08/02/2015

Pequena agenda do cristão

DOMINGO


(Coisas muito simples, curtas, objectivas)



Propósito:
Viver a família.

Senhor, que a minha família seja um espelho da Tua Família em Nazareth, que cada um, absolutamente, contribua para a união de todos pondo de lado diferenças, azedumes, queixas que afastam e escurecem o ambiente. Que os lares de cada um sejam luminosos e alegres.

Lembrar-me:
Cultivar a Fé.

São Tomé, prostrado a Teus pés, disse-te: Meu Senhor e meu Deus!
Não tenho pena nem inveja de não ter estado presente. Tu mesmo disseste: Bem-aventurados os que crêem sem terem visto.
E eu creio, Senhor.
Creio firmemente que Tu és o Cristo Redentor que me salvou para a vida eterna, o meu Deus e Senhor a quem quero amar com todas as minhas forças e, a quem ofereço a minha vida. Sou bem pouca coisa, não sei sequer para que me queres mas, se me crias-te é porque tens planos para mim. Quero cumpri-los com todo o meu coração.

Pequeno exame:

Cumpri o propósito que me propus ontem?


Ev. comentário, L esp. (A figura histórica de Jesus)

Tempo Comum V Semana

Evangelho: Mc 1 29-39

29 Logo que saíram da sinagoga, foram a casa de Simão e de André, com Tiago e João.30 A sogra de Simão estava de cama com febre. Falaram-Lhe logo dela. 31 Jesus, aproximando-Se e tomando-a pela mão, levantou-a. Imediatamente a deixou a febre, e ela pôs-se a servi-los. 32 Ao anoitecer, depois do sol-posto, traziam-Lhe todos os enfermos e possessos, 33 e toda a cidade se tinha juntado diante da porta. 34 Curou muitos que se achavam atacados com várias doenças, expulsou muitos demónios, e não permitia que os demónios dissessem quem Ele era. 35 Levantando-Se muito antes de amanhecer, saiu e foi a um lugar solitário e lá fazia oração. 36 Simão e os seus companheiros foram procurá-l'O. 37 Tendo-O encontrado, disseram-Lhe: «Todos Te procuram». 38 Ele respondeu: «Vamos para outra parte, para as aldeias vizinhas, a fim de que Eu também lá pregue, pois para isso é que Eu vim». 39 E andava pregando nas sinagogas, por toda a Galileia, e expulsava os demónios.

Comentário

Não é por acaso que no início do Evangelho que escreveu, São Marcos fale repetidamente no demónio e nos possessos; (nada no Evangelho é por acaso), com o início da vida pública de Jesus inicia-se também a luta com o poder do demónio que, até então, dominava o mundo.
Afastado dos homens, por vontade destes – consequência do pecado original – Deus não “assistia” imóvel e alheado do que se passava com a humanidade.
Repetidamente foi enviando profetas que alertaram o povo escolhido para as consequências do incumprimento da Lei dada a Moisés.
Que se atribuam ao poder do demónio doenças e debilidades físicas não parece descabido, já que, ele não pode senão causar o mal e é através do mal que os homens consentem cometer, que consegue impor o seu domínio.

(ama, comentário sobre Mc 1, 29-39, 2011.12.13)


Leitura espiritual


La figura histórica de Jesús

¿Quién es Jesús? ¿qué sabemos de Él? El autor de este artículo define la figura de Cristo como "una piedra de escándalo para la razón"

En los años que marcan el comienzo del tercer milenio parece que se hubiera despertado en el mundo un interés especial por Jesús de Nazaret. En realidad, los libros escritos en los últimos años sobre su figura y su persona, aunque no todos positivos, ponen de relieve la actualidad y la trascendencia del Hijo de Dios hecho hombre, y el atractivo de su vida.

En efecto, en su comunión con el Padre, Jesús se hace presente hoy ante nosotros. ¿Y qué trae Jesús, qué da al mundo? La respuesta es sencilla: Dios [1].

Enciende tu fe. – No es Cristo una figura que pasó. No es un recuerdo que se pierde en la historia. ¡Vive!: “Jesus Christus heri et hodie: ipse et in saecula!” –dice San Pablo– ¡Jesucristo ayer y hoy y siempre! [2]

La predicación de la Iglesia primitiva presenta siempre a Jesucristo como Hijo de Dios y único Salvador. La proclamación del Misterio Pascual llevaba consigo un paradójico anuncio de humillación y de exaltación, de vergüenza y de triunfo: nosotros predicamos a un Cristo crucificado: escándalo para los judíos, necedad para los gentiles; mas para los llamados, lo mismo judíos que griegos, un Cristo, fuerza de Dios y sabiduría de Dios [3].

No fue fácil para los primeros cristianos superar el escándalo de la cruz, la realidad de la crucifixión y muerte del mismo Hijo de Dios. De ahí el intento de los docetistas y de los gnósticos de negar que Jesús tuviese un cuerpo real y pasible, o el de Nestorio, dos siglos más tarde, de afirmar la existencia en Jesucristo de dos personas, una humana y otra divina.

A ningún estudioso serio escapa, sin embargo, el hecho histórico de Jesús de Nazaret. Aunque no hay una gran cantidad de datos extra-bíblicos sobre su persona y su misión, son suficientes para afirmar, sin lugar a dudas, su paso por la tierra. Es substancialmente aceptado, por ejemplo, el testimonio de Flavio Josefo. En uno de sus libros, este historiador judío del siglo primero se refiere a Jesús como «hombre sabio (…); Él realizó obras extraordinarias, siendo un maestro de hombres que acogen la verdad» [4] . Más adelante escriben sobre Jesús, durante el imperio de Trajano, Plinio el Joven y Tácito; y después lo hará Suetonio, secretario de Adriano.

Junto a estas referencias, los evangelios constituyen «el testimonio principal de la vida y doctrina de la Palabra hecha carne, nuestro Salvador» [5]; son las fuentes que proporcionan una visión detallada de su personalidad.

La Tradición de la Iglesia, bajo la inspiración del Espíritu Santo, ha reconocido en estos escritos la plasmación auténtica y segura de la figura histórica del Señor, una figura histórica que posee un carácter divino.

El valor de los evangelios como fuentes primarias para conocer a Jesús no fue puesto en duda por los cristianos hasta finales del siglo XVIII. En ese momento, surgieron algunos autores que pretendieron analizarlos con criterios historiográficos y positivistas, eliminando las narraciones que consideraban inaceptables para el hombre moderno ; esto es, los milagros y las profecías, sólo explicables por el carácter extraordinario de la intervención divina en la historia. Se trataba del primer intento de estudiar los evangelios solo como libros de historia, sin considerar su contenido sobrenatural, un proyecto que abordaba los textos excluyendo la fe en la divinidad de Cristo.

A partir de entonces, abundaron las “vidas de Jesús” en las que Cristo aparecía como uno de tantos candidatos a mesías; un fracasado condenado a muerte por la autoridad romana que, eso sí, poseía una indudable autoridad moral.

De este modo, con frecuencia, estas pretendidas biografías históricas retrataban más el carácter de quien las escribía que el de Jesucristo.

Posteriormente, el avance de los estudios exegéticos llevó a una fuerte reacción contra este planteamiento: se pasó a considerar los evangelios como textos escritos con fe sincera, aunque desinteresados de las coordenadas de la historia; no se superó el escepticismo sobre la divinidad de la figura histórica de Cristo . En los últimos decenios, los nuevos criterios metodológicos han permitido una lectura teológica de la Biblia más de acuerdo con la fe [6] .

La verdad proclamada por la Iglesia sobre el Hijo de Dios, que después de veinte siglos sigue siendo una piedra de escándalo para la razón, es la de una Persona ante la cual cada uno debe comprometer su propia vida a través de un acto de fe; pero no una fe puramente fiducial o credulona , sino una fe que se apoya en que Dios mismo ha hablado y actuado en la historia; una fe que cree en la vida y obras reales del Hijo de Dios hecho hombre, y que encuentra en Él la razón de su esperanza.

La importancia de la realidad histórica del mensaje evangélico se hizo patente desde los primeros instantes del cristianismo; como señala San Pablo, si Cristo no ha resucitado, inútil es nuestra predicación, inútil es también vuestra fe [7] .

LOS MILAGROS Y LA AUTORIDAD DE JESÚS

En los evangelios se relata que Jesús hace milagros. En el Antiguo Testamento ya se narraban prodigios realizados por profetas como Elías y Eliseo, por no hablar de los protagonizados por Moisés o Josué. También en la literatura antigua, tanto judía como helenística, se cuentan portentos de algunos personajes.

Quienes buscan negar la veracidad de los milagros de Cristo –y, en general, de todos los que aparecen en la Escritura–, suelen apoyarse en estos últimos para afirmar que los relatos de hechos milagrosos implican un género literario de ficción, tal vez dirigido a exaltar un personaje histórico.

Pero las similitudes dejan pronto paso a profundas divergencias, que constituyen signos de la credibilidad y de autenticidad de los evangelios. En primer lugar, los milagros de Jesús sorprenden por su verosimilitud. Los evangelios hablan, sí, de portentos; pero nada hay de exagerado en cómo los describen.

Un ciego recobra la vista; un cojo empieza a andar... Se aprecia, en la sencillez del relato, que se está muy lejos de pretender exaltar una figura; son relatos ajenos a toda aparatosidad, y en los que se refleja la vida cotidiana de los protagonistas.

También llama la atención la autoridad que Jesús ejerce cuando los realiza. Los prodigios narrados en la literatura rabínica se obtienen después de largas oraciones. Él, en cambio, los hace con su propio poder, con una palabra o un gesto, y el efecto se sigue casi siempre de modo inmediato.

Otra característica única es la discreción de Jesús: rara vez toma la iniciativa, se muestra reticente, manda que no se divulgue... Incluso en ocasiones dice el texto sagrado que no pudo hacer milagros [8] , porque no encontró en los interesados las disposiciones espirituales adecuadas.

Por último, es importante notar cómo los milagros de Cristo poseen siempre un sentido que trasciende el mero efecto físico. El Señor no cede al gusto de los hombres por lo maravilloso, o a la curiosidad: busca la conversión del alma, quiere atestiguar su misión. Jesús hace ver que no son simples prodigios; para realizarlos, exige la fe en su Persona, en la misión que el Padre le ha confiado. Parten de la fe y llevan a la fe.

De todo esto se concluye que los evangelistas se propusieron poner al alcance de todos hechos históricos, para que pudieran ser trascendidos por la fe; testimonian que «todo en la vida de Jesús es signo de su misterio. A través de sus gestos, sus milagros y sus palabras, se ha revelado que “en Él reside la plenitud de la Divinidad corporalmente”» [9].

De ahí la centralidad, en la vida del cristiano, del consejo de san Josemaría: Saboread aquellas escenas conmovedoras en las que el Maestro actúa con gestos divinos y humanos, o relata con giros humanos y divinos la historia sublime del perdón, la de su Amor ininterrumpido por sus hijos. Esos trasuntos del Cielo se renuevan también ahora, en la perenne actualidad del Evangelio: se palpa, se nota, cabe afirmar que se toca con las manos la protección divina [10].

La autoridad de Jesús, sin embargo, no se manifiesta sólo en su modo de hacer milagros. Aparece todavía más límpidamente en su modo de disponer de la ley y de la tradición: las interpreta, profundiza y corrige. Éste es otro rasgo diferenciador, que no se encuentra en ningún otro testimonio de la época. La originalidad de esta actitud, patente en las enseñanzas recogidas en los evangelios, sólo se explica por el carácter único del Maestro, por su fuerte personalidad y doctrina.

Este poder sobre la Ley se percibe cuando se examina cómo Él la cumple fielmente. Por una parte, en ese cumplimiento Cristo muestra unas exigencias que van hasta lo más profundo del corazón, más allá de cualquier asomo de formalismo.

Fragmento del muro del templo de Jerusalém, donde acudía Cristo.
Fragmento del muro del templo de Jerusalém, donde acudía Cristo.
Es cierto que Jesús mantiene la ley, pero la interpreta según un espíritu novedoso que, al mismo tiempo que la cumple, la supera; trae un vino nuevo que rechaza componendas con los odres viejos. Por otra parte, esto lo hace como un legislador que habla en nombre propio, superando a Moisés. Lo que Dios había dicho a través de Moises, lo perfecciona su Hijo Unigénito.

Jesús inaugura una nueva era, la del Reino anunciado desde hacía mucho tiempo por los profetas: destruye el Reino de Satanás arrojando los espíritus con el dedo de Dios [11] . La mesianidad de Jesús no puede ser una invención de sus discípulos ideada después de la Pascua: la tradición evangélica contiene tantos recuerdos sólidos y armónicos de su vida pública que no es posible rechazarlos diciendo sencillamente que se trata de una creación póstuma, fruto de una presunta ideologización apologética. Las enseñanzas de Cristo son inseparables de la autoridad con que las proclama.

LA DIVINIDAD DE JESÚS EN LOS EVANGELIOS

De modo análogo a como se niega la historicidad de los milagros, a veces se afirma que el título de «hijo de Dios» sólo designa, en los evangelios, una cercanía especial de Jesús con Dios. Generalmente, se argumenta señalando que este título tiene diversos usos en los textos de la época: se aplica a personajes que se distinguen por ser justos, al pueblo de Israel, a los ángeles, a la realeza o a personas con alguna facultad especial. Pero cuando consideramos los relatos evangélicos, de nuevo aparecen diferencias sólo explicables si se reconoce la naturaleza divina de Cristo, proclamada a la luz del Misterio Pascual.

Así, en el evangelio según San Marcos se testimonia que la personalidad de Jesús es sobrehumana. Ciertamente, en ocasiones, Jesús es proclamado hijo de Dios por quienes tal vez sólo lo hacen según el sentido normal de la época, sin conocer a fondo sus implicaciones.

Pero también la voz del mismo Padre en el Bautismo y en la Transfiguración atestigua que Jesús es Hijo de Dios; y a la luz de esta declaración se puede apreciar en otros muchos pasajes el carácter real y único de la filiación divina de Cristo. Por ejemplo, Jesús mismo se presenta como el “hijo amado” en la parábola de los viñadores homicidas, radicalmente distinto a todos los enviados anteriores; también manifiesta una relación personal única de filiación y confianza con el Padre al llamarle –y éste es el único evangelio que lo recoge– Abba [12] , Papá.

En este contexto, es de interés señalar cómo la fe del evangelista en la divinidad de Jesús queda enmarcada por el versículo programático evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios [13] , y la confesión del centurión, al final del texto: ¡verdaderamente este hombre era Hijo de Dios! [14].

En San Mateo, la filiación divina de Jesús se presenta con más profusión que en San Marcos. El título viene pronunciado por endemoniados, por el centurión, por quienes pasan bajo la Cruz en el Calvario, por los sacerdotes, por Pedro y los discípulos, especialmente después de un milagro. Aún más claramente que en San Marcos se ve que no todos los que le llaman hijo de Dios lo reconocen como tal, y sin embargo esta actitud sirve al evangelista como contrapunto de quienes sí lo hicieron.

Por su parte, el tercer evangelio resalta la relación entre Jesús y el Padre, enmarcándola en un ambiente de oración, de intimidad y confianza, de entrega y sumisión, que desemboca en las últimas palabras pronunciadas en la Cruz: Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu [15].

Al mismo tiempo es fácil captar cómo su vida y su misión son continuamente guiadas por el Espíritu Santo, ya desde la Anunciación donde se proclama su filiación divina. Junto a estos rasgos particularmente destacados en San Lucas, volvemos a encontrar otros testimonios comunes con los demás evangelistas: también los demonios llaman “Hijo de Dios” a Jesús en las tentaciones y en las curaciones de los endemoniados en Cafarnaún y en Gerasa.

En San Juan se presenta la filiación divina de Cristo en su sentido más profundo y trascendente: Él es el Verbo, que está en el seno de Dios y se hace carne; es preexistente, ya que es anterior a Abrahán; ha sido enviado por el Padre, ha bajado del cielo... Son características que destacan la realidad divina de Jesús.

La confesión de la divinidad por parte de Tomás puede considerarse la culminación del evangelio, que ha sido escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengáis vida en su nombre [16] .

En San Juan es patente, tal vez más que en ningún otro evangelista, cómo la afirmación de la divinidad real de Jesús pertenece al mismo núcleo de la predicación apostólica. Una afirmación, por lo demás, que hunde sus raíces en la conciencia que Cristo tenía de ella en su paso por la tierra.

En este sentido, es de especial interés recordar –y es un elemento común a todos los evangelistas– el que Jesús diferencia su relación con el Padre de la que tienen los demás hombres: mi Padre es el que me glorifica, el que decís que es vuestro Dios [17] ; subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios [18] ; la expresión «Padre nuestro» en labios de Jesús sólo aparece en una ocasión, al enseñar a los discípulos el modo en que deben rezar. Cristo nunca pone en el mismo nivel su especial filiación con la de los discípulos: una muestra de la conciencia que Él mismo tenía de su divinidad.

La predicación de la primitiva comunidad cristiana presenta las formas de anuncio, de catequesis, de exhortación o de argumentación en favor de la fe, que vienen recogidas en la narración evangélica. Esto influye más en sus características literarias que en el contenido de lo que aconteció.

Es útil descubrir que las necesidades de la predicación han llevado a seleccionar algunos pasajes frente a muchos otros [19] , y que movieron a los evangelistas a presentar la vida de Cristo en un modo más teológico que biográfico, más sistemático que cronológico. Pero no hay motivo para pensar que ese interés y esas necesidades lleven a falsificar los recuerdos, a crearlos o a inventarlos.

Más aún, las expresiones y sucesos desconcertantes son una prueba más de la credibilidad de los evangelios –¿por qué el bautismo, si Cristo no tenía pecado?, ¿por qué afirmar la aparente ignorancia de Jesús respecto a la Parusía, o que no pudo hacer milagros, o que estaba cansado?–, como lo son también la forma semítica de las palabras, o el uso de expresiones arcaicas o no asumidas por la teología posterior –como «hijo del Hombre».

Los evangelios están repletos de episodios llenos de candor y naturalidad; cada uno de ellos es una muestra de veracidad, y del deseo de contar la vida de Jesús en el seno de la tradición de la Iglesia. Quien escucha y recibe esa Palabra puede llegar a ser discípulo [20] .

En el mensaje cristiano se entrelazan fe e historia, teología y razón, y los testigos apostólicos manifiestan la preocupación de apoyar su fe y su mensaje sobre los hechos, contados con sinceridad.

En esas páginas, Cristo mismo se da a conocer a los hombres de todos los tiempos, en la realidad de su historia, de su anuncio. Leyéndolas, no accedemos a un ideal moral; meditar el evangelio no es un reflexionar sobre una doctrina. Es meditar la historia de Cristo, desde su nacimiento en un pesebre, hasta su muerte y su resurrección [21] , porque cuando se ama a una persona se desean saber hasta los más mínimos detalles de su existencia, de su carácter, para así identificarse con ella [22] .

b. estrada

------------------------

[1] Cfr. Joseph Ratzinger – Benedicto XVI, Jesus von Nazareth , cap. 1 y 2.
[2] Camino , n. 584.
[3] 1 Co 1, 23s.
[4] Cfr. Flavio Josefo, Antiquitates Judaicæ 18, 3, 3.
[5] Conc. Vaticano II, Const. dogm. Dei Verbum , n. 18.
[6] Cfr. Joseph Ratzinger – Benedicto XVI, Jesus de Nazareth (I) , Introducción.
[7] 1 Co 15, 14.
[8] Cfr. Mt 13, 18; Mc 6, 50.
[9] Catecismo de la Iglesia Católica , n. 515.
[10] Amigos de Dios, n. 216.
[11] Cfr. Lc 11, 20.
[12] Mc 14, 36.
[13] Mc 1, 1.
[14] Mc 15, 39.
[15] Lc 23, 46.
[16] Jn 20, 31.
[17] Jn 8, 54.
[18] Jn 20, 17.
[19] Cfr. Jn 21, 25.
[20] Cfr. Joseph Ratzinger – Benedicto XVI, Jesus de Nazareth (I) , cap. 4.
[21] Es Cristo que pasa , n. 107.
[22] Es Cristo que pasa , n. 107.








07/02/2015

Devemos santificar todas as realidades

A tua tarefa de apóstolo é grande e formosa. Estás no ponto de confluência da graça com a liberdade das almas; e assistes ao momento soleníssimo da vida de alguns homens: o seu encontro com Cristo. (Sulco, 219)


Estamos no Natal. Acodem-nos à memória os diversos factos e circunstâncias que rodearam o nascimento do Filho de Deus e o olhar detém-se na gruta de Belém, no lar de Nazaré. Maria, José, Jesus Menino ocupam de modo muito especial o centro do nosso coração. Que diz, que nos ensina a vida, simples e admirável ao mesmo tempo, dessa Sagrada Família?

Entre as muitas considerações que poderíamos fazer, agora quero escolher sobretudo uma., Como refere a Escritura, o nascimento de Jesus significa o início da plenitude dos tempos, o momento escolhido por Deus para manifestar plenamente o seu amor aos homens, entregando-nos o seu próprio Filho. Essa vontade divina realiza-se no meio das circunstâncias mais normais e correntes: uma mulher que dá à luz, uma família, uma casa. A omnipotência divina, o esplendor de Deus passam através das coisas humanas, unem-se às coisas humanas. Desde esse momento, nós, os cristãos, sabemos que, com a graça do Senhor, podemos e devemos santificar todas as realidades sãs da nossa vida. Não há situação terrena, por mais pequena e vulgar que pareça, que não possa ser a ocasião de um encontro com Cristo e uma etapa da nossa caminhada para o Reino dos Céus.


Por isso, não é de estranhar que a Igreja se alegre, que rejubile, contemplando a modesta morada de Jesus, Maria e José. (Cristo que passa, 22)

Tratado do verbo encarnado 114

Questão 16: Do conveniente a Cristo no seu ser e no seu dever

Art. 11 — Se Cristo, enquanto homem, é Deus.

O undécimo discute-se assim. — Parece que Cristo, enquanto homem, é Deus.

1. — Pois, Cristo é Deus pela graça da união. Ora, Cristo, enquanto homem, tem a graça da união. Logo, Cristo, enquanto homem, é Deus.

2. Demais. — Perdoar os pecados é próprio de Deus, segundo a Escritura: Eu sou, eu mesmo sou o que apago as tuas iniquidades por amor de mim. Ora, Cristo, enquanto homem, perdoa os pecados, conforme o diz o Evangelho: Pois, para que saibais que o Filho do homem tem poder sobre a terra de perdoar pecados, etc. Logo, Cristo, enquanto homem, é Deus.

3. Demais. — Cristo não é homem, em geral, mas este determinado homem. Ora, Cristo, enquanto este determinado homem, é Deus, pois, este determinado homem designa um suposto eterno que, por natureza, é Deus. Logo, Cristo, enquanto homem, é Deus.

Mas, em contrário. — O conveniente a Cristo, enquanto homem, convém a qualquer homem. Se, logo, Cristo, enquanto homem, fosse Deus, resultaria que todo homem seria Deus, o que evidentemente é falso.

A palavra homem, tomada em sentido restrictivo, pode entender-se de dois modos. — Primeiro, na sua natureza. E então, não é verdade que Cristo, enquanto homem, seja Deus, porque a natureza humana é distinta da divina, por uma diferença de natureza. — Noutro sentido, pode ser entendida em razão do suposto. E então, sendo o suposto da natureza humana, em Cristo, a pessoa do Filho de Deus, a que convém por natureza ser Deus, é verdade que Cristo, enquanto homem, é Deus. Como porém o termo, tomado em sentido restritivo, mais propriamente significa a natureza, que o suposto, como se disse, por isso, a proposição — Cristo, enquanto homem, é Deus — deve antes ser negada que afirmada.


DONDE A RESPOSTA À PRIMEIRA OBJECÇÃO. — Não é pela mesma razão que um ser se move para um termo e constitui esse termo, pois, um ser move -se em razão da matéria ou do sujeito, e é actual, em razão da forma. Semelhantemente, não convém a Cristo, à mesma luz, ordenar-se a ser Deus pela graça da união, e ser Deus. Mas, aquilo lhe convém, segundo a natureza humana, e isto, segundo a divina. Donde, é verdadeira a proposição — Cristo, enquanto homem, tem a graça da união, mas não esta — Cristo, enquanto homem, é Deus.

RESPOSTA À SEGUNDA. — O Filho do homem tem na terra o poder de perdoar os pecados, não em virtude da natureza humana, mas, da natureza divina. Dessa natureza divina promana o poder de perdoar os pecados por autoridade própria, ao passo que a natureza humana exerce a função de instrumento e de ministro. Donde, expondo esse assunto, o dizer Crisóstomo: O Evangelho disse assinaladamente — na terra, de perdoar os pecados — para mostrar que à natureza humana uniu, por uma união indivisível, o poder da divindade. Pois, embora feito homem continuou sendo o Verbo de Deus.

RESPOSTA À TERCEIRA. — Quando se diz — este homem — o pronome demonstrativo liga a palavra homem – ao suposto. Por isso, a proposição — Cristo, enquanto este homem, é Deus, é mais verdadeira que a outra — Cristo enquanto homem é Deus.

Nota: Revisão da versão portuguesa por ama.


Temas para meditar - 358



 Civilização


Nunca é correcto fazer o mal. Esta sentença por si só é o fundamento da nossa civilização, aquela que deveria, de facto, distinguir todas as civilizações.



(james schall, sj in infovitae, trad ama)

Evangelho, coment. L esp. (Temas actuais do cristianismo)

Tempo Comum IV Semana

Cinco Chagas do Senhor

Evangelho: Jo 19 28-37 ou 20 24-29

28 Em seguida, sabendo Jesus que tudo estava consumado, para se cumprir a Escritura, disse: «Tenho sede». 29 Havia ali um vaso cheio de vinagre. Então, os soldados, ensopando no vinagre uma esponja e atando-a a uma cana de hissopo, chegaram-Lha à boca. 30 Jesus, tendo tomado o vinagre, disse: «Tudo está consumado!». Depois, inclinando a cabeça, entregou o espírito. 31 Os judeus, visto que era o dia da Preparação, para que os corpos não ficassem na cruz no sábado, porque aquele dia de sábado era de grande solenidade, pediram a Pilatos que lhes fossem quebradas as pernas e fossem retirados. 32 Foram, pois, os soldados e quebraram as pernas ao primeiro e ao outro com quem Ele havia sido crucificado. 33 Mas, quando chegaram a Jesus, vendo que já estava morto, não Lhe quebraram as pernas, 34 mas um dos soldados trespassou-Lhe o lado com uma lança e imediatamente saiu sangue e água. 35 Quem foi testemunha deste facto o atesta, e o seu testemunho é digno de fé e ele sabe que diz a verdade, para que também vós acrediteis. 36 Porque estas coisas sucederam para que se cumprisse a Escritura: “Não Lhe quebrarão osso algum”. 37 E também diz outro passo da Escritura: “Hão-de olhar para Aquele a quem trespassaram”.

Comentário

Parece um acto gratuito de pura maldade o praticado pelo soldado que trespassou o peito do Senhor.
De facto, constataram, todos, que estava já morto, por isso não Lhe quebraram as pernas.
Mas, a Escritura tem de cumprir-se e, o soldado, é um mero executor, embora sem o saber, da mesma Escritura.

O Coração amantíssimo de jesus, estava já ferido de morte pelos inúmeros atropelos, sevícias e violências a que tinha sido sujeito.
Esse Coração que amara até ao fim a humanidade que O suspende da Cruz, já se entregara todo, nada mais lhe restava.
Mas, esse Coração que sangra de um golpe de lança, ficará, para sempre como a imagem da fonte da água viva que jorrará para sempre para benefício dos homens.

(ama, comentário sobre Jo 19, 31-37, 2014.02.07)


Leitura espiritual



São Josemaria Escrivá

Temas actuais do cristianismo [i]

119           
Os que seguiram Jesus Cristo comigo, pobre pecador, são: uma percentagem de sacerdotes que exerciam antes uma profissão ou tinham uma ocupação laical; um grande número de sacerdotes seculares de muitas dioceses do mundo - que confirmam assim a obediência e amor aos seus Bispos respectivos, e a eficácia do seu trabalho diocesano, com os braços sempre abertos em cruz para que todas as almas caibam nos seus corações, e que estão como eu, em plena rua, no mundo, e o amam; e a grande multidão, formada por homens e mulheres de diversas nações, de diversas línguas, de diversas raças, que vivem do seu trabalho profissional, casados na sua maior parte, solteiros muitos outros, que participam com os seus concidadãos na grave tarefa de tornar mais humana e mais justa a sociedade temporal, na nobre lide das ocupações diárias, com responsabilidade pessoal - repito -, alcançando e sofrendo, ombro a ombro com os outros homens, êxitos e fracassos, procurando cumprir os seus deveres e exercer os seus direitos sociais e cívicos. E tudo isto, com naturalidade, como qualquer cristão consciente, sem mentalidade de selectos, fundidos na massa dos seus colegas, enquanto procuram detectar a luz divina que reverbera nas realidades mais vulgares.

Também as obras promovidas pelo Opus Dei, como associação, têm essas características eminentemente seculares: não são obras eclesiásticas. Não gozam de nenhuma representação oficial da Hierarquia da Igreja. São obras de promoção humana, cultural, social, realizadas por cidadãos que procuram iluminá-las com a luz do Evangelho e aquecê-las com o amor de Cristo. Ficareis esclarecidos com um dado: o Opus Dei não tem nem terá jamais, por exemplo, a missão de dirigir Seminários diocesanos, onde os Bispos, instituídos pelo Espírito Santo [Ac 20, 28], preparam os seus futuros sacerdotes.

120           
O Opus Dei fomenta, pelo contrário, centros de formação operária e de formação agrícola, de ensino básico, secundário e universitário, e tantas outras e tão variadas actividades em todo o mundo, porque os seus anseios apostólicos - escrevi há muitos anos - são um mar sem limites.

Mas, por que me hei-de alongar nesta matéria, se a vossa própria presença é mais eloquente do que um prolongado discurso? Vós, Amigos da Universidade de Navarra, sois parte de um povo que sabe estar comprometido no progresso da sociedade a que pertence. O vosso alento cordial, a vossa oração, o vosso sacrifício e a vossa contribuição material não seguem os caminhos de um confessionalismo católico; ao prestardes a vossa cooperação, sois o perfeito testemunho de uma recta consciência civil, preocupada pelo bem comum temporal; testemunhais que uma Universidade pode nascer das energias do povo e ser sustentada pelo povo.

Quero agradecer uma vez mais nesta ocasião, a colaboração que prestam à nossa Universidade a minha nobilíssima cidade de Pamplona, a grande e forte região navarra; os Amigos procedentes de toda a geografia espanhola e - com particular emoção o digo - os não espanhóis e até os não católicos e não cristãos que compreenderam, e assim o demonstram com factos, a intenção e o espírito deste empreendimento.

A todos eles se deve que esta Universidade seja um foco, cada vez mais vivo, de liberdade cívica, de preparação intelectual, de emulação profissional, e um estímulo para o ensino universitário. O vosso generoso sacrifício serve de base a um trabalho universal que procura o incremento das ciências humanas, a promoção social, a pedagogia da fé.

O que acabo de dizer foi visto com clareza pelo povo navarro, que também reconhece na sua Universidade um factor de promoção económica para a região e, especialmente, de promoção social, que permitiu a tantos dos seus filhos o acesso às profissões intelectuais que, de outro modo, seria difícil e, em certos casos, impossível. A compreensão do papel que a Universidade havia de ter na sua vida motivou certamente o apoio que Navarra lhe dispensou desde o começo; apoio que, sem dúvida, será cada vez mais amplo e entusiasta.

121           
Continuo a manter a esperança - porque corresponde a um critério justo e à realidade vigente em tantos países - de que chegará o momento em que o Estado espanhol contribuirá, por seu lado, para aliviar os encargos de um empreendimento que não tem em vista nenhum proveito privado e que, pelo contrário, totalmente consagrado ao serviço da sociedade, procura trabalhar com eficácia para a prosperidade presente e futura da nação.

E agora, meus filhos e minhas filhas, permiti que me detenha noutro aspecto - particularmente querido - da vida comum. Refiro-me ao amor humano, ao amor casto entre um homem e uma mulher, ao noivado, ao matrimónio. Devo dizer uma vez mais que esse amor humano santo não é algo de permitido, de tolerado, à margem das verdadeiras actividades do espírito, como poderiam insinuar os falsos espiritualismos a que antes aludia. Há quarenta anos que venho pregando exactamente o contrário, através da palavra e da escrita, e os que não compreendiam já o vão entendendo.

O amor que conduz ao matrimónio e à família pode ser também um caminho divino, vocacional, maravilhoso, meio para uma completa dedicação ao nosso Deus. Realizai as coisas com perfeição, tenho-vos recordado, ponde amor nas pequenas actividades da jornada, descobri - insisto - esse quê divino que se oculta nos pormenores: toda esta doutrina encontra um lugar especial no espaço vital em que o amor humano se enquadra.

Já o sabeis muito bem, professores, alunos e todos os que dedicais o vosso trabalho à Universidade de Navarra: pus os vossos amores sob a protecção de Santa Maria, Mãe do Amor Formoso. E aí tendes a ermida que construímos com devoção no campus universitário, para recolher as vossas orações e a oblação desse amor maravilhoso e limpo que Ela abençoa.

Não sabíeis que o vosso corpo é templo do Espírito Santo, que recebestes de Deus, e que não vos pertenceis? [I Cor 6, 19]. Quantas vezes, diante da imagem da Virgem Santa, da Mãe do Amor Formoso, respondereis com uma alegre afirmação à pergunta do Apóstolo: sabemos, sim, e queremos vivê-lo com a tua ajuda poderosa, ó Virgem Mãe de Deus!

A oração contemplativa surgirá em vós sempre que meditardes nesta realidade impressionante: uma coisa tão material como o meu corpo foi escolhida pelo Espírito Santo para estabelecer a Sua morada...; já não me pertenço...; o meu corpo e a minha alma - o meu ser inteiro - são de Deus... E essa oração será rica em resultados práticos, derivados da grande consequência que o próprio Apóstolo apresenta: glorificai a Deus no vosso corpo [I Cor 6, 20].

122           
Por outro lado, não podeis desconhecer que só entre os que compreendem e valorizam em toda a sua profundidade o que acabamos de considerar acerca do amor humano, pode surgir aquela outra compreensão inefável de que Jesus falou [Cfr Mt 19, 11], que é um puro dom de Deus e que conduz a entregar o corpo e a alma a Nosso Senhor, a oferecer-Lhe o coração indiviso, sem a mediação do amor terreno.

123           
Tenho de terminar, meus filhos. Disse-vos ao começar que a minha palavra gostaria de vos anunciar alguma coisa da grandeza e da misericórdia de Deus. Julgo tê-lo cumprido, ao falar-vos de viver santamente a vida corrente: porque uma vida santa no meio da realidade secular - sem ruído, com simplicidade, com veracidade - não será porventura hoje a mais consoladora manifestação das magnalia Dei [Edes 18, 5], dessas portentosas misericórdias que Deus sempre realizou, e não deixa de realizar para salvar o mundo?

Peço-vos agora com o salmista que vos unais à minha oração e ao meu louvor: magnificate Dominum mecum, et extollamus nomen eius simul [Ps. XXXIII, 4]; louvai comigo o Senhor e exaltemos todos juntos o Seu nome. Ou seja, meus filhos: vivamos de Fé.

Tomemos o escudo da Fé, o elmo da salvação e a espada do espírito que é a Palavra de Deus. Assim nos anima o Apóstolo S. Paulo na Epístola aos de Éfeso [Ef 6, 11 e ss] que há momentos se proclamava liturgicamente.

Fé, virtude de que os cristãos tanto necessitamos, especialmente neste ano da Fé promulgado pelo nosso amadíssimo Santo Padre o Papa Paulo VI, pois, faltando a Fé, falta o próprio fundamento da santificação da vida corrente.

Fé viva nestes momentos, porque nos aproximamos do mysterium fidei [I Tim 3, 9], da Sagrada Eucaristia; porque vamos participar nesta Páscoa do Senhor, que resume e realiza as misericórdias de Deus para com os homens.

Fé, meus filhos, para confessar que, dentro de instantes, sobre esta ara, se vai renovar a obra da nossa Redenção [Secreta do IX Domingo depois de Pentecostes]. Fé, para saborear o Credo e sentir, em torno deste altar e nesta Assembleia, a presença de Cristo que faz de nós cor unum et anima una [Act 4, 32], um só coração e uma só alma; e nos converte em família, em Igreja una, santa, católica, apostólica e romana, que para nós é o mesmo que universal.

Fé, finalmente, filhas e filhos queridíssimos, para demonstrarmos ao mundo que tudo isto não são cerimónias e palavras, mas uma realidade divina, ao apresentarmos aos homens o testemunho de uma vida corrente santificada, em Nome do Pai e do Filho e do Espírito Santo e de Santa Maria.









[i] Homilia pronunciada no campus da Universidade de Navarra, em 8 de Outubro de 1967.