11/04/2018

Temas para reflectir e meditar

Esperar


Na vida corrente de todos os dias todos temos, mais ou menos, tempos de espera.

Alguém que vai chegar, algo que vai começar, enfim...

E, isto é muito bom porque nos dá ensejo a treinar a paciência.



(AMA, reflexões, 04.08.2017)

Evangelho e comentário

Tempo de Páscoa

Evangelho: Jo 3, 16-21

16 Tanto amou Deus o mundo, que lhe entregou o seu Filho Unigénito, a fim de que todo o que nele crê não se perca, mas tenha a vida eterna. 17 De facto, Deus não enviou o seu Filho ao mundo para condenar o mundo, mas para que o mundo seja salvo por Ele. 18 Quem nele crê não é condenado, mas quem não crê já está condenado, por não crer no Filho Unigénito de Deus. 19 E a condenação está nisto: a Luz veio ao mundo, e os homens preferiram as trevas à Luz, porque as suas obras eram más. 20 De facto, quem pratica o mal odeia a Luz e não se aproxima da Luz para que as suas acções não sejam desmascaradas. 21 Mas quem pratica a verdade aproxima-se da Luz, de modo a tornar-se claro que os seus actos são feitos segundo Deus.»

Comentário:

São João é radical, não deixa nada por dizer e escreve o que ouviu da própria boca de Jesus.

Então, podemos dizer, que O Senhor É radical?

Se radicalismo significa dizer a absoluta verdade sem qualquer desvio ou "nuance" então, podemos dizer que sim.

Mais... penso que não poderia ser de outro modo porque sendo, Ele Próprio a Verdade, como poderia dizer e agir diferentemente?

A Verdade não se compadece com "meias palavras", talvez para não "chocar" ou não desagradar a alguns, a Verdade é, por isso mesmo, a expressão completa da justiça e, uma vez mais afirmamos, que Deus é a própria Justiça.


(AMA, comentário sobre Jo 3, 16-21, 25.04.2017)

Leitura espiritual

LA INMORTALIDAD DEL ALMA

LIBRO ÚNICO [1]


I

Primera razón por la cual el alma es inmortal: porque es sujeto de la  ciencia que es eterna.


1 - Si la ciencia existe en alguna parte, y no puede existir sino en un ser que vive, y existe siempre; y si cualquier ser en el que algo siempre existe, debe existir siempre: siempre vive el ser en el que se encuentra la ciencia.

Si nosotros somos los que razonamos, es decir, nuestra alma; si ésta no puede razonar con rectitud sin la ciencia y si no puede subsistir el alma sin la ciencia, excepto el caso en que el alma esté privada de ciencia, existe la ciencia en el alma del hombre.

La ciencia existe en alguna parte, porque existe y todo lo que existe no puede no existir en parte alguna.

Además la ciencia no puede existir sino en un ser que vive.
Porque ningún ser que no vive puede aprender algo; y no puede existir la ciencia en aquel ser que no puede aprender nada.
Asimismo, la ciencia existe siempre.
En efecto, lo que existe y existe de modo inmutable es necesario que exista siempre.

Ahora bien, nadie niega la existencia de la ciencia.

En efecto, quienquiera que admita que no se puede hacer que una línea trazada por el centro de un círculo no sea la más larga de todas las que no se tracen por el dicho centro, y que esto es objeto propio de alguna ciencia, afirma que existe una ciencia inmutable.

Además nada en lo que algo existe siempre, puede no existir siempre.

Efectivamente, ningún ser que existe siempre permite que sea sustraído alguna vez el sujeto en el que existe siempre.

Desde luego cuando razonamos, esto lo hace nuestra alma.

En efecto, no razona sino el que entiende: mas ni el cuerpo entiende, ni el alma con el auxilio del cuerpo, porque cuando quiere entender se aparta del cuerpo.

Aquello que es entendido existe siempre del mismo modo; y nada propio del cuerpo existe siempre de la misma manera, luego el cuerpo no puede ayudar al alma que se esfuerza por entender, le basta con no serle obstáculo.

Asimismo nadie sin ciencia razona con rectitud.
Pues el recto raciocinio es el pensamiento que tiende de lo cierto al descubrimiento de lo incierto, y nada cierto hay en el alma que ésta lo ignore.

Mas todo lo que el alma sabe, lo posee en sí misma, y no abraza cosa alguna con su conocimiento sino en cuanto pertenece a una ciencia.

En efecto, la ciencia es el conocimiento de cualesquiera cosas.

Por consiguiente, el alma humana vive siempre.


II


Segunda razón por la cual el alma es inmortal: porque es sujeto de la razón que es inmutable.


2. La razón ciertamente o es el alma o existe en el alma.
Mas nuestra razón es mejor que nuestro cuerpo; nuestro cuerpo es una substancia, y es mejor ser substancia que no ser nada, luego nuestra razón es algo.


Además cualquier armonía propia del cuerpo que exista, es necesario que exista de modo inseparable en el sujeto cuerpo, y no se crea que en esa armonía puede existir alguna otra cosa que de igual manera no exista con necesidad en ese sujeto cuerpo, en el que también esta misma armonía existe no menos inseparablemente.

Pero el cuerpo humano es mudable, y la razón inmutable.

En efecto, es mudable todo lo que no existe siempre del mismo modo.
Y siempre es de la misma manera que dos y cuatro sumen seis.

Además siempre es del mismo modo que dos y dos sumen cuatro; mas esto no lo tiene el dos porque el dos no es cuatro.

Pero esta relación es inmutable, por consiguiente, es razón.

Ahora bien, de ningún modo no puede padecer el cambio, habiéndose mudado el sujeto, lo que existe inseparablemente en él.

Luego, no es el alma la armonía del cuerpo, y no puede sobrevenir la muerte a cosas inmutables.

En consecuencia el alma vive siempre ya sea ella misma la razón ya sea que la razón exista en ella de modo inseparable.

 
III


La substancia viva y el alma, que no es susceptible de cambio, aún siendo de algún modo capaz de cambiar, es inmortal.



3. Hay un poder propio de la permanencia y toda permanencia es inmutable, y todo poder puede hacer algo, ni cuando no hace nada deja de ser un poder.

Además toda acción consiste en recibir un movimiento o en causarlo. Luego, o no todo lo que recibe el movimiento, o ciertamente no todo lo que lo causa es mudable.

Pero todo lo que es movido por otro y no se mueve a sí mismo es algo mortal.

Y nada mortal es inmutable.

De ahí se puede concluir con certeza y sin alternativa alguna que no todo lo que causa movimiento se cambia.

Mas no hay movimiento posible sin una sustancia: toda sustancia vive o no vive, pero todo lo que no vive carece de alma y sin alma no existe acción alguna.

Luego, aquel ser que causa el movimiento sin perder su inmutabilidad es necesariamente una sustancia viviente.
Esta sustancia pone el cuerpo en movimiento a través de todos los grados.

En consecuencia, no todo lo que mueve el cuerpo es mudable.


Pero si el cuerpo no se mueve sino según el tiempo y en esto consiste el moverse más despacio y más rápidamente, síguese que existe, pues algo que mueve en el tiempo, y sin embargo no se cambia.

Ahora bien, todo lo que mueve el cuerpo en el tiempo, aunque tienda a un único fin, sin embargo no puede realizarlo todo a la vez, ni puede tampoco evitar de hacer muchas cosas: en efecto no puede hacer, - ya se trate de cualquier agente - que sea perfectamente uno lo que puede dividirse en partes, o de lo contrario se daría un cuerpo sin partes o un tiempo sin intervalo de pausas; ni tampoco que pueda pronunciarse la sílaba más corta de la que no se oiga entonces el fin, cuando ya no se oye el comienzo.

Luego, lo que se comporta así exige la previsión para que pueda llevarse a cabo y la memoria para que pueda ser aprehendido en la medida posible.

La previsión es para las cosas que serán, la memoria para aquellas que pasaron.

Pero el propósito de obrar es propio del tiempo presente, a través del cual lo futuro pasa a ser pretérito; y no se puede esperar sin ninguna memoria el fin del movimiento de un cuerpo que ha sido iniciado. En efecto, ¿cómo se podría esperar el fin de un movimiento si no se recuerda que ha comenzado, o ni siquiera que tal movimiento existe?

Además, el propósito de llevar a cabo algo, que es presente, no puede existir sin que se tenga en vista la obtención del fin que es futuro: no existe nada que todavía no existe, o que ya no existe.

Puede, por consiguiente, haber en una acción algo que pertenece a aquellas cosas que aún no son y, simultáneamente, puede haber muchas cosas en el agente, aún cuando no puede llevar a término muchas a la vez.

Luego, puede haber también en el que mueve, cosas que no se pueden encontrar en el que es movido.

Pero las cosas que no pueden existir simultáneamente en el tiempo y que sin embargo pasan del futuro al pasado, están necesariamente sometidas al cambio.

4. De aquí concluimos en seguida que puede haber algún ser que, causando el movimiento en las cosas mudables, no se cambia.
En efecto, ¿quién podría dudar de la legitimidad de la conclusión toda vez que no varía el propósito del agente de llevar al término que se propone el cuerpo que pone en movimiento, cuando este cuerpo del que algo se hace, cambia a cada instante por este mismo movimiento, y puesto que aquel propósito de obrar, que permanece inmutable como es evidente, no sólo mueve los brazos del obrero, sino también la madera o la piedra que están sujetos al artífice?

Pero no del hecho que el alma cause el movimiento y produzca los cambios en el cuerpo y que ella se proponga estos cambios se está en derecho de pensar que también el alma cambia y que por esto está sujeta a la muerte.

Ella, pues, puede unir en este su propósito el recuerdo del pasado y la previsión del futuro, cosas que no pueden darse sin la vida.

Aunque la muerte no puede acaecer sin el cambio y ningún cambio sin el movimiento, sin embargo no todo cambio produce la muerte ni todo movimiento realiza un cambio.

En efecto, es lícito decir que nuestro propio cuerpo en cada una de sus acciones recibe un gran número de movimientos y que evidentemente cambia por la edad: con todo no se puede decir que ya ha muerto, esto es, que está sin vida.

Luego también permítasenos concluir que el alma tampoco es privada de la vida, aunque tal vez por el movimiento le acaezca algún cambio.


SAN AGUSTIN, OBISPO DE HIPONA





[1] Escrito el año 387 de Cristo. Contiene este libro el conjunto de razones sobre la inmortalidad del alma, así como la solución de las dificultades que se presentan.

Reto del amor




VIVE DE CRISTO®Dominicas de Lerma

Pequena agenda do cristão

Quarta-Feira



(Coisas muito simples, curtas, objectivas)






Propósito:

Simplicidade e modéstia.


Senhor, ajuda-me a ser simples, a despir-me da minha “importância”, a ser contido no meu comportamento e nos meus desejos, deixando-me de quimeras e sonhos de grandeza e proeminência.


Lembrar-me:
Do meu Anjo da Guarda.


Senhor, ajuda-me a lembrar-me do meu Anjo da Guarda, que eu não despreze companhia tão excelente. Ele está sempre a meu lado, vela por mim, alegra-se com as minhas alegrias e entristece-se com as minhas faltas.

Anjo da minha Guarda, perdoa-me a falta de correspondência ao teu interesse e protecção, a tua disponibilidade permanente. Perdoa-me ser tão mesquinho na retribuição de tantos favores recebidos.

Pequeno exame:

Cumpri o propósito que me propus ontem?







10/04/2018

Tu és sal, alma de apóstolo

Tu és sal, alma de apóstolo. – "Bonum est sal" – o sal é bom, lê-se no Santo Evangelho; "si autem sal evanuerit" – mas se o sal se desvirtua... de nada serve, nem para a terra, nem para o esterco; deita-se fora como inútil. Tu és sal, alma de apóstolo. – Mas se te desvirtuas... (Caminho, 921)

Os católicos têm de andar pela vida como apóstolos: com luz de Deus, com sal de Deus. Sem medo, com naturalidade, mas com tal vida interior, com tal união com Nosso Senhor, que iluminem, que evitem a corrupção e as sombras, que repartam o fruto da serenidade e a eficácia da doutrina cristã. (Forja, 969)

Em momentos de desorientação geral, quando clamas ao Senhor pelas suas almas!, parece que não te ouve, que está surdo aos teus apelos. Inclusivamente chegas a pensar que o teu trabalho apostólico é vão.
– Não te preocupes! Continua a trabalhar com a mesma alegria, com a mesma vibração, com o mesmo afinco. Permite-me que insista: quando se trabalha por Deus, nada é infecundo! (Forja, 978)

– Filho: todos os mares deste mundo são nossos, e lá onde a pesca é mais difícil é também mais necessária. (Forja, 979)


Com a tua doutrina de cristão, com a tua vida íntegra e com o teu trabalho bem feito, tens que dar bom exemplo, no exercício da tua profissão e no cumprimento dos deveres do teu cargo, aos que te rodeiam: os teus parentes, os teus amigos, os teus companheiros, os teus vizinhos, os teus alunos... – Não podes ser um embusteiro (Forja, 980).

Temas para reflectir e meditar

Rectidão


Oh, que recta coisa Vos peço, meu Deus verdadeiro:

que queirais a quem não Vos quer, que abrais a quem não Vos chama, que deis saúde a quem gosta de estar doente e anda procurando a doença.


(SANTA TERESA DE JESUS, Exclamaciones, nr. 8 trad ama)



Evangelho e comentário

Tempo de Páscoa

Evangelho: Jo 3, 7-15

7 Não te admires por Eu te ter dito: ‘Vós tendes de nascer do Alto.’ 8 O vento sopra onde quer e tu ouves a sua voz, mas não sabes de onde vem nem para onde vai. Assim acontece com todo aquele que nasceu do Espírito.» 9 Nicodemos interveio e disse-lhe: «Como pode ser isso?» 10 Jesus respondeu-lhe: «Tu és mestre em Israel e não sabes estas coisas? 11 Em verdade, em verdade te digo: nós falamos do que sabemos e damos testemunho do que vimos, mas vós não aceitais o nosso testemunho. 12 Se vos falei das coisas da terra e não credes, como é que haveis de crer quando vos falar das coisas do Céu? 13 Pois ninguém subiu ao Céu a não ser aquele que desceu do Céu, o Filho do Homem. 14 Assim como Moisés ergueu a serpente no deserto, assim também é necessário que o Filho do Homem seja erguido ao alto, 15 a fim de que todo o que nele crê tenha a vida eterna.

Comentário:

Nicodemos não entende que Cristo lhe fala de uma vida nova, a vida dos filhos de Deus.
E, naturalmente, fala-lhe de fé, imprescindível para acreditar e para, acreditando, renascer.
Garante-lhe que o Seu sacrifício na Cruz será o sinal e o penhor dessa nova vida.


(AMA, comentário sobre Jo 3, 7-15, 18.01.2018)

Leitura espiritual

Confiar em Deus

Sem Cristo, não fazemos nada. É o ensinamento que o Mestre deu aos seus discípulos no episódio da pesca milagrosa e que se repete nas nossas vidas.
São Lucas conta que numa ocasião o Senhor pregava junto ao mar da Galileia e eram tantos os que O queriam ouvir que teve que pedir ajuda. Uns pescadores lavavam as redes na margem. Tinham terminado a parte fundamental da faina e estavam ocupados noutras actividades acessórias, seguramente com a ideia de ir quanto antes para casa e descansar. Jesus Cristo meteu-se numa das barcas, a de Simão e de lá continuou a falar à multidão.

O evangelista não se detém a contar-nos o conteúdo dos ensinamentos do Senhor. Nesta ocasião há outros factos para os quais quer atrair a nossa atenção, porque contêm lições muito importantes para a vida cristã.

LUTA E CONFIANÇA

Pedro e os seus companheiros talvez pensassem que, ao acabar de falar, Jesus regressaria à margem e seguiria o Seu caminho. Mas assim não aconteceu: dirigiu-Se a eles e pediu-lhes que recomeçassem a faina de pesca, que estava quase a terminar. Ficaram surpreendidos, mas Simão teve a grandeza de ânimo de ultrapassar o cansaço e responder: Mestre, tendo trabalhado toda a noite, não apanhámos nada; porém, sobre a Tua palavra lançarei as redes [1].

Tinham trabalhado toda uma noite. E tinha sido em vão. Sabiam fazê-lo, era a sua profissão, tinham experiência. Mas tudo isso não tinha sido suficiente; tinham regressado cansados e sem nada. Não parece arriscado supor que estariam desanimados. Inclusivamente, talvez tivesse ocorrido a algum que com aquele ofício não se poderia ir longe e teria experimentado o desejo – mais ou menos contido – de deixar tudo, porque o invadia uma sensação de inutilidade.

Sabemos que esta história termina com uma pesca abundantíssima. Se nos questionamos sobre a diferença entre essa eficácia e o fracasso nocturno, a resposta é imediata: a presença de Jesus Cristo. Todas as outras circunstâncias desta segunda tentativa parecem menos favoráveis do que as da primeira: as redes sem terem sido acabadas de lavar, a hora pouco apropriada, a deteriorada condição física e anímica dos pescadores...

O Senhor serve-Se de tudo isso para lhes dar – e para nos dar – um ensinamento espiritual muito importante: sem Cristo não fazemos nada. Sem Cristo, o fruto da luta será cansaço, tensão, desânimo, vontade de o deixar; sem Cristo procuramos enganar-nos atirando para as circunstâncias a culpa da nossa ineficácia; sem Cristo invadir-nos-á a sensação de inutilidade. Pelo contrário, com Ele a pesca é abundante.

A santidade não consiste no cumprimento de um conjunto de normas. É a vida de Cristo em nós. Por isso, mais do que em fazer, está em deixar fazer, em deixar-se levar; mas correspondendo. Tu, cristão, e por seres cristão filho de Deus, deves sentir a grave responsabilidade de corresponder às misericórdias que recebeste do Senhor com uma atitude de vigilante e amorosa firmeza, para que nada nem ninguém possa esbater os traços peculiares do Amor, que Ele imprimiu na tua alma [2].

Quando lutamos por ser santos, o fio da nossa vontade encontra-se com o fio da Vontade de Deus e entrelaça-se com ele para formar um único tecido, uma só peça que é a nossa vida. Essa trama há-de ir-se tornando cada vez mais densa, até que chegue um momento em que a nossa vontade se identifique com a de Deus, de tal modo que não sejamos capazes de distinguir uma da outra, porque querem o mesmo.

Quase no final da Sua vida na terra, Jesus confia a São Pedro: em verdade, em verdade te digo: Quando eras mais novo, cingias-te e ias onde desejavas; mas, quando fores velho, estenderás as tuas mãos e outro te cingirá e levará para onde tu não queres [3]. Antes apoiavas-te em ti próprio, na tua vontade, na tua fortaleza; antes pensavas que a tua palavra era mais segura do que a minha [4] ... e já vês os resultados. A partir de agora apoiar-te-ás em Mim e quererás o que Eu queira... e as coisas correrão muito melhor.

A vida interior é uma tarefa da graça que requer a nossa cooperação. O Espírito Santo sopra e impulsiona a nossa barca. Para a nossa correspondência dispomos dos remos, por assim dizer: por um lado, o nosso esforço pessoal; por outro, a confiança em Deus, a segurança de que Ele não nos deixa. Os dois remos são necessários e temos de desenvolver os dois braços se queremos que a vida interior avance. Se falha um, a barca gira sobre si própria, é muito difícil de governar; a alma caminha então como que a pé coxinho, não avança, esgota-se, acaba por desfalecer e cai facilmente.

Se falta a decisão eficaz de lutar, a piedade é sentimental, as virtudes escasseiam; a alma parece encher-se de bons desejos, que se tornam, no entanto, ineficazes quando chega o momento do esforço. Se, pelo contrário, se confia tudo a uma vontade forte, à decisão de luta sem contar com o Senhor, o fruto é aridez, tensão, cansaço, fastio de uma luta que não traz peixes às redes da vida interior e do apostolado; a alma encontra-se, como Pedro e os seus companheiros, na noite infrutífera.

Se nos apercebemos de que algo deste tipo nos acontece, se por vezes caímos em desânimos por nos apoiarmos demasiado nos nossos conhecimentos ou experiência, na nossa vontade decidida e forte... e pouco em Jesus Cristo, peçamos ao Senhor que suba para a nossa barca. É muito importante a Sua presença; muito mais do que os resultados do nosso esforço. É de notar que o Senhor não promete uma grande pesca, e Simão não a espera. Mas adverte que de qualquer modo vale a pena trabalhar pelo Senhor: in verbo autem tuo laxabo retia [5].

ABANDONO

Voltemos agora um pouco atrás e dirijamos o nosso olhar à petição de Jesus. Faz-te ao largo, e lançai as redes para pescar [6].

Duc in altum. Leva a barca para o largo. Para se meter na vida interior há que renunciar a ter os pés num terreno firme, totalmente dominado; é preciso avançar até lugares onde facilmente haverá ondas, onde a barca se move e a alma se apercebe que não controla tudo, onde se caíssemos à água poderíamos afogar-nos.

Não estaremos mais seguros na margem, ou onde a água não ultrapasse os joelhos, ou a cintura, ou no máximo os ombros? Talvez, efectivamente, nos sentiríamos mais seguros. Mas na margem não se pesca nada que valha a pena. Se queremos deitar as redes para pescar, temos que levar a barca para mar profundo, temos que sacudir o medo de perder de vista a costa.

Quantas vezes, Jesus Cristo censura aos discípulos o seu medo! Por que temeis, homens de pouca fé? [7]. Não mereceremos nós também essa mesma censura? Porque não te fias? Porque queres dominar e controlar tudo? Porque te custa tanto caminhar quando o sol não brilha em todo o seu esplendor?

A alma tende instintivamente a procurar referências, sinais que lhe confirmem que vai bem. O Senhor concede-no-las em muitas ocasiões, mas não cresceremos na vida interior se nos deixamos obcecar pela necessidade de comprovar o nosso progresso.

Talvez tenhamos a experiência de que em momentos de inquietação, em que não possuímos um juízo claro sobre a nossa rectidão e nos deixamos arrastar pelo desejo de procurar, a todo o custo, uma resposta, acabamos por atribuir a uma circunstância trivial um valor de que objectivamente carece: um olhar sorridente ou sério, um elogio ou uma correcção, uma circunstância favorável ou um revés, bastam para colorir, com o seu tom brilhante ou escuro, factos com os quais não têm qualquer relação.

O crescimento na vida interior não depende de que estejamos seguros de qual é a Vontade de Deus. O afã desmesurado de segurança é o ponto onde o voluntarismo se encontra com o sentimentalismo. Por vezes, o Senhor permite uma insegurança que, bem orientada, nos ajuda a crescer em rectidão de intenção. O que importa é abandonar-se nas Suas mãos e neste confiar n’Ele encontra-se a paz.

Com a nossa luta não procuramos conseguir sentimentos agradáveis. Muitas vezes os teremos; outras, não. Um pouco de exame talvez nos faça descobrir que os procuramos com maior frequência do que imaginamos, se não em si mesmos, ao menos como sinal de que a nossa luta é eficaz.

Apercebemo-nos disso, por exemplo, ao experimentar desânimo perante uma tentação a que não cedemos, mas que persiste; ao sentir aborrecimento porque algo nos custa e – assim raciocinamos – não nos deveria custar; ao notar desconforto porque a entrega não nos atrai do modo sensivelmente impetuoso de que gostaríamos...

Temos que lutar no que podemos lutar, sem nos preocuparmos com o que não está na nossa mão dominar; os sentimentos não estão totalmente submetidos à nossa vontade e não podemos pretender que estejam.

Temos que aprender a abandonar-nos, deixando nas mãos de Deus o resultado da nossa luta, porque só a confiança n’Ele vence essas inquietações. Se queremos ser pescadores do águas profundas, temos que levar a barca in altum, onde não temos pé; temos que superar o desejo de procurar referências, de sentir que vamos para a frente. Mas para o conseguir é decisivo apoiar-se na contrição.

RECOMEÇAR

Simão e os seus companheiros seguiram o conselho do Senhor e apanharam tão grande quantidade de peixes, que as redes se rompiam [8]. Do fruto dessa audácia beneficiaram outros que os vieram ajudar e as duas barcas encheram-se tanto que quase se afundavam. Abundância tão extraordinária levou Pedro a aperceber-se da proximidade de Deus e a sentir-se indigno de tal familiaridade: Afasta-Te de mim, Senhor, pois eu sou um homem pecador [9]. No entanto, poucos minutos depois, deixaram tudo e seguiram Jesus [10]. E foram fiéis até à morte.

Pedro descobriu o Senhor naquela pesca extraordinária. Teria reagido da mesma maneira se na noite anterior lhe tivesse corrido bem o seu trabalho? Talvez não. Talvez num fruto especialmente generoso tivesse reconhecido uma ajuda de Jesus Cristo, mas não se teria apercebido até que ponto Deus estava perto e tudo se devia a Ele. Para que o milagre movesse a alma de Simão, convinha que a noite anterior lhe tivesse corrido muito mal apesar do seu empenho sincero.

O Senhor serve-Se dos nossos defeitos para nos atrair para Ele, sempre que nos esforcemos sinceramente por vencê-los. Por isso, lutando, temos de gostar de nós como somos, com os nossos defeitos. Ao fazer-Se homem, o Verbo assumiu limitações, as próprias da condição humana, essas diante das quais nós por vezes nos revoltamos. No caminho de identificação com Cristo é decisivo aceitar os próprios limites.

Tantas vezes, é precisamente a consciência serena da nossa indignidade que nos faz descobrir Cristo ao nosso lado, porque vemos com clareza que os peixes que há nas nossas redes não foi a nossa perícia que os lá pôs, mas Deus. E essa experiência enche-nos de alegria e convence-nos uma vez mais que é a contrição que nos faz avançar na vida interior.

Então, como Pedro, lançamo-nos aos pés de Jesus Cristo; e, também como ele, acabamos por deixar tudo – inclusive essa pesca extraordinária! – para O seguir, porque só Ele nos interessa.

A prontidão para a contrição marca o caminho da alegria. Precisamente a tua vida interior deve ser isso: começar... e recomeçar [11] . Que profunda alegria experimenta a alma quando descobre, na prática, o significado destas palavras! Não se cansar de recomeçar, eis aqui um segredo para a eficácia e para a paz. Porque quem tem essa atitude deixa trabalhar o Espírito Santo na sua alma, colabora com Ele sem pretender substitui-l’O, luta com toda a energia e com plena confiança em Deus.

J. Diéguez

----------------------------------------
Notas:
[1] Lc 5, 5.
[2] Forja, n. 416.
[3] Jo 21, 18.
[4] Cfr. Mt 26, 34-35.
[5] Lc 5, 5.
[6] Lc 5, 4.
[7] Mt 8, 26. Cfr. Mt 14, 31.
[8] Lc 5, 6.
[9] Lc 5, 8.
[10] Lc 5, 11.
[11] Caminho, 292.




Doutrina – 415

CATECISMO DA IGREJA CATÓLICA
Compêndio


PRIMEIRA PARTE: A PROFISSÃO DA FÉ
SEGUNDA SECÇÃO: A PROFISSÃO DA FÉ CRISTÃ
CAPÍTULO TERCEIRO

CREIO NA SANTA IGREJA CATÓLICA

Os fiéis: hierarquia, leigos, vida consagrada

193. O que é que a vida consagrada oferece à missão da Igreja?



A vida consagrada participa na missão da Igreja mediante uma plena dedicação a Cristo e aos irmãos, testemunhando a esperança do Reino celeste.

Hoy el reto del Amor es dar al menos tres abrazos

INFUSIONES DE AMOR

Con los últimos cambios en la alimentación de la Cuaresma a la Pascua (de no comer carne a volver a tomarla, de cenar patatas a cenar normal...), de vez en cuando sentimos una digestión pesada, y nos ayuda mucho tomar una infusión de menta-poleo o manzanilla, y parece increíble, pero, al beberlo, se nota en seguida su efecto.

Ayer, mientras estaba preparando una infusión, no dejaba de asombrarme, y es que me parecía impresionante cómo, al verter agua caliente en un vaso con un saquito de hojas sequísimas, el agua extrae todos los beneficios de esa planta y se trasforma en medicina natural. ¡Qué poder tiene el agua caliente!

También el Señor infunde sobre nosotros la Gracia, su Don, que es como este agua caliente; quiere llenarnos y tocar nuestro corazón para transformarlo, para resucitarlo como a esas hojas secas, y hacernos medicina para los demás.

Para Cristo no hay nada en nosotros que Él no pueda resucitar. Quizá no sea como nosotros nos imaginamos, pues esa planta no volverá a ser una planta, sino que ahora es medicina para curar. Él nos cambia, nos trasforma, como podemos escuchar en su Palabra: en el encuentro con Zaqueo, con la adúltera, con Mateo, María Magdalena... Para ellos y para nosotros, encontrarnos con Él ha supuesto una transformación de nuestra vida por la que merece la pena entregarlo todo.

Hoy el reto del Amor es dar al menos tres abrazos. Hoy deja que el calor de Cristo que ha trasformado tu corazón alcance a las personas que quieres con tu abrazo. No hay nada que llegue más que el amor. Hoy, por Gracia, puedes ser medicina para los demás.


VIVE DE CRISTO

Pequena agenda do cristão


TeRÇa-Feira


(Coisas muito simples, curtas, objectivas)




Propósito:

Aplicação no trabalho.

Senhor, ajuda-me a fazer o que devo, quando devo, empenhando-me em fazê-lo bem feito para to poder oferecer.

Lembrar-me:
Os que estão sem trabalho.

Senhor, lembra-te de tantos e tantas que procuram trabalho e não o encontram, provê às suas necessidades, dá-lhes esperança e confiança.

Pequeno exame:

Cumpri o propósito que me propus ontem?