02/08/2017

¿Cómo debe ser el cristiano según el Papa? Humilde, pobre, astuto, prudente, manso y hasta mártir...

Última catequesis del Papa antes de las vacaciones de verano

El Papa Francisco pronunció este miércoles su última catequesis en la Audiencia de los Miércoles antes de las vacaciones de verano y quiso hablar de las virtudes de humildad y pobreza que deben caracterizar a los cristianos.

De este modo, el Santo Padre indicó que “un cristiano que no sea humilde y pobre, despegado de las riquezas y del poder y sobre todo despegado de sí, no se asemeja a Jesús”.

Tal y como recoge Aciprensa, Francisco explicó que “los cristianos aman, pero no siempre son amados” por lo que recordó “desde el principio Jesús nos pone delante esta realidad. En una medida más o menos fuerte la confesión de la fe viene dada en un clima de hostilidad”.

La importancia de la "esperanza cristiana"
Y por ello, el Papa habló sobre que “la esperanza cristiana es la fuerza de los mártires”.

 “Los cristianos son hombres y mujeres ‘contracorriente’. Es normal: porque el mundo está marcado por el pecado, que se manifiesta en varias formas de egoísmo y de injusticia. Quien sigue a Cristo camina en dirección contraria, no por un espíritu polémico, sino por fidelidad a la lógica del Reino de Dios, que es una lógica de esperanza, y se traduce en el estilo de vida basado en las indicaciones de Jesús”, agregó.

En este sentido, el Pontífice explicó “el cristiano recorre su camino en este mundo con lo esencial del camino, pero con el corazón lleno de amor. La verdadera derrota para él o para ella es caer en la tentación de la venganza y de la violencia, respondiendo al mal con el mal”.

Prudente pero también astuto
“El cristiano –añadió Francisco- sobre todo deberá ser prudente, a veces también astuto: estas son virtudes aceptadas de la lógica evangélica. Pero la violencia nunca. Para vencer al mal, no se pueden compartir los métodos del mal. La única fuerza del cristiano es el Evangelio”, afirmó.

Por otro lado, destacó que “en los tiempos de dificultad se debe creer que Jesús está delante nuestro, y no deja de acompañar a sus discípulos”. “La persecución no es una contradicción al Evangelio, sino que forma parte: si han perseguido a nuestro Maestro, ¿cómo podemos esperar que se nos ahorre la lucha?”.

Y en medio “de las tribulaciones, el cristiano no debe perder la esperanza, pensando haber sido abandonado”, añadió. “En medio de nosotros hay uno que es más fuerte que el mal, más fuerte que las mafias, que las tramas oscuras, más fuerte que quien se lucra de los que están desesperados, de quien aplasta a los otros con prepotencia”.

"No arrogantes sino mansos"
En definitiva, el Papa en su catequesis señaló que los cristianos “deben hacerse encontrar siempre en el otro lado del mundo, el elegido por Dios: no perseguidores, sino perseguidos; no arrogantes, sino mansos; no vendedores de humo, sino sometidos a la verdad; no impostores, sino honestos”.

Y “esta fidelidad al estilo de Jesús –estilo de esperanza– hasta la muerte, vendrá llamada por los primeros cristianos con un nombre precioso: ‘martirio’, que significa ‘testimonio’”.

El Papa reconoció que se podía haber llamado de otra manera como “heroísmo, abnegación, sacrificio de sí” pero “los cristianos de los inicios lo han llamado con un nombre que perfuma el discipulado”.

El Papa y los mártires
“Los mártires no viven para sí, no combaten para afirmar las propias ideas, y aceptan tener que morir solo por fidelidad al Evangelio”. Y agregaba que “el martirio no es el ideal supremo de la vida cristiana, porque más allá de él está la caridad, es decir, el amor hacia Dios y hacia el prójimo”.

El Papa también dijo que “repugna a los cristianos la idea de que los terroristas suicidas sean llamados ‘mártires’” porque “no hay nada en su fin que pueda parecerse a la actitud de hijos de Dios”.

“A veces, leyendo las historias de tantos mártires de ayer y de hoy, permanecemos sorprendidos frente a la fortaleza con la que han afrontado la prueba. Esta fortaleza es signo de la gran esperanza que los animaba: la esperanza cierta de que nada y ninguno los podía separar del amor de Dios que nos ha sido donado en Jesucristo”.

El Papa pidió al terminar que “Dios nos done siempre la fuerza de ser sus testimonios. Nos done el vivir la esperanza cristiana sobre todo en el martirio escondido de hacer el bien y con amor nuestros deberes de cada día”.


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