21/11/2018

El reto del amor





por El Reto Del Amor

Doutrina – 460


CATECISMO DA IGREJA CATÓLICA
Compêndio


PRIMEIRA SECÇÃO

A ECONOMIA SACRAMENTAL


CAPÍTULO SEGUNDO

A CELEBRAÇÃO SACRAMENTAL DO MISTÉRIO PASCAL


CELEBRAR A LITURGIA DA IGREJA

Pergunta:

239. Quais os critérios do canto e da música na celebração litúrgica?

Resposta:

Uma vez que o canto e a música estão intimamente conexos com a acção litúrgica, eles devem respeitar os seguintes critérios: a conformidade à doutrina católica dos textos, tomados de preferência da Escritura e das fontes litúrgicas; a beleza expressiva da oração; a qualidade da música; a participação da assembleia; a riqueza cultural do Povo de Deus e o carácter sacro e solene da celebração. «Quem canta reza duas vezes» (S. Agostinho).

Leitura espiritual

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LA FE EXPLICADA

Parte 1 El credo


CAPÍTULO PRIMERO EL FIN DE LA EXISTENCIA DEL HOMBRE

1 -
¿Por qué estoy aquí? ¿Es el hombre un mero accidente biológico? ¿Es el género humano una simple etapa en un proceso evolutivo, ciego y sin sentido? ¿Es esta vida humana nada más que un destello entre la larga oscuridad que precede a la concepción y la oscuridad eterna que seguirá a la tumba? ¿Soy yo apenas una mota insignificante en el universo, lanzada al ser por el poder creador de un Dios indiferente, como la cáscara que se arroja sin pensar por encima del hombro? ¿Tiene la vida alguna finalidad, algún plan, algún propósito? ¿De dónde, en fin, vengo? ¿Y por qué estoy aquí? Estas cuestiones son las que cualquier persona normal se plantea en cuanto alcanza edad suficiente para pensar con cierta sensatez. El Catecismo de la Doctrina Cristiana es, pues, sumamente lógico cuando nos propone como pregunta inicial: «¿Quién nos ha creado?», pregunta a la que, una vez respondida, sigue inmediatamente esta otra: «¿Quién es Dios?». Pero, por el momento, me parece mejor retrasar el extendernos en estas dos preguntas y comenzar, más bien, con la consideración de una tercera. Es igualmente básica, igualmente urgente, y nos ofrece un mejor punto de partida. La pregunta es: «¿Para qué nos hizo Dios?».

Hay dos modos de responder a esa pregunta, según la consideremos desde el punto de vista de Dios o del nuestro. Viéndola desde el punto de vista de Dios, la respuesta es: «Dios nos hizo para mostrar su bondad». Dado que Dios es un Ser infinitamente perfecto, la principal razón por la que hace algo debe ser una razón infinitamente perfecta. Pero sólo hay una razón infinitamente perfecta para hacer algo, y es hacerlo por Dios. Por ello, sería indigno de Dios, contrario a su infinita perfección, si hiciera alguna cosa por una razón inferior a Sí mismo.

Quizá lo veamos mejor si nos lo aplicamos a nosotros. Aun para nosotros, la mayor y mejor razón para hacer algo es hacerlo por Dios. Si lo hago por otro ser humano -aun algo noble, como alimentar al hambriento-, y lo hago especialmente por esa razón, sin referirme a Dios de alguna manera, estoy haciendo una cosa imperfecta. No es una cosa mala, pero sí menos perfecta. Esto sería así aun si lo hiciera por un ángel o por la Santísima Virgen misma, prescindiendo de Dios. No hay motivo mayor para hacer algo que hacerlo por Dios. Y esto es cierto tanto para lo que Dios hace como para lo que hacemos nosotros.(La primera razón, pues -la gran razón por la que Dios hizo al universo y a nosotros-, fue para su propia gloria, para mostrar su poder y bondad infinitos. Su infinito poder se muestra por el hecho de que existimos. Su infinita bondad por el hecho de que quiere hacernos partícipes de su amor y felicidad. Y si nos pareciera que Dios es egoísta por hacer las cosas para su propio honor y gloria, es porque no podemos evitar pensarle en términos humanos. Pensamos en Dios como si fuera una criatura igual que nosotros.

Pero el hecho es que no hay nada o nadie que merezca más ser objeto del pensamiento de Dios o de su amor que Dios mismo.

Sin embargo, cuando decimos que Dios hizo al universo (y a nosotros) para su mayor gloria, no queremos decir, por supuesto, que Dios la necesitara de algún modo. La gloria que dan a Dios las obras de su creación es la que llamamos «gloria extrínseca». Es algo fuera de Dios, que no le añade nada. Es muy parecido al artista que tiene gran talento para la pintura y la mente llena de bellas imágenes. Si el artista pone algunas de ellas sobre un lienzo para que la gente las vea y admire, esto no añade nada al artista mismo. No lo hace mejor o más maravilloso de lo que era.

Así, Dios nos hizo primordialmente para su honor y gloria. De aquí que nuestra primera respuesta a la pregunta «¿Para qué nos hizo Dios?» sea: «para mostrar su bondad».

Pero la principal manera de demostrar la bondad de Dios se basa en el hecho de habernos creado con un alma espiritual e inmortal, capaz de participar de su propia felicidad. Aun en los asuntos humanos sentimos que la bondad de una persona se muestra por la generosidad con que comparte su persona y sus posesiones con otros.

Igualmente, la bondad divina se muestra, sobre todo, por el hecho de hacernos partícipes de su propia felicidad, de hacernos partícipes de Sí mismo.

Por esta razón, al responder desde nuestro punto de vista a la pregunta «¿Para qué nos hizo Dios?», decimos que nos hizo «para participar de su eterna felicidad en el cielo». Las dos respuestas son como dos caras de la misma moneda, su anverso y su reverso: la bondad de Dios nos ha hecho partícipes de su felicidad, y nuestra participación en su felicidad muestra la bondad de Dios.

Bien, ¿y qué es esa felicidad de la que venimos hablando y para la que Dios nos hizo? Como respuesta, comencemos con un ejemplo: el del soldado americano destinado en una base extranjera. Un día, al leer el periódico de su pueblo que le ha enviado su madre, tropieza con la fotografía de una muchacha. El soldado no la conoce. Nunca ha oído hablar de ella. Pero, al mirarla, se dice: «Vaya, me gusta esta chica. Querría casarme con ella».

La dirección de la muchacha está al pie de la foto, y el soldado se decide a escribirle, sin demasiadas esperanzas en que le conteste. Y, sin embargo, la respuesta llega.

Comienzan una correspondencia regular, intercambian fotografías, y se cuentan todas sus cosas. El soldado se enamora más y más cada día de esa muchacha a quien nunca ha visto.

Al fin, el soldado vuelve a casa licenciado. Durante dos años ha estado cortejándola a distancia. Su amor hacia ella le ha hecho mejor soldado y mejor hombre: ha procurado ser la clase de persona que ella querría que fuera. Ha hecho las cosas que ella desearía que hiciera, y ha evitado las que le desagradarían si llegara a conocerlas. Ya es un anhelo ferviente de ella lo que hay en su corazón, y está volviendo a casa.

¿Podemos imaginar la felicidad que colmará cada fibra de su ser al descender del tren y tomar, al fin, a la muchacha en sus brazos? «¡Oh! -exclamará al abrazarla-, ¡si este momento pudiera hacerse eterno!» Su felicidad es la felicidad del amor logrado, del amor encontrándose en completa posesión de la persona amada. Llamamos a eso la fruición del amor. El muchacho recordará siempre este instante -instante en que su anhelo fue premiado con el primer encuentro real- como uno de los momentos más felices de su vida en la tierra.

Es también el mejor ejemplo que podemos dar sobre la naturaleza de nuestra felicidad en el cielo. Es un ejemplo penosamente imperfecto, inadecuado en extremo, pero el mejor que hemos podido encontrar. Porque la primordial felicidad del cielo consiste exactamente en esto: que poseeremos al Dios infinitamente perfecto y seremos poseídos por El, en una unión tan absoluta y completa que ni siquiera remotamente podemos imaginar su éxtasis.

A quien poseeremos no será un ser humano, por maravilloso que sea. Será el mismo Dios con quien nos uniremos de un modo personal y consciente; Dios que es Bondad, Verdad y Belleza infinitas; Dios que lo es todo, y cuyo amor infinito puede (como ningún amor humano es capaz de hacer) colmar todos los deseos y anhelos del corazón humano.

Conoceremos entonces una felicidad arrebatadora tal, que «ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni vino a la mente del hombre», según la cita de San Pablo (1 Cor 2,9). Y esta felicidad, una vez conseguida, nunca se podrá perder.

Pero esto no significa que se prolongue durante horas, meses y años. El tiempo es algo propio del perecedero mundo material. Una vez dejemos esta vida, dejaremos también el tiempo que conocemos. Para nosotros la eternidad no será «una temporada muy larga».

La sucesión de momentos que experimentaremos en el cielo -el tipo de duración que los teólogos llaman aevum- no serán ciclos cronometrables en horas y minutos. No habrá sentimiento de «espera», ni sensación de monotonía, ni expectación del mañana. Para nosotros, el «AHORA» será lo único que contará.

Esto es lo maravilloso del cielo: que nunca se acaba. Estaremos absortos en la posesión del mayor Amor que existe, ante el cual el más ardiente de los amores humanos es una pálida sombra.

Y nuestro éxtasis no estará tarado por el pensamiento que un día tendrá que acabar, como ocurre con todas las dichas terrenas.

Por supuesto, nadie es absolutamente feliz en esta vida. A veces la gente piensa que lo sería si pudiera alcanzar todo lo que desea. Pero cuando lo consiguen -salud, riqueza y fama; una familia cariñosa y amigos leales- encuentran que aún les falta algo. Todavía no son sinceramente felices. Siempre queda algo que su corazón anhela. Hay personas más sabias que saben que el bienestar material es una fuente de dicha que decepciona. Con frecuencia, los bienes materiales son como agua salada para el sediento, que en vez de satisfacer el ansia de felicidad, la intensifica. Estos sabios han descubierto que no hay felicidad tan honda y permanente como la que brota de una viva fe en Dios y de un activo y fructífero amor de Dios. Pero incluso estos sabios encuentran que su felicidad en esta vida nunca es perfecta, nunca completa. Más aún, son ellos, más que nadie, quienes conocen lo inadecuado de la felicidad de este mundo, y es precisamente por eso -por el hecho de que ningún humano es jamás perfectamente dichoso en esta vida- por lo que encontramos una de las pruebas de la existencia de la felicidad imperecedera que nos aguarda tras la tumba. Dios, que es infinitamente bueno, no pondría en los corazones humanos este ansia de felicidad perfecta si no hubiera modo de satisfacerla. Dios no tortura con la frustración a las almas que El ha hecho.

(cont)
Leo J. Trese

Não há razão para que a Igreja e o Estado choquem


Não é verdade que haja oposição entre ser bom católico e servir fielmente a sociedade civil. Como não há razão para que a Igreja e o Estado choquem no exercício legítimo das respectivas autoridades, em cumprimento da missão que Deus lhes confiou. Mentem (isso mesmo: mentem!) os que afirmam o contrário. São os mesmos que, em aras de uma falsa liberdade, quereriam "amavelmente" que os católicos voltassem às catacumbas. (Sulco, 301)

Tendes de difundir por toda a parte uma verdadeira mentalidade laical, que há-de levar os cristãos a três consequências:
– a serem suficientemente honrados para arcarem com a sua responsabilidade pessoal;
– a serem suficientemente cristãos para respeitarem os seus irmãos na fé que proponham – em matérias discutíveis – soluções diversas das suas;
– e a serem suficientemente católicos para não se servirem da Igreja, nossa Mãe, misturando-a com partidarismos humanos.

Vê-se claramente que, neste terreno como em todos, não poderíeis realizar o programa de viver santamente a vida diária se não gozásseis de toda a liberdade que vos é reconhecida – simultaneamente – pela Igreja e pela vossa dignidade de homens e de mulheres criados à imagem de Deus. A liberdade pessoal é essencial para a vida cristã. Mas não vos esqueçais, meus filhos, de que falo sempre de uma liberdade responsável.
Interpretai, portanto, as minhas palavras como o que são: um chamamento a exercerdes – diariamente!, não apenas em situações de emergência – os vossos direitos; e a cumprirdes nobremente as vossas obrigações como cidadãos – na vida política, na vida económica, na vida universitária, na vida profissional –, assumindo com coragem todas as consequências das vossas decisões, arcando com a independência pessoal que vos corresponde. E essa mentalidade laical cristã permitir-vos-á fugir de toda a intolerância, de todo o fanatismo. Di-lo-ei de um modo positivo: far-vos-á conviver em paz com todos os vossos concidadãos e fomentar também a convivência nos diversos sectores da vida social. (Temas Actuais do Cristianismo, n. 117)

Evangelho e comentário


Tempo comum



Apresentação de Nossa Senhora

Evangelho: Lc 19, 11-28

11 Estando eles a ouvir estas coisas, Jesus acrescentou uma parábola, por estar perto de Jerusalém e por eles pensarem que o Reino de Deus ia manifestar-se imediatamente. 12 Disse, pois: «Um homem nobre partiu para uma região longínqua, a fim de tomar posse de um reino e em seguida voltar. 13 Chamando dez dos seus servos, entregou-lhes dez minas e disse-lhes: ‘Fazei render a mina até que eu volte.’ 14 Mas os seus concidadãos odiavam-no e enviaram uma embaixada atrás dele, para dizer: ‘Não queremos que ele seja nosso rei.’ 15 Quando voltou, depois de tomar posse do reino, mandou chamar os servos a quem entregara o dinheiro, para saber o que tinha ganho cada um deles. 16 O primeiro apresentou-se e disse: ‘Senhor, a tua mina rendeu dez minas.’ 17 Respondeu-lhe: ‘Muito bem, bom servo; já que foste fiel no pouco, receberás o governo de dez cidades.’ 18 O segundo veio e disse: ‘Senhor, a tua mina rendeu cinco minas.’ 19 Respondeu igualmente a este: ‘Recebe, também tu, o governo de cinco cidades.’ 20 Veio outro e disse: ‘Senhor, aqui tens a tua mina que eu tinha guardado num lenço, 21 pois tinha medo de ti, que és homem severo, levantas o que não depositaste e colhes o que não semeaste.’ 22 Disse-lhe ele: ‘Pela tua própria boca te condeno, mau servo! Sabias que sou um homem severo, que levanto o que não depositei e colho o que não semeei; 23 então, porque não entregaste o meu dinheiro ao banco? Ao regressar, tê-lo-ia recuperado com juros.’ 24 E disse aos presentes: ‘Tirai-lhe a mina e dai-a ao que tem dez minas.’ 25 Responderam-lhe: ‘Senhor, ele já tem dez minas!’ 26 Digo-vos Eu: A todo aquele que tem, há-de ser dado, mas àquele que não tem, mesmo aquilo que tem lhe será tirado. 27 Quanto a esses meus inimigos, que não quiseram que eu reinasse sobre eles, trazei-os cá e degolai-os na minha presença.» 28 Dito isto, Jesus seguiu para diante, em direcção a Jerusalém.

Comentário:

Por várias vezes ao longo do ano, mas particularmente neste tempo de reconvenção, a liturgia vai apresentando este tema que versa sobre as contas que teremos de dar sobre o uso que demos aos dons e graças que ao longo da vida fomos recebendo.
É a vinha pronta e preparada para produzir, são os talentos, as minas...

O Criador entrega-nos em plena confiança o necessário e, se repararmos bem, muito mais do que precisamos.
Não esqueçamos que, por exemplo, uma Mina corresponderia ao valor de cinquenta kilos de prata. O que recebeu dez Minas ficou, portanto, na posse de meia tonelada de prata, quantia astronómica a que o Senhor chama "coisa pouca".

E, de facto, considerando a omnipotente grandeza do Senhor…

O que se compreende é que o valor intrínseco das coisas pouco conta para Deus, mas, antes, o que é feito com amor e vontade de servir, aplicando todas as nossas capacidades e dotes.

(AMA, comentário sobre Lc 19, 11-28 22.11.2017)




Temas para reflectir e meditar


Formação humana e cristã – 113


Amor aos outros

2 – Porque ninguém sofre como nós sofremos e, embora não saibamos explicar tal afirmação, somos levados a considerar que é assim mesmo.
A nossa vida, a nossa forma de viver, deixa-se influenciar por este sentimento “especial” que nos coloca como que num plano – senão superior – pelo menos, “especial” em relação aos outros.
Mas, a realidade é bem diferente – não objectivamente mas de modo subjectivo – porque nada nem o que for nos dá o direito de nos considerarmos “especiais” quando há muitíssima gente que sofre incomparavelmente mais e, a acrescentar, está isolada e não tem com quem partilhar esse sofrimento.

Resolvemos a questão – portanto – dedicando-nos com afinco a lembrar-mos todos esses irmãos nossos, Filhos de Deus como nós, pedindo ao Senhor que considere “aplicar” os méritos que possamos ter em minorar a situação de cada um.

AMA, reflexões

20/11/2018

El reto del amor






por El Reto Del Amor

Leitura espiritual

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LEGENDA MAIOR 

Vida de São Francisco de Assis

ALGUNS MILAGRES REALIZADOS APÓS A MORTE DE SÃO FRANCISCO

ACRÉSCIMO POSTERIOR

CAPÍTULO VIII

Enfermos curados de várias doenças

1. Em Città della Pieve, havia um jovem mendigo, surdo-mudo de nascença, com uma língua tão curta e delgada, que parecia cortada na raiz, como puderam verificar muitas pessoas que o examinaram. Vendo-o nessa miséria, um homem caridoso, chamado Marcos, recolheu o por caridade em sua casa e, constatando que com isso Deus o favorecia, resolveu mantê-lo sempre consigo. Certa noite, ao cear com sua mulher, disse na presença do pobre:
“Reconheceria ser um grande milagre se o bem-aventurado Francisco se dignasse devolver a fala e a audição a este homem. E em seguida acrescentou:
“Prometo a Deus nosso Senhor que, se São Francisco fizer esse milagre, consignarei por amor dele ao nosso pobre, de meus bens, a pensa-o necessária para viver”.
No mesmo instante cresceu a língua daquele pobre e falou claramente, dizendo:
“Glória seja a Deus e a seu servo Francisco por haver-me devolvido a fala e a audição!”

2. Frei Tiago de Iseo, enquanto menino e morando em casa de seu pai, contraiu uma forma muito grave de hérnia.
Seguindo a inspiração de Deus, embora fosse jovem e enfermo, consagrou-se a Deus entrando na Ordem de São Francisco, não revelando a ninguém o mal que o afligia.
 No tempo da trasladação do corpo do ser fico Pai ao lugar onde se venera o precioso tesouro de suas santas relíquias, esse Irmão assistiu também às festas celebradas por motivo da trasladação, para prestar a devida honra ao corpo santíssimo do ser fico Pai, já glorificado no céu.
Aproximando-se da caixa onde se guardavam as sagradas relíquias, abraçou, movido de fervor de espírito, o féretro, e de repente voltaram a seu lugar milagrosamente os órgãos lesados, sentindo-se inteiramente são. Por isso lançou fora o suspensório, sem voltar a sentir mais tarde a mínima dor.
Também se curaram de enfermidades semelhantes, milagrosamente, pela misericórdia divina e pelos méritos de São Francisco, os Irmãos Bartolomeu de Gúbio, Ângelo de Todi, Nicolau de Ceccano, João de Sora, um homem de Pisa e outro de Cisterna, Pedro da Sicília e um homem de Spello perto de Assis, juntamente com outros.

3. Urna mulher de Marítima padeceu por espaço de cinco anos de alienação mental, ficando além disso privada da visão e da audição. Destruía a roupa com os dentes, não tinha medo de cair no fogo ou na água e chegou a sofrer frequentes e terríveis ataques de epilepsia. Compadeceu-se dela a misericórdia divina, e uma noite ela viu, cheia de luz celestial e divina, ao bem-aventurado Francisco, sentado num trono sublime, diante do qual ela pedia de joelhos e com grande instância a saúde.
Vendo que o santo não parecia propício a suas fervorosas orações, a mulher fez solene promessa de jamais negar enquanto possível, farta esmola a quantos lhe pedissem por amor de Deus e de Francisco. Nessa generosa promessa, logo reconheceu Francisco a que em outros tempos ele mesmo fizera ao Senhor e traçando sobre a enferma o sinal-da-cruz, restituiu-lhe a saúde integralmente.
Além disso, sabe-se, por testemunho fidedigno, que São Francisco livrou milagrosamente de enfermidades parecidas a uma menina de Núrsia, ao filho de uma pessoa nobre e a outros mais.

4. Pedro de Foligno um dia foi visitar em peregrinação uma ermida de São Miguel, não porém em espírito e fervor convenientes; mas depois de haver bebido água de uma fonte, ficou possesso dos demónios que o atormentaram por três anos, rasgando com fúria o corpo, pronunciando palavras escandalosas e praticando verdadeiros horrores. Mas, como em meio a tudo isso gozava de intervalos de lucidez e como, por outro lado, sabia da eficácia da protecção de São Francisco contra todos os poderes infernais, implorou humildemente a intervenção do santo. Foi visitar o sepulcro de São Francisco e logo que o tocou com a mão ficou livre dos espíritos malignos que o atormentavam.
De modo semelhante socorreu o misericordioso Francisco a uma mulher de Narni, possessa do demónio, e a outros muitos, cujos tormentos e curas milagrosas seria impossível enumerar.

5. Um leproso chamado Bonomo de Pano, que estava paralítico, foi levado à igreja de São Francisco por seus pais e ficou completamente curado de ambas as moléstias.
Um jovem chamado Ato de São Severino, que estava coberto de lepra, ficou curado pelos méritos de São Francisco, ao fazer promessa e ser levado ao sepulcro do santo.
O santo teve uma virtude especial para curar esse tipo de enfermidade, porque, movido por seu amor à humildade e à compaixão , se consagrara totalmente ao serviço dos leprosos.

6. Uma mulher nobre, chamada Rogada, natural do bispado de Sora, sofria já por vinte e três anos de fluxo de sangue, tendo passado por inúmeros tratamentos dolorosos. As dores eram tão fortes, que muitas vezes parecia que a mulher ia expirar, e se por vezes se podia conter o fluxo, todo o corpo inchava monstruosamente. Mas, ouvindo um mesmo cantar na língua local os milagres que Deus havia operado por mediação de Francisco, cheia de grande dor, começou a chorar amargamente.
Em seu interior dizia com toda fé: “O bem-aventurado São Francisco, que realizas tantos milagres! Se te dignares livrar-me desta doença, alcançar s muito maior glória, pois até agora ainda hão fizeste um milagre tão estupendo!”
Que efeito tiveram estas palavras? A enferma ficou instantaneamente curada pelos méritos do ser fico Patriarca. Um filho desta senhora, chamado M rio, que tinha um braço paralítico, fez uma promessa a São Francisco e por sua intercessão ficou inteiramente São. Também curou o servo de Deus a uma mulher da Sicília, que por espaço de sete anos padecia de uma doença muito incómoda.

7. Havia em Roma uma senhora de nome Praxedes muito conhecida por sua vida devota, a qual vivera quase quarenta anos num cárcere estreito por amor a seu Esposo eterno e recebera favor especial de São Francisco. Com efeito, certo dia ela subiu ao ponto mais alto do seu cárcere, ... procura de coisas necessárias, quando teve um mal súbito, caiu ao solo, fracturando o pé e a rótula, além de deslocar o ombro. Apareceu-lhe então São Francisco, vestido de glória e falando-lhe com inefável suavidade: “Levanta-te, amada filha, levanta-te e não temas”. Tomou-a pela mão e, levantando-a da terra, desapareceu. Praxedes, no entanto, caminhava de um lado para outro no cárcere pois imaginava ser um sonho aquilo que estava vendo. Começou então a gritar, de modo que alguns acudiram com luz, e vendo-se ela completamente sã por virtude dos méritos de São Francisco, relatou tudo aos presentes a respeito do milagre.

(cont

São Boaventura

Revisão da versão portuguesa por AMA

Estou com Ele no tempo da adversidade


Ainda que tudo se vá abaixo e se acabe; ainda que os acontecimentos se sucedam ao contrário do previsto, com tremenda adversidade; nada se ganha perturbando-se. Além disso, recorda a oração confiante do profeta: "O Senhor é o nosso Juiz; o Senhor é o nosso Legislador; o Senhor é o nosso Rei; Ele é quem nos há-de salvar". Reza-a devotamente, todos os dias, para acomodar a tua conduta aos desígnios da Providência, que nos governa para nosso bem. (Forja, 855)

E quando a tentação do desânimo, dos contrastes, da luta, da tribulação, de uma nova noite da alma nos ataca – violenta –, o salmista põe-nos nos lábios e na inteligência aquelas palavras: estou com Ele no tempo da adversidade. Jesus, perante a Tua Cruz, que vale a minha; perante as Tuas feridas, os meus arranhões? Perante o Teu Amor imenso, puro e infinito, que vale o minúsculo fardo que Tu colocaste sobre os meus ombros? E os vossos corações e o meu enchem-se de uma santa avidez, confessando-Lhe – com obras – que morremos de Amor.

Nasce uma sede de Deus, uma ânsia de compreender as Suas lágrimas; de ver o Seu sorriso, o Seu rosto... Julgo que o melhor modo de o exprimir é voltar a repetir, com a Escritura: como o veado deseja a fonte das águas, assim a minha alma te anela, ó meu Deus! E a alma avança, metida em Deus, endeusada: o cristão tornou-se um viajante sedento, que abre a boca às águas da fonte.
Com esta entrega, o zelo apostólico ateia-se, aumenta dia-a-dia – pegando esta ânsia aos outros – porque o bem é difusivo. Não é possível que a nossa pobre natureza, tão perto de Deus, não arda em desejos de semear no mundo inteiro a alegria e a paz, de regar tudo com as águas reden­toras que brotam do lado aberto de Cristo, de começar e acabar todas as tarefas por Amor.

Falava antes de dores, de sofrimentos, de lágrimas. E não me contradigo se afirmo que, para um discípulo que procura amorosamente o Mestre, é muito diferente o sabor das tristezas, das penas, das aflições: desaparecem imediatamente, quando aceitamos deveras a Vontade de Deus, quando cumprimos com gosto os Seus desígnios, como filhos fiéis, ainda que os nervos pareçam rebentar e o suplício pareça insuportável. (Amigos de Deus, nn. 310–311)

Evangelho e comentário


Tempo comum



Evangelho: Lc 19, 1-10

1 Tendo entrado em Jericó, Jesus atravessava a cidade. 2 Vivia ali um homem rico, chamado Zaqueu, que era chefe de cobradores de impostos. 3 Procurava ver Jesus e não podia, por causa da multidão, pois era de pequena estatura. 4 Correndo à frente, subiu a um sicómoro para o ver, porque Ele devia passar por ali. 5 Quando chegou àquele local, Jesus levantou os olhos e disse-lhe: «Zaqueu, desce depressa, pois hoje tenho de ficar em tua casa.» 6 Ele desceu imediatamente e acolheu Jesus, cheio de alegria. 7 Ao verem aquilo, murmuravam todos entre si, dizendo que tinha ido hospedar-se em casa de um pecador. 8 Zaqueu, de pé, disse ao Senhor: «Senhor, vou dar metade dos meus bens aos pobres e, se defraudei alguém em qualquer coisa, vou restituir-lhe quatro vezes mais.» 9 Jesus disse-lhe: «Hoje veio a salvação a esta casa, por este ser também filho de Abraão; 10 pois, o Filho do Homem veio procurar e salvar o que estava perdido.»

Comentário:

Com o seu estilo brilhante e metódico, São Lucas apresenta-nos com vivíssimas cores um quadro admirável.
Nada falta: o desejo de Zaqueu de conhecer Jesus, desejo tão forte e genuíno - que não é simples curiosidade -, que ultrapassa o “respeito humano” que possa sentir pela sua baixa estatura, levando-o a trepar a uma árvore às claras, à vista de todos; não falta também a atenção de Jesus quando se detêm exactamente onde Zaqueu O espera e “se faz convidado para sua casa”; o banquete, as críticas e reparos dos que não entendem nada para além do que os olhos vêm e, finalmente, o discurso de Zaqueu, sincero, simples, tocante, o discurso que retracta a transformação completa de um homem a sua escolha e decisão de mudar de vida.

Seria muito bom que nos dedicássemos a ler este evangelho muitas vezes ao longo do ano, aproveitando bem as lições e inspirações que o mesmo nos traz.

(AMA, comentário sobre Lc 19, 1-10, 21.11.2017)




Temas para reflectir e meditar


Formação humana e cristã – 112


Amor aos outros

2 – Parece-me interessante – valerá a pena experimentar - considerar o amor aos outros como uma preocupação de primeira categoria.

Sim… amar os outros indistintamente de quem são ou o que podem representar na nossa vida retira, pelo menos, a preocupação do amor-próprio que, muitas vezes, nos condiciona e “marca” o comportamento.
Quem somos? Não sabemos muito bem responder a esta pergunta mas somos levados a considerar que somos, pelo menos, credores de atenção e – talvez – cuidados especiais.

Porque somos diferentes?
Não!
Porque sofremos mais!
Talvez… sejamos levados a considerar tal coisa.

Ah! E porquê?

AMA, reflexões.

Pequena agenda do cristão


TeRÇa-Feira


(Coisas muito simples, curtas, objectivas)




Propósito:

Aplicação no trabalho.

Senhor, ajuda-me a fazer o que devo, quando devo, empenhando-me em fazê-lo bem feito para to poder oferecer.

Lembrar-me:
Os que estão sem trabalho.

Senhor, lembra-te de tantos e tantas que procuram trabalho e não o encontram, provê às suas necessidades, dá-lhes esperança e confiança.

Pequeno exame:

Cumpri o propósito que me propus ontem?





19/11/2018

Dom de lágrimas



El P. Ernest Simoni, condenado a muerte en la Albania comunista, y el Papa Francisco


«Es más triste no llorar que llorar demasiado, nuestras lágrimas forman parte de las de Dios»

Las lágrimas son, antes que nada, un signo de sufrimiento por el que se siente pudor y se esconde. Sin embargo, la espiritualidad medieval hablaba del "don de lágrimas", con lo que la percepción del llanto, incluso, recobra un nuevo sentido. De hecho, una de las bienaventuranzas hace referencia a las lágrimas, y Cristo, a los que lloran, les promete consuelo… De todo ello habla Anne Lécu, que además de religiosa es médico en una cárcel en Francia, la más grande de Europa Occidental, y autora del ensayo Des larmes, Las lágrimas, en la editorial francesa Cerf, y que recoge el diario francés La Croix.

- ¿Las lágrimas siempre tienen el mismo significado?

- Depende de la época. Hoy a veces se llora por tonterías, y hay quien llora de alegría. Las lágrimas van de la tristeza a la alegría y, como María Magdalena cuando Jesús la llamó por su nombre, se puede pasar en un mismo momento de un estado a otro. La risa tiene algo de mecánico, mientras que las lágrimas trazan una continuidad en la gama de los sentimientos.

- Usted dice en su libro que las lágrimas son una secreción del cuerpo. Entonces ¿hay que tratarlas, hay que curarlas?

- Ese es el asunto. Hoy se tiende a medicar todo, y se puede caer en la tentación de decir que hay que suprimir las lágrimas, que son un signo de sufrimiento. A veces es así, pero no siempre. Para mí, las lágrimas son ante todo un desbordamiento que manifiesta un exceso de algo. Lo que me interesa es lo que dicen de la persona que llora, lo que ella escucha en sus propias lágrimas. Muchas veces nos sentimos desbordados por las lágrimas. A veces nos pasa que estamos llorando cuando no queremos hacerlo.

- Nuestras lágrimas ¿están relacionadas con lo que nos pasa, con nuestra vida personal, psicológica?

- Con nuestra existencia, nuestra historia, nuestro pasado, nuestra manera de ser... Unos lloran más que otros, que no consiguen exteriorizar su sufrimiento, y hay otros que sufren y lo dicen. Recuerdo a una persona en la cárcel que estaba cubierta de grandes úlceras que supuraban, y que me dijo: “Mi cuerpo que supura, es mi alma que llora”. No conseguía llorar. Es más triste no conseguir llorar que llorar demasiado.

- En las Escrituras, y también en el Antiguo Testamento, se llora mucho.

- Eso es porque la Biblia cuenta nuestra historia. Un fraile dominico que conozco dijo que cuenta lo que nos pasa alrededor, en un radio de 5 metros... Habla de las emociones de la gente, sus conflictos, sus alegrías...

- ¿Las lágrimas de la Biblia dicen algo en particular?

- Dicen que Dios se encarna en nuestras vidas, nuestros fracasos, nuestras alegrías, nuestros encuentros...

- ¿Dios tiene una relación con nuestras lágrimas?

- Yo creo que sí. Y también creo que Dios llora. Cristo llora en el Evangelio. Jesús se hizo uno de nosotros; también tengo la impresión de que nuestras lágrimas forman parte de las suyas. Él las lleva consigo. Cuando llora, lo hace por las lágrimas de todo el mundo. Y si Dios llora, pues sí, hay una relación entre Dios y las lágrimas. Los autores de la Edad Media no se equivocaban cuando hablaban del “don” de las lágrimas.

- ¿Qué es este famoso “don de lágrimas”?

- Que ante todo debemos recibir las lágrimas como un regalo. Son un regalo porque significan la presencia de alguien. Yo creo que quien no llora es porque está verdaderamente solo. Si llora aunque esté solo, es que llora delante de alguien. Ese alguien puede ser Dios, puede ser también alguien en quien está pensando y que se ha ido o ha muerto, pero que está presente en su ausencia, se podría decir. El que está absolutamente abandonado por su gente no llora. Todos hemos vivido esa experiencia: cuando estamos delante de una persona de confianza, nos ponemos a llorar. Llega un amigo, se desmorona y se pone a llorar. Las lágrimas son la señal de una presencia, por eso son un regalo.

- ¿Esto significa que se llora por nada?

- No, no es eso. Cuando releemos los escritos de los autores medievales, encontramos lágrimas de contrición: de arrepentimiento por lo que se ha hecho.

- Los grandes santos lloran mucho por sus pecados.

- Sin ir a buscar a los grandes santos, sabemos muy bien por nosotros mismos que cuando hacemos algo que habríamos preferido no hacer y que hemos herido a alguien a quien queremos, las lágrimas, en el momento que las derramamos, son una forma de liberación.

- También en los relatos de conversiones se derraman muchas lágrimas.

- Yo creo que las lágrimas de conversión expresan algo más. Llegan cuando algo en nuestra vida es más grande que nosotros, cuando nuestra vida ha sido tocada por la trascendencia. Las lágrimas de conversión son lágrimas de alegría. Sin ser grandes santos, e incluso sin tener fe, todo el mundo puede vivir esta experiencia cuando, por ejemplo, se encuentra ante una obra de arte que le emociona. El que se siente lleno de amor y alegría por estar en los brazos de su compañera vive la misma experiencia, está tocado por algo más grande que él.

- ¿A esto también se le puede llamar “don de lágrimas”?

- ¡Por supuesto! ¡Es un regalo! Que lo vivamos o no en la fe, yo creo que todo lo que vivimos está relacionado con Dios. Si no, Dios no se ha encarnado en Jesucristo.

- ¿Es un don gratuito?

- Sí, yo creo que con las lágrimas estamos en lo contrario de lo útil. Las vertemos cuando no queremos hacerlo... Pueden ser de cólera, de cansancio, pueden correr abundantemente en momentos en los que no conseguimos retenerlas, incluso cuando no nos damos cuenta de que estamos llorando. Llegan sin que las podamos controlar, y cuando queremos llorar, ¡no podemos! Me gusta hablar de regalo, porque todos recibimos la presencia del otro como un regalo. Y eso es la presencia de Dios.
- Ignacio de Loyola, Francisco de Asís lloraron abundantemente...

- También santo Domingo, que lloraba por la noche porque le preocupaba mucho la suerte de los pecadores. Durante el día, procuraba estar alegre con los que estaban alegres, y llorar con los que lloraban. Lo que es una hermosa imagen de la calidad de la presencia que podemos tener los unos con los otros.

- Y también de la calidad de las lágrimas...

- ¡Es lo mismo!

- Cuando nos sentimos desbordados por las lágrimas, sin un motivo en concreto, ¿qué debemos hacer?

- Nada.

- Vemos a mucha gente que llora en misa. Por ejemplo, durante la consagración.

- Sí, y si se lo comenta, le dirán que están muy contentos de haber llorado.

- ¿Las lágrimas, entonces, tienen un beneficio?

- Estoy segura. Los autores medievales decían que limpiaban los ojos, que tenían un papel purificador. Yo creo que es verdad que las lágrimas limpian los ojos. Cuando nuestra vista está nublada por las lágrimas, vemos cosas que no veríamos con los ojos secos. Es un antídoto de la transparencia.

- ¿Aquí está hablando el médico?

- No, habla alguien exasperado por la transparencia reinante. Hoy en día creemos que tenemos que saber todo sobre todo el mundo, especialmente en el medio carcelario, y que, cuando sepamos todo, podremos hacer algo por la gente. Verlo todo, esto sería saber y, por tanto, poder. Creo que es una pura ilusión, y yo reivindico la opacidad. Aceptar que no se sabe, esto es lo primero para entablar una relación con alguien.

- ¿Se llora mucho en la cárcel?

- Se llora mucho y se esconden mucho para llorar, por pudor sobre todo. En la cárcel siempre están vigilados. Así que también se esconden por temor de que crean que se quieren suicidar, y de que los despierten de golpe a las dos horas para asegurarse de que están durmiendo. Una vez vino una mujer a mi despacho para llorar porque no podía hacerlo en el corredor. Las lágrimas nos permiten mantener un cierto misterio entre nosotros y los demás.

ReL