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11/09/2014

Fuerza espiritual del pecado

Tanto en pecado como la gracia divina… son fuerzas espirituales, que desde luego, tienen o pueden tener una trascendencia material, pero tanto el pecado como la gracia divina, son fuerzas negativas el pecado y positivas las gracias divinas, dentro del orden superior del espíritu. El pecado y la gracia divina luchan en el interior de nuestra alma, para imponer cada una de ellas su hegemonía en nuestra alma. Es por ello, tal como ya hemos escrito en otra ocasión, que el capuchino, San Piero de Pieltrecina, decía que el alma humana es un campo de batalla entre Dios y el demonio.

En situación normal el demonio tendría todas las de perder, pero no siempre es así. En la mayoría de los casos, nosotros nos comportamos, estúpidamente como si fuésemos espectadores neutrales del combate que se celebra en nuestra propia alma, y sabiéndolo hacemos oídos sordos de que nos estamos jugando aque es nuestra eterna felicidad. Eso del fair play anglosajón, puede ser que sea muy correcto para las mentalidades protestantes desarrolladas en las brumas del norte, pero lo nuestro está más en línea, con la actitud del condestable francés Bertrand du Guesclin, que en la lucha fratricida sobre el trono de Castilla en 1367 entre Pedro el cruel y Enrique II de Trastamara, ayudó a este último y protestaron los partidarios de Pedro el cruel, a lo que, el Condestable francés contesto con una histórica frase: “Ni quito ni pongo rey pero ayudo a mi Señor”.  

Nosotros tenemos que ayudar a nuestro Señor, en la lucha que existe en nuestra alma. Es suicida por nuestra parte, permitir un fair play, El pecado como arma demoniaca nos acosa, y en nosotros está vencerlo con la fuerza de las divinas gracias, que siempre están a nuestra disposición, por medio de los canales de distribución de estas, que son los sacramentos.

Sobre el pecado escribe Jean Lafrance y nos dice: “El pecado se define en relación al amor de uno para con otro. No hay pecado si no existe otro, si Dios y nuestros hermanos no fuesen personas, no habría pecado ni culpable…. Si no existiese ese amor infinito de Dios para con nosotros, no existiría el pecado; descubrimos entonces que el fondo del misterio del pecado está constituido por nuestra ingratitud, nuestra indiferencia y nuestro endurecimiento frente a este amor. Por eso no nos queda más que invocar el artículo segundo: no somos conscientes de ello. Felizmente para nosotros, pues si estuviésemos lúcidos sería la condenación al infierno”.

Y es así, que todos sobre nosotros tenemos, una infinidad de pecados cometidos inconscientemente, pero nunca olvidemos que también tenemos sobre nuestras espaldas y conciencia ora multitud de pecados conscientemente cometidos y que si no fuese por la infinita misericordia de Dios en el sacramente de la reconciliación, al abandonar este mundo nos iríamos de cabeza al infierno. ¡Bien de acuerdo!, los pecados nos han sido perdonados y jamás el Señor, nos va a echar en caro que fuimos pecadores. Pero si conviene que  nos acordemos de nuestros pasados pecados, porque ello nos proporcionará una saludable compunción. Que es algo, que no todo el mundo practica.

La diferencia que media entre contrición o arrepentimiento y compunción o remordimiento, estriba en que con la contrición, se restablece el nivel de gracias divinas existentes anteriormente a la comisión del pecado. Con la compunción se abren las puertas de nuestra alma para recibir un mayor número de gracias, que nos proporciona el dolor de nuestro remordimiento. La compunción, es una predisposición que obtenemos para aumentar las gracias divinas, en razón del dolor que nos produce el remordimiento de nuestros pasados pecados.

Es un estado del alma, que al sentir esta, remordimiento y dolor por las faltas o pecados ya perdonados, se acerca más al amor a Dios, y ello la predispone a poder adquirir nuevas gracias que aumenten su nivel de vida espiritual, y consiguientemente, un mayor de defensas frente a las asechanzas demoniacas. La compunción es pues, es la puerta que se nos abre, al derribar nuestras barreras interiores, para llegar con más amor al encuentro con el Señor. Y este es el “animi cruciatus” o “compuctio cordis” que se nos menciona en el anterior parágrafo 1.431, del Catecismo de la Iglesia católica al decir este que: “La compunción perpetua, en la vida espiritual de un alma, es el mejor escudo y garantía de que ya no se volverá a recaer en el pecado de que se trate”

Volviendo a la naturaleza del pecado, es de ver, tal como escribe el obispo Fulton Sheen que: “Cada pecado tiene un doble elemento, material y formal. El elemento material del pecado consiste en su contenido o la materia de que está hecho, y esta siempre es buena. Nada hay en el universo visible que sea intrínsecamente malo. “Dios miró al mundo y vio que era bueno”. La bebida, la carne, el sexo, el oro el vino, son todas cosas buenas y por lo tanto deseables. Toda realidad al haber sido creado por Dios es hermosa y se halla penetrada por los divinos reflejos de sus atributos. El elemento formal del pecado es el abuso malvado y perverso de una buena cosa.

Es esta distorsión y este exagerado amor de algo lo que nos hace usarlo para un fin nocivo; transforma el amor por la carne en lujuria, el amor a la bebida en embriaguez, y el amor a la riqueza en avaricia. Es la incontinencia de la avaricia humana. No hay animal que coma o beba más de lo que le demandan las necesidades de su cuerpo material. Tampoco ningún animal copula por pura lujuria tal como lo hace el hombre. Ni tampoco viola los límites que Dios le  ha impuesto por medio de sus leyes naturales. 

Solo es el hombre que puede hacerlo porque está dotado del libre albedrío que Dios le otorga a cada uno de nosotros al tiempo de nuestro nacimiento. Todos sabemos que estamos aquí para superar una prueba de amor a Dios, para demostrarle que somos dignos de su amor a nosotros Y esto se realiza, de una sencilla forma, aceptando el infinito amor que el Él nos tiene y continuamente nos lo está demostrando. ¿Y cómo podemos demostrarle a Dios nuestro amor  a Él? Pues de una forma sencilla, no pecado que es tanto como decir cumpliendo con sus divinos preceptos.


juan del carmelo

13/10/2011

Deus tem sede de nós? 4

Duc in altum
Santa Teresa de Lisieux, costumava referir-se ardentemente a Jesus chamando-lhe mendigo, tentando, assim, convencer-nos de como Ele profundamente sedento do nosso amor. Jesus “faz-se pobre para que nós possamos dar-lhe esmola, estende-nos a mão como um mendigo (…). O mesmo Jesus (…) é quem procura o nosso amor, quem o mendiga, não quer tomar nada se não lho damos”.

Esta sede que o Senhor tem sobre nós, esta fome do nosso amor, que nós não somos capazes de captar, nem de satisfazer, demonstra-nos numa serie de manifestações que se reflectem em factos recolhidos no osso Livro sagrado, quer dizer na Bíblia.

No Apocalipse, pode ler-se: “Eu estou junto à porta e chamo: se alguém ouve a minha voz e me abre, entrarei em sua casa e cearemos juntos. O vencedor fá-lo-ei sentar-se comigo no meu trono, assim como Eu venci e me sentei com o Meu Pai no Seu trono. O que puder entender, que entenda o que o Espírito diz às Igrejas” (Ap 3,20-22).

Em muitos dos 150 salmos que compõem a salmodia podem ler-se em belos parágrafos, expressões deste tremendo amor, que Deus quer derramar sobre o homem e que este não aceita.

juan del carmelo, trad ama


12/10/2011

Deus tem sede de nós? 3

Duc in altum
Em resumo é de ver e ter presente que Deus e só Deus como criador absoluto de tudo, é a única fonte de amor, de donde emana todo o amor existente. Nós ao que chamamos “amar a Deus”, é desejar o amor de Deus, nós só desejamos. È bem verdade que este desejo de amar a Deus quando o temos imediatamente está satisfeito, porque Deus tem sede, de que nós tenhamos sede do seu amor.

Deus tem o desejo de que todos aceitemos o Seu amor, para nossa salvação, porque não nos esquecemos que nos encontramos aqui em baixo para superar uma prova, precisamente uma prova, na qual demonstremos com o nosso desejo de amar a Deus, que estamos desejosos de ser eternamente felizes na Sua glorificação. E esta terrível sede, do nosso desejo de amor, é um tormento para Deus, porque para Ele é uma tragédia, ter um imenso e ilimitado amor a nós e não encontrar, suficiente número de pessoas das por Ele criadas, que tenham por sua vez, vivos desejos de receber o Seu amor.

Esta foi a descoberta de uma alma, totalmente enamorada e entregue ao amor de Deus, estou a referir-me à carmelita descalça, Santa Teresa de Lisieux, que na sua loucura do desejo de receber amor de Deus, criou o voto de “vítima do amor de Deus”, que é um voto de aceitação de todo o amor que o Senhor queira derramar sobre uma alma.

juan del carmelo, trad ama


11/10/2011

Deus tem sede de nós? 2

Duc in altum
Mas para todos os efeitos, Deus não só criou o visível mas também o invisível, tal como nos assegura o Credo de Niceia – Constantinopla: “Creio num só Deus, Pai Todo-poderoso, Criador do céu e da terra, de todo o visível e o invisível…” O Catecismo de a Igreja católica no seu parágrafo 325 recolhe esta afirmação do Credo de Niceia – Constantinopla. “O Símbolo dos Apóstolos professa que Deus é "o Criador do céu e da terra", e o Símbolo Niceno-Constantinopolitano explicita: "...de todo o visível e o invisível".

Por outro lado, é de ver que a essência de Deus é o amor, como reiteradamente se expressa São João: “E nós conhecemos e acreditamos no amor que Deus nos tem. Deus é amor, e o que vive em amor permanece em Deus, e Deus nele” (1Jo 4,16). Assim temos também outra afirmação muito importante de São João, no sentido de que se nós amamos é porque Deus nos amou primeiro, quer dizer nós não geramos amor, só, o recebemos de Deus, o que nós chamamos amor é só um reflexo do amor que Deus nos tem. "… quem teme não chegou à plenitude no amor. Nós amemos, porque ele nos amou primeiro” (1Jo 4,19).

juan del carmelo, trad ama


10/10/2011

Deus tem sede de nós? 1

Duc in altum
A sede de algo, como sabemos, é o desejo de algo. E o desejo é sempre um antecedente necessário para a obtenção desse algo que se deseja, ou do que se tem sede. Se se carece do desejo, a vontade de actuar para conseguir o que se deseja, não se põe em marcha.

O título de este comentário, coloca-nos uma pergunta: O que é isso, que nós temos e do que tem o Senhor sede?   Mais de um mentalmente, se dará a resposta dizendo, que do que Senhor tem sede é de nosso amor e não é isso exactamente. Entre outras razões, por a existência de um principio básico que diz que: Ninguém dá o que não tem. Vejamos.

Se somos crentes e aceitamos o facto de que Deus é eterno, não tem princípio nem terá fim, é um Ser ilimitado em todas as suas qualidades e com a sua omnipotência e omnisciência é o Criador de tudo o visível e de o invisível, quer dizer: tanto na ordem  material, a que pertence o mundo que pisamos, como a ordem do espiritual ou do invisível, ambos e talvez outras ordens que desconhecemos foram criadas por Deus.

juan del carmelo, trad ama


07/10/2011

A nossa coroação 7

Para lá do Túnel

.- Deus não nega a sua ajuda ao homem que faz quanto pode, na medida das suas forças. Porque o desejo ardente de salvar-se engendra sempre a salvação eterna.


.- É suicida confiar a salvação eterna à misericórdia divina, a qual nunca se gera, se previamente não há um arrependimento. Bento XVI, quando era cardeal Ratzinger, escrevia: “Para o verdadeiro crente resulta claro, que não é possível empregar a segurança do perdão divino como um salvo-conduto para o inferno”.


.- Assegura Royo Marín, que:  “A devoção entranhável à Virgem foi sempre considerada como um grande sinal de predestinação, e na sua voluntaria e sistemática omissão viu-se sempre um dos mais pavorosos sinais de condenação eterna”.  E se alguém quiser reforçar a sua salvação e ter segurança plena nela há-de acudir à Virgem, porque: A devoção entranhável à Virgem foi sempre considerada como um grande sinal de predestinação, e na sua voluntaria e sistemática omissão viu-se sempre um dos mais pavorosos sinais de condenação eterna.
E sobretudo o amor, o amor e o amor ao Senhor. É impossível que aquele que tenha amado de verdade não seja coroado no final. Ele ama-nos muito mais de o nalguém seja capaz de imaginar, e se encontra uma alma enamorada dele, protege-a de tal forma e com tal cúmulo de graças, que ao demónio é impossível abater esta alma com as suas tentações.

Juan del Carmelo, trad ama

06/10/2011

A nossa coroação 6

Para lá do Túnel
.- Por isso se diz que só há duas classes de pessoas: as que dizem a Deus: 
“Faça-se a Tua vontade”, e aquelas a quem é Deus que lhes diz no último instante: “Faça-se a tua vontade”. Todos os que estão no inferno assim o decidiram. Sem esta auto-eleição não poderia existir o inferno. Nenhuma alma que deseje a felicidade séria e constantemente a perderá. O que não se pode fazer é jogar com dois baralhos, com o Senhor.


.- Sem a oração não há salvação possível. Santo Afonso Maria Ligorio dizia: “O que reza, certamente salva-se; o que não reza, condena-se.  Todos os condenados se condenaram porque não fizeram oração; se tivesse orado com constância, ter-se-iam salvo”. A sensu contrario é sabido que: O homem que nunca cessa de pedir a graça da sua salvação, está seguro de que irá para o céu.

Juan del Carmelo, trad ama

05/10/2011

A nossa coroação 5

Para lá do Túnel
Neste tema da salvação, convém-nos ter as ideias muito claras, porque é muito o que está em jogo e são vários os princípios fundamentais, que sempre temos de não esquecer:


.- O Senhor está mais interessado na tua salvação que tu próprio, e Ele fará o possível e o impossível para que te salves, mas sempre que não tenha que violar o livre alvedrio de que te dotou.


.- Deus pode fazer milagres, para a salvação de qualquer um incluindo um impenitente pecador arrependido, mas o que não pode fazer, é salvar ninguém contra a sua vontade. Dizia Santo Agostinho: “Deus que te criou sem ti, não quer salvar-te sem ti”.

Juan del Carmelo, trad ama

04/10/2011

A nossa coroação 4

Para lá do Túnel
Ninguém tem, desde logo, a salvação assegurada a 100%, salvo no caso de uma revelação privada do Senhor, e se estritamente nos reportarmos às palavras de São Pedro na sua primeira epístola, o tema torna-se muito inquietante, por ser muito pouco consoladoras as suas palavras quando escreve: “E se o justo se salva a duras penas, que será do ímpio e do pecador?”. (1Pe 4,18). E sem todavia São Paulo mais em linha com o que antes escrevemos, diz-nos: “Não têm que temer ser condenados os que estão unidos a Cristo e não vivem segundo os desejos da carne” (Rm 8,1). E noutra epístola a os Gálatas, São Paulo diz-nos: “O que alguém semeie isso colherá. O que semeia para a carne, dela colherá corrupção; o que semeia para o espírito, do Espírito colherá vida eterna” (Ga 6,7b-8). Por outras palavras, existe o aforismo, que diz: Tal como se vive assim se morre.

Juan del Carmelo, trad ama

03/10/2011

A nossa coroação 3

Para lá do Túnel
Se perseveramos na nossa fé, todos os chamados, seremos coroados, quer dizer, salvos. E não temos razões para pensar o contrário, se é que lutamos em conservar nossa fé e manter o amor ao Senhor, pois da mesma maneira que nos custa desarreigar os nossos vícios; mais o custa ao demónio desarreigarmos das nossas virtudes com as suas tentações. 


João Paulo II na sua “Vida de Cristo” diz-nos: “Salvar, quer dizer: libertar do mal. Jesus Cristo é o salvador do mundo porque veio libertar o homem desse mal fundamental, que invadiu a intimidade do homem ao longo de toda a sua história”.

Juan del Carmelo, trad ama

02/10/2011

A nossa coroação 2

Para lá do Túnel
Desde logo ninguém pode acusar São Paulo de falsa modéstia. Não se deve ir pela vida, acusando-se de ser um pecador sem remédio, que não pode aspirar à Jerusalém celestial: Primeiro, porque não há pecado por terrível que seja, que o Senhor não esteja disposto a perdoar e em segundo lugar, se se vive na graça e na amizade de Deus, ser-se-á sempre uma pessoa alegre, porque a tristeza é um património de satanás. De outro lado ninguém deve ocultar a sua amizade com o Senhor, pois Ele disse-o muito claramente: "Pois a todo o que me confessar diante dos homens, eu também o confessarei diante de meu Pai, que está nos céus: mas a todo o que me negar diante dos homens, eu o também eu o negarei diante de meu Pai, que está nos céus” (Mt 10,32-33).

Juan del Carmelo, trad ama

01/10/2011

A nossa coroação

Para lá do Túnel
Talvez para alguém, seja um pouco chocante o título desta glosa. Mas é o caso, de que conforme as nossas crenças, as dos que as tenham naturalmente, viemos a este mundo para superar uma prova, uma prova de amor ao Senhor, nosso Pai celestial e aqueles que consigam superá-la, serão coroados, serão deificados com a glória de seu Pai celestial. Desde o baptismo todos somos filhos adoptivos do Senhor, e depois de terminar esta vida, esta condição de filhos de Deus ratificar-se-á se é que tivermos aceitado o amor de nosso Pai celestial, se não for assim, teremos escolhido ir para as trevas de Pedro Botero.

São Paulo tem uma bela passajem na sua segunda epístola a Timóteo, que diz:  “Porque eu estou a ponto de ser derramado em libação e o momento da minha partida é iminente. Competi na nobre competição, cheguei à meta na carreira, conservei a fé. E desde agora aguarda-me a coroa da justiça que naquele Dia me entregará o Senhor, o justo Juiz; e não somente a mim, mas também a todos os que tenha esperado com amor a sua Manifestação” (2Tm 4,6-8).

Juan del Carmelo, trad ama

05/09/2011

Os milagres geram milagres

Milagres
É que para o que goza de fé, tudo o que se passa é puro milagre, a sua vida, a sua existência, tudo é milagre.
Portanto se partimos deste princípio, temos de saber que a marca de Deus, como vimos afirmando, está sempre presente em todos os acontecimentos que nos rodeiam; nuns eventos manifesta-se com uma extrema clareza e noutros, esta marca esconde-se, oculta-se sempre sobretudo, para aqueles que olhando não vêm e observando não compreendem nem entendem, porque tal é a divina vontade. Assim Nosso Senhor num determinado momento, manifestou: “Naquela hora sentiu-se inundado de gozo no Espírito Santo e disse: Eu te bendigo, Pai, Senhor do céu e da terra, porque ocultaste estas coisas aos sábios e prudentes e as revelaste aos pequeninos. Sim, Pai, porque tal foi o teu beneplácito” (Lc 10,21).

juan del carmelo, trad ama 

04/09/2011

Os milagres geram milagres

Milagres
A experiência pessoal de um cristão vale por um milagre, e o melhor e mais valioso 
do mesmo, é a sua simples presença como tal; é dar testemunho do seu amor a Cristo, fazer ver aos demais, esse milagre que Ele é, vivendo os mistérios da fé. São Tomás dizia que: “O que se põe a rezar, realiza um milagre maior que se ressuscitasse um morto”.
O que crê e ama de verdade, continuamente para onde quer que olhe, verá milagres à sua volta. Para o que não crê nem ama, nenhum milagre o fará mudar de opinião.
Conta-se, que o filósofo francês Blas Pascal, esperava um dia um amigo no alto do monte. O amigo, caiu do cavalo quando viu Pascal e disse que era um milagre que não se tivesse despenhado, ao que Pascal o replicou dizendo: maior milagre é o meu, que subi até aqui acima e não me aconteceu nada.

juan del carmelo, trad ama 

03/09/2011

Os milagres geram milagres

Milagres
Stawomir Biela autor espiritual polaco, diz que: “O reconhecimento do próprio nada, a confiança de menino em Deus e a fé em no seu amor, é o que conformam a atitude que torna possível o milagre”.
Tudo, tudo o que nos rodeia, seja o que for, circunstâncias, objectos, factos, atitudes, … etc., tudo absolutamente tudo, tem imprimido em si a marca do Criador. Tudo existe e se mantém, porque Deus assim o dispõe, se dispusesse o contrario a sua existência, tudo incluído os seres humanos, retornaríamos ao nada total e absoluto, donde tudo e todos saímos.
A fé, e nada mais que a fé, é o que se necessita para poder ver e compreender, porque há coisas e acontecimentos que só se podem ver e compreender, com os olhos da alma, e para ter bem abertos estes olhos, faz falta ter muita humildade, como geralmente têm todos os pequenos.

juan del carmelo, trad ama 

02/09/2011

Os milagres geram milagres

Milagres
Em todas as aparições da Virgem, antigas ou actuais, desde logo tem havido casos de conversões, muitas delas desgraçadamente sem posterior perseverança, pois a conversão é o primeiro degrau, mas há que subir a escadaria. Mas o número dos convertidos perseverantes, são escassos, em relação à magnitude do facto milagroso que nossa Senhora levou a cabo. E em mais de um caso há uma certa histeria e não uma reflexão madura, acerca de qual é a vontade de nossa Senhora ao aparecer, vontade esta, que desde logo é sempre idêntica à do seu Filho.
O Senhor preocupa-se mais, com a fé do que Lhe pedia que curasse o seu corpo, ou também a fé do que apresentava o doente como no caso do menino lunático, em o que o pai do menino o perguntou ao Senhor se podia curá-lo: Jesus disse-lhe: «Se podes...! Tudo é possível a quem crê». 24 Imediatamente o pai do menino exclamou: «Eu creio! Auxilia a minha falta de fé». 25 Jesus, vendo aumentar a multidão, ameaçou o espírito imundo, dizendo-lhe: «Espírito mudo e surdo, Eu te mando, sai desse menino e não voltes a entrar nele!». 26 Então, dando gritos e agitando-se com violência, saiu dele, e o menino ficou como morto, tanto que muitos diziam: «Está morto». 27 Porém, Jesus, tomando-o pela mão, levantou-o, e ele pôs-se em pé. (Mc 9, 14-27).

juan del carmelo, trad ama 

01/09/2011

Os milagres geram milagres

Milagres
Que os milagres não são um remédio contra a incredulidade, deixou-nos 
claramente dito nosso Senhor, na parábola de Lázaro e o rico Epulón, quando este já condenado desde o inferno e ante a impossibilidade de que ao menos, o mendigo Lázaro, refrescasse a sua língua com o seu dedo molhado em água, o rico Epulón peça a Abraão  Rogo-te, pois, ó pai, que o mandes à minha casa paterna, pois tenho cinco irmãos, para que os advirta disto, e não suceda virem também eles parar a este lugar de tormentos. Abraão disse-lhe: Têm Moisés e os profetas; oiçam-nos. Ele, porém, disse: Não basta isso, pai Abraão, mas, se alguém do reino dos mortos for ter com eles, farão penitência. Ele disse-lhe: Se não ouvem Moisés e os profetas, também não acreditarão, ainda que ressuscite alguém dentre os mortos” (Lc 16,28-31).
A dureza do coração do homem vai aumentando quando este caminha afastando-se de Deus, e chega um momento, em que o milagre não o converte. O demónio já se encarregará de dar argumentos à sua mente para que repudie a evidência do milagre. É em o homem que caminha para Deus, onde o milagre surte maior efeito, pois aumenta a fé deste.  Nisto de ver os milagres, podemos ter em conta o que diz um provérbio chinês: “O sábio mostra o céu, mas o tonto mira o dedo”. Se bem que os sinais possam atrair as multidões interessadas, estes não desembocam automaticamente num processo pessoal de fé.

juan del carmelo, trad ama 

04/07/2011

Os milagres geram milagres

Milagres
Possivelmente a ressurreição de Lázaro, que não foi a única que o Senhor realizou, 
é a que teve mais difusão e importância social no mundo judeu, pois, realizou-se nas proximidades de Jerusalém, em período de festas e teve uma enorme difusão. E todavia, nem toda a gente se converteu nem reconheceu ou aceitou o milagre, mais, foram bastantes os que correram a Jerusalém, mais que para notificar o facto, denunciá-lo ao Sinédrio, como se o Senhor tivesse cometido um delito. Então, muitos dos judeus que tinham ido visitar Maria e Marta, vendo o que Jesus fizera, acreditaram n'Ele. Porém, alguns deles foram ter com os fariseus e contaram-lhes o que Jesus tinha feito. Os pontífices e os fariseus reuniram-se então em conselho e disseram: «Que fazemos, já que Este homem faz muitos milagres? Se O deixamos proceder assim, todos acreditarão n'Ele; e virão os romanos e destruirão a nossa cidade e a nossa nação!». Mas um deles, chamado Caifás, que era o Sumo-sacerdote naquele ano, disse-lhes: «Vós não sabeis nada, nem considerais que vos convém que morra um homem pelo povo e que não pereça toda a nação! (Jn 11,45-50). Como vemos a ressurreição de Lázaro, não só não converteu o Sinédrio como que foi o detonador da morte do Senhor.

juan del carmelo, trad ama