidado que mi madre tenía de hacernos
rezar y ponernos en ser devotos de nuestra Señora y de algunos santos, comenzó
a despertarme de edad, a mi parecer, de seis o siete años. Ayudábame no ver en
mis padres favor sino para la virtud. Tenían muchas.
Era mi padre hombre de mucha caridad con los pobres y piedad con los
enfermos y aun con los criados; tanta, que jamás se pudo acabar con él tuviese
esclavos, porque los había gran piedad, y estando una vez en casa una de un su
hermano, la regalaba como a sus hijos. Decía que, de que no era libre, no lo
podía sufrir de piedad. Era de gran verdad. Jamás nadie le vio jurar ni
murmurar. Muy honesto en gran manera.
2. Mi madre también tenía muchas virtudes y pasó la vida com grandes
enfermedades. Grandísima honestidad. Con ser de harta hermosura, jamás se
entendió que diese ocasión a que ella hacía caso de ella, porque con morir de
treinta y tres años, ya su traje era como de persona de mucha edad. Muy
apacible y de harto entendimiento. Fueron grandes los trabajos que pasaron el
tiempo que vivió. Murió muy cristianamente.
3. Eramos tres hermanas y nueve hermanos. Todos parecieron a sus
padres, por la bondad de Dios, en ser virtuosos, si no fui yo, aunque era la
más querida de mi padre. Y antes que comenzase aofender a Dios, parece tenía
alguna razón; porque yo he lástima cuando me acuerdo las buenas inclinaciones
que el Señor me había dado y cuán mal me supe aprovechar de ellas.
4. Pues mis hermanos ninguna cosa me desayudaban a servir a Dios.
Tenía uno casi de mi edad, juntábamonos entrambos a ler vidas de Santos, que
era el que yo más quería, aunque a todos tenía gran amor y ellos a mí. Como
veía los martirios que por Dios las santas pasaban, parecíame compraban muy
barato el ir a gozar de Dios y deseaba yo mucho morir así, no por amor que yo
entendiese tenerle, sino por gozar tan en breve de los grandes bienes que leía
haber en el cielo, y juntábame con este mi hermano a tratar qué medio habría
para esto. Concertábamos irnos a tierra de moros, pidiendo por amor de Dios,
para que allá nos descabezasen. Y paréceme que nos daba el Señor ánimo en tan
tierna edad, si viéramos algún medio, sino que el tener padres nos parecía el
mayor embarazo.
Espantábanos mucho el decir que pena y gloria era para siempre, en lo
que leíamos. Acaecíanos estar muchos ratos tratando de esto y gustábamos de
decir muchas veces: ¡para siempre, siempre, siempre! En pronunciar esto mucho
rato era el Señor servido me quedase en esta niñez imprimido el camino de la
verdad.
5. De que vi que era imposible ir a donde me matasen por Dios, ordenábamos
ser ermitaños; y en una huerta que había en casa procurábamos, como podíamos,
hacer ermitas, poniendo unas pedrecillas que luego se nos caían, y así no
hallábamos remedio en nada para nuestro deseo; que ahora me pone devoción ver
cómo me daba Dios tan presto lo que yo perdí por mi culpa.
6. Hacía limosna como podía, y podía poco. Procuraba soledad para
rezar mis devociones, que eran hartas, en especial el rosario, de que mi madre
era muy devota, y así nos hacía serlo. Gustaba mucho, cuando jugaba con otras
niñas, hacer monasterios, como que éramos monjas, y yo me parece deseaba serlo,
aunque no tanto como las cosas que he dicho.
7. Acuérdome que cuando murió mi madre quedé yo de edad de doce años,
poco menos. Como yo comencé a entender lo que había perdido, afligida fuime a
una imagen de nuestra Señora y supliquéla fuese mi madre, con muchas lágrimas.
Paréceme que, aunque se hizo con simpleza, que me ha valido; porque
conocidamente he hallado a esta Virgen soberana en cuanto me he encomendado a
ella y, en fin, me ha tornado a sí.
Fatígame ahora ver y pensar en qué estuvo el no haber yo estado entera
en los buenos deseos que comencé.
8. ¡Oh Señor mío!, pues parece tenéis determinado que me salve, plega
a Vuestra Majestad sea así; y de hacerme tantasmercedes como me habéis hecho,
¿no tuvierais por bien -no por mi ganancia, sino por vuestro acatamiento- que
no se ensuciara tanto posada adonde tan continuo habíais de morar? Fatígame,
Señor, aun decir esto, porque sé que fue mía toda la culpa; porque no me parece
os quedó a Vos nada por hacer para que desde esta edad no fuera toda vuestra.
Cuando voy a quejarme de mis padres, tampoco puedo, porque no veía en
ellos sino todo bien y cuidado de mi bien.
Pues pasando de esta edad, que comencé a entender las gracias de
naturaleza que el Señor me había dado, que según decían eran muchas, cuando por
ellas le había de dar gracias, de todas me comencé a ayudar para ofenderle,
como ahora diré.
CAPÍTULO 2
1. Paréceme que comenzó a hacerme mucho daño lo que ahora diré.
Considero algunas veces cuán mal lo hacen los padres que no procuran que vean
sus hijos siempre cosas de virtud de todas maneras; porque, con serlo tanto mi
madre como he dicho, de lo bueno no tomé tanto en llegando a uso de razón, ni
casi nada, y lo malo me dañó mucho. Era aficionada a libros de caballerías y no
tan mal tomaba este pasatiempo como yo le tomé para mí, porque no perdía su
labor, sino desenvolvíamonos para leer en ellos, y por ventura lo hacía para no
pensar en grandes trabajos que tenía, y ocupar sus hijos, que no anduviesen en
otras cosas perdidos. De esto le pesaba tanto a mi padre, que se había de tener
aviso a que no lo viese. Yo comencé a quedarme en costumbre de leerlos; y aquella
pequeña falta que en ella vi, me comenzó a enfriar los deseos y comenzar a
faltar en lo demás; y parecíame no era malo, con gastar muchas horas del día y
de la noche en tan vano ejercicio, aunque escondida de mi padre. Era tan en
extremo lo que en esto me embebía que, si no tenía libro nuevo, no me parece
tenía contento.
2. Comencé a traer galas y a desear contentar en parecer bien, con
mucho cuidado de manos y cabello y olores y todas las vanidades que en
esto podía tener, que eran hartas, por ser muy curiosa. No tenía mala
intención, porque no quisiera yo que nadie ofendiera a Dios por mí. Duróme
mucha curiosidad de limpieza demasiada y cosas que me parecía a mí no eran
ningún pecado, muchos años.
Ahora veo cuán malo debía ser.
Tenía primos hermanos algunos, que en casa de mi padre no tenían otros
cabida para entrar, que era muy recatado, y pluguiera a Dios que lo fuera de
éstos también. Porque ahora veo el peligro que es tratar en la edad que se han
de comenzar a criar virtudes com personas que no conocen la vanidad del mundo,
sino que antes despiertan para meterse en él. Eran casi de mi edad, poco
mayores que yo. Andábamos siempre juntos. Teníanme gran amor, y en todas las
cosas que les daba contento los sustentaba plática y oía sucesos de sus aficiones
y niñerías nonada buenas; y lo que peor fue, mostrarse el alma a lo que fue
causa de todo su mal.
3. Si yo hubiera de aconsejar, dijera a los padres que en esta edad
tuviesen gran cuenta con las personas que tratan sus hijos, porque aquí está
mucho mal, que se va nuestro natural antes a lo peor que a lo mejor.
Así me acaeció a mí, que tenía una hermana de mucha más edad que yo,
de cuya honestidad y bondad -que tenía mucha- de ésta no tomaba nada, y tomé
todo el daño de una parienta que trataba mucho en casa. Era de tan livianos
tratos, que mi madre la había mucho procurado desviar que tratase en casa;
parece adivinaba el mal que por ella me había de venir, y era tanta la ocasión
que había para entrar, que no había podido. A ésta que digo, me aficioné a
tratar. Con ella era mi conversación y pláticas, porque me ayudaba a todas las
cosas de pasatiempos que yo quería, y aun me ponía en ellas y daba parte de sus
conversaciones y vanidades.
Hasta que traté con ella, que fue de edad de catorce años, y creo que
más (para tener amistad conmigo -digo- y darme parte de sus cosas), no me
parece había dejado a Dios por culpa mortal ni perdido el temor de Dios, aunque
le tenía mayor de la honra. Este tuvo fuerza para no la perder del todo, ni me
parece por ninguna cosa del mundo en esto me podía mudar, ni había amor de
persona de él que a esto me hiciese rendir. ¡Así tuviera fortaleza en no
ir contra la honra de Dios, como me la daba mi natural para no perder en lo que
me parecía a mí está la honra del mundo! ¡Y no miraba que la perdía por otras
muchas vías!
4. En querer ésta vanamente tenía extremo. Los medios que eran
menester para guardarla, no ponía ninguno. Sólo para no perderme del todo tenía
gran miramiento.
Mi padre y hermana sentían mucho esta amistad. Reprendíanmela muchas
veces. Como no podían quitar la ocasión de entrar ella en casa, no les
aprovechaban sus diligencias, porque mi sagacidade para cualquier cosa mala era
mucha. Espántame algunas veces el daño que hace una mala compañía, y si no
hubiera pasado por ello, no lo pudiera creer. En especial en tiempo de mocedad
debe ser mayor el mal que hace. Querría escarmentasen en mí los padres para
mirar mucho en esto. Y es así que de tal manera me mudó esta conversación,
que de natural y alma virtuoso no me dejó casi ninguna, y me parece me imprimía
sus condiciones ella y otra que tenía la misma manera de pasatiempos.
SANTA TERESA DE JESÚS O
DE ÁVILA
Diálogos apostólicos
O
DIVÓRCIO E A RELIGIÃO
Pergunto:
Porque a Igreja impede a
comunhão aos divorciados?
Respondo:
A Igreja não admite o
divórcio, pois nos ensinamentos de Cristo o matrimónio mantém-se até que a
morte os separe. De acordo com isto, proíbe-se a comunhão aos divorciados que
se casaram de novo porque o casamento anterior continua válido e, por isso, o
novo é um adultério. Então, como não há arrependimento nem propósito de emenda,
não é possível recorrer à confissão. E, desde logo, não se pode comungar com
pecado grave.
Pequena agenda do cristão
(Coisas muito simples, curtas, objectivas)
Propósito:
Sorrir; ser amável; prestar serviço.
Senhor que eu faça "boa cara" que seja alegre e transmita aos outros, principalmente em minha casa, boa disposição.
Senhor que eu sirva sem reserva de intenção de ser recompensado; servir com naturalidade; prestar pequenos ou grandes serviços a todos mesmo àqueles que nada me são. Servir fazendo o que devo sem olhar à minha pretensa “dignidade” ou “importância” “feridas” em serviço discreto ou desprovido de relevo, dando graças pela oportunidade de ser útil.
Lembrar-me:
Papa, Bispos, Sacerdotes.
Que o Senhor assista e vivifique o Papa, santificando-o na terra e não consinta que seja vencido pelos seus inimigos.
Que os Bispos se mantenham firmes na Fé, apascentando a Igreja na fortaleza do Senhor.
Que os Sacerdotes sejam fiéis à sua vocação e guias seguros do Povo de Deus.
Pequeno exame:
Cumpri o propósito que me propus ontem?
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