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13/05/2019

Temas para reflectir e meditar

Ciência

Como se alguém que sem ter aprendido nem trabalhado nada para saber ler nem tão pouco tivesse estudado nada, achasse que já sabia toda a ciência, sem saber como nem donde lhe tinha vindo, pois nunca tinha trabalhado nem para aprender o alfabeto. 

Esta última comparação mostra algo deste dom celestial, porque a alma vê num momento os mistérios da santíssima Trindade e outras coisas muito elevadas com tal clareza, que não há teólogo com quem não se atrevesse a discutir estas verdades tão grandes.

(santa teresa de jesusVida, 27, 8-9)

11/06/2017

La Trinidad, escuela de relación

¿Por qué los cristianos creen en la Trinidad? ¿No es ya bastante difícil creer que existe Dios como para añadirnos el enigma de que es «uno y trino»? A diario aparece quien no estaría a disgusto con dejar aparte la Trinidad, también para poder así dialogar mejor con judíos y musulmanes, que profesan la fe en un Dios rígidamente único.

La respuesta es que los cristianos creen que Dios es trino ¡porque creen que Dios es amor! Si Dios es amor debe amar a alguien. No existe un amor al vacío, sin dirigirlo a nadie. Nos interrogamos: ¿a quién ama Dios para ser definido amor? Una primera respuesta podría ser: ¡ama a los hombres! Pero los hombres existen desde hace algunos millones de años, no más. Entonces, antes, ¿a quién amaba Dios? No puede haber empezado a ser amor desde cierto momento, porque Dios no puede cambiar. Segunda respuesta: antes de entonces amaba el cosmos, el universo. Pero el universo existe desde hace algunos miles de millones de años. Antes de entonces, ¿a quién amaba Dios para poderse definir amor? No podemos decir: se amaba a sí mismo, porque amarse a uno mismo no es amor, sino egoísmo, o como dicen los psicólogos, narcisismo.

He aquí la respuesta de la revelación cristiana. Dios es amor en sí mismo, antes del tiempo, porque desde siempre tiene en sí mismo un Hijo, el Verbo, a quien ama con amor infinito, que es el Espíritu Santo. En todo amor hay siempre tres realidades o sujetos: uno que ama, uno que es amado y el amor que les une. Allí donde Dios es concebido como poder absoluto, no existe necesidad de más personas, porque el poder puede ejercerlo uno solo; no así si Dios es concebido como amor absoluto.

La teología se ha servido del término naturaleza, o sustancia, para indicar en Dios la unidad, y del término persona para indicar la distinción. Por esto decimos que nuestro Dios es un Dios único en tres personas. La doctrina cristiana de la Trinidad no es un retroceso, un pacto entre monoteísmo y politeísmo. Al contrario: es un paso adelante que sólo el propio Dios podía hacer que lo diera la mente humana.

La contemplación de la Trinidad puede tener un precioso impacto en nuestra vida humana. Es un misterio de relación. Las personas divinas son definidas por la teología «relaciones subsistentes». Significa que las personas divinas no tienen relaciones, sino que son relaciones. Los seres humanos tenemos relaciones -entre padre e hijo, entre esposa y esposo, etcétera-, pero no nos agotamos en esas relaciones; existimos también fuera y sin ellas. No así el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

La felicidad y la infelicidad en la tierra dependen en gran medida, lo sabemos, de la calidad de nuestras relaciones. La Trinidad nos revela el secreto para tener relaciones bellas. Lo que hace bella, libre y gratificante una relación es el amor en sus diferentes expresiones. Aquí se ve cuán importante es que se contemple a Dios ante todo como amor, no como poder: el amor dona, el poder domina. Lo que envenena una relación es querer dominar al otro, poseerle, instrumentalizarlo, en vez de acogerle y entregarse.

Debo añadir una observación importante. ¡El Dios cristiano es uno y trino! Ésta es, por lo tanto, asimismo la solemnidad de la unidad de Dios, no sólo de su trinidad. Los cristianos también creemos «en un solo Dios», sólo que la unidad en la que creemos no es una unidad de número, sino de naturaleza. Se parece más a la unidad de la familia que a la del individuo, más a la unidad de la célula que a la del átomo.

La primera lectura de la Solemnidad nos presenta al Dios bíblico como «misericordioso y clemente, tardo a la cólera y rico en amor y fidelidad». Éste es el rasgo que reúne más al Dios de la Biblia, al Dios del Islam y al Dios (mejor dicho, la religión) budista, y que se presta más, por ello, a un diálogo y a una colaboración entre las grandes religiones. Cada sura del Corán empieza con la invocación: «En el nombre de Dios, el Misericordioso, el Compasivo». En el budismo, que desconoce la idea de un Dios personal y creador, el fundamento es antropológico y cósmico: el hombre debe ser misericordioso por la solidaridad y la responsabilidad que le liga a todos los vivientes. Las guerras santas del pasado y el terrorismo religioso del presente son una traición, no una apología, de la propia fe. ¿Cómo se puede matar en nombre de un Dios al que se continúa proclamando «el Misericordioso y el Compasivo»? Es la tarea más urgente del diálogo interreligioso que juntos, los creyentes de todas las religiones, deben perseguir por la paz y el bien de la humanidad.

Rainiero Cantalamessa, (Pregador da Casa Pontificia), 10.06.2017


Éxodo 34, 4b-6.8-9;
2 Corintios 13, 11-13;
Juan 3, 16-18


19/06/2011

A Santíssima Trindade

 
Vejo a Santíssima Trindade como uma melodia:

Explico-me:

Uma melodia, só o é, se tiver um compositor que saiba conjugar e arquitectar os sons, escolhendo os instrumentos através dos quais a sua composição musical irá tomar corpo;

Também precisa de um maestro que saiba interpretar com apurada fidelidade a música composta;

E, finalmente, não dispensa a execução hábil, sabedora, tecnicamente perfeita dos vários executantes.

Deus Pai é o criador da música, com os tons, meios-tons, allegros, vibratos, toda a panóplia e riqueza harmónica possível.

Jesus Cristo é o maestro e fiel intérprete da música composta por Deus Pai, conduz a orquestra divina de forma magistral numa execução perfeita da Vontade do Pai.

O Espírito Santo é o inspirador dos executantes, dá-lhes a mestria, a capacidade interpretativa para uma performance perfeita.

Podemos, assim, ter um compositor de uma música;
Um maestro que a vai interpretar;
Uns executantes que lhe vão dar vida.

Os três podem existir separadamente mas não constituem, só por isso, uma melodia.

O compositor pode produzir uma qualquer música;
O maestro pode ter uma interpretação pessoal da música,
O executante pode limitar-se à execução técnica da música;

Neste caso não temos uma melodia mas tão só uma eventualmente bem interpretada música.

Esta só existirá quando o compositor, o maestro e o executante coordenarem de tal forma a sua actividade que o resultado seja uma perfeita harmonia melódica.

ama, 2011.06.17