Padroeiros do blog: SÃO PAULO; SÃO TOMÁS DE AQUINO; SÃO FILIPE DE NÉRI; SÃO JOSEMARIA ESCRIVÁ
28/05/2018
Temas para reflectir e meditar
Evangelho e comentário
Evangelho: Mc 10, 17-27
17 Quando se punha a caminho, alguém
correu para Ele e ajoelhou-se, perguntando: «Bom Mestre, que devo fazer para
alcançar a vida eterna?» 18 Jesus disse: «Porque me chamas bom? Ninguém é bom
senão um só: Deus. 19 Sabes os mandamentos: Não mates, não cometas adultério,
não roubes, não levantes falso testemunho, não defraudes, honra teu pai e tua
mãe.» 20 Ele respondeu: «Mestre, tenho cumprido tudo isso desde a minha
juventude.» 21 Jesus, fitando nele o olhar, sentiu afeição por ele e disse:
«Falta-te apenas uma coisa: vai, vende tudo o que tens, dá o dinheiro aos
pobres e terás um tesouro no Céu; depois, vem e segue-me.» 22 Mas, ao ouvir
tais palavras, ficou de semblante anuviado e retirou-se pesaroso, pois tinha
muitos bens. 23 Olhando em volta, Jesus disse aos discípulos: «Quão difícil é
entrarem no Reino de Deus os que têm riquezas!» 24 Os discípulos ficaram
espantados com as suas palavras. Mas Jesus prosseguiu: «Filhos, como é difícil
entrar no Reino de Deus! 25 É mais fácil passar um camelo pelo fundo de uma
agulha, do que um rico entrar no Reino de Deus.» 26 Eles admiraram-se ainda
mais e diziam uns aos outros: «Quem pode, então, salvar-se?» 27 Fitando neles o
olhar, Jesus disse-lhes: «Aos homens é impossível, mas a Deus não; pois a Deus
tudo é possível.»
Comentário:
O Evangelho é
sempre actual!
Esta passagem de
São Marcos reflecte muitíssimo bem o que Jesus Cristo estabelece sobre o
matrimónio.
Doutrina da Igreja é clara neste candente assunto.
O Papa, o Magistério, estão atentos e debruçam-se com empenho na procura de
orientações simples mas seguras que permitam aos cristãos viver como Deus quer
que vivam.
É estrita obrigação de todos rezar intensamente ao
Espírito Santo para que ilumine e guie a Igreja.
(ama, comentário sobre Mc 10, 13-16,
25.05.2013)
Leitura espiritual
Segundo a edição de 1562
PRÓLOGO
CAPÍTULO 30
1.
Pues viendo yo lo poco o nonada que podía hacer para no tener estos ímpetus tan
grandes, también temía de tenerlos; porque pena y contento no podía yo entender
cómo podía estar junto; que ya pena corporal y contento espiritual, ya lo sabía
que era bien posible; mas tan excesiva pena espiritual y con tan grandísimo
gusto, esto me desatinaba.
Aún
no cesaba en procurar resistir, mas podía tan poco, que algunas veces me cansaba.
Amparábame con la cruz y queríame defender del que con ella nos amparó a todos.
Veía que no me entendía nadie, que esto muy claro lo entendía yo; mas no lo
osaba decir sino a mi confesor, porque esto fuera decir bien de verdad que no
tenía humildad.
2.
Fue el Señor servido remediar gran parte de mi trabajo - y por entonces todo -
con traer a este lugar al bendito Fray Pedro de Alcántara, de quien ya hice
mención y dije algo de su penitencia, que, entre otras cosas, me certificaron
había traído veinte años cilicio de hoja de lata continuo. Es autor de unos
libros pequeños de oración que ahora se tratan mucho, de romance, porque como quien
bien la había ejercitado, escribió harto provechosamente para los que la
tienen. Guardó la primera Regla del bienaventurado San Francisco con todo rigor
y lo demás que allá queda algo dicho.
3.
Pues como la viuda sierva de Dios, que he dicho, y amiga mía, supo que estaba
aquí tan gran varón, y sabía mi necesidad, porque era testigo de mis
aflicciones y me consolaba harto, porque era tanta su fe que no podía sino
creer que era espíritu de Dios el que todos los más decían era del demonio, y
como es persona de harto buen entendimiento y de mucho secreto y a quien el
Señor hacía harta merced en la oración, quiso Su Majestad darla luz en lo que los
letrados ignoraban. Dábanme licencia mis confesores que descansase con ella
algunas cosas, porque por hartas causas cabía en ella. Cabíale parte algunas
veces de las mercedes que el Señor me hacía, con avisos harto provechosos para
su alma.
Pues
como lo supo, para que mejor le pudiese tratar, sin decirme nada recaudó
licencia de mi Provincial para que ocho días estuviese en su casa, y en ella y
en algunas iglesias le hablé muchas veces esta primera vez que estuvo aquí, que
después en diversos tiempos le comuniqué mucho. Como le di cuenta en suma de mi
vida y manera de proceder de oración, con la mayor claridad que yo supe, que
esto he tenido siempre, tratar con toda claridad y verdad con los que comunico
mi alma, hasta los primeros movimientos querría yo les fuesen públicos, y las
cosas más dudosas y de sospecha yo les argüía con razones contra mí, así que
sin doblez ni encubierta le traté mi alma.
4.
Casi a los principio vi que me entendía por experiencia, que era todo lo que yo
había menester; porque entonces no me sabía entender como ahora, para saberlo
decir, que después me lo ha dado Dios que sepa entender y decir las mercedes
que Su Majestad me hace, y era menester que hubiese pasado por ello quien del
todo me entendiese y declarase lo que era. El me dio grandísima luz, porque al
menos en las visiones que no eran imaginarias no podía yo entender qué podía
ser aquello, y parecíame que en las que veía con los ojos del alma tampoco entendía
cómo podía ser; que -como he dicho- sólo las que se ven con los ojos corporales
era de las que me parecía a mí había de hacer caso, y éstas no tenía.
5.
Este santo hombre me dio luz en todo y me lo declaró, y dijo que no tuviese
pena, sino que alabase a Dios y estuviese tan cierta que era espíritu suyo,
que, si no era la fe, cosa más verdadera no podía haber, ni que tanto pudiese
creer. Y él se consolaba mucho conmigo y hacíame todo favor y merced, y siempre
después tuvo mucha cuenta conmigo y daba parte de sus cosas y negocios. Y como
me veía con los deseos que él ya poseía por obra -que éstos dábamelos el Señor
muy determinados- y me veía con tanto ánimo, holgábase de tratar conmigo; que a
quien el Señor llega a este estado no hay placer ni consuelo que se iguale a
topar con quien le parece le ha dado el Señor principios de esto; que entonces
no debía yo tener mucho más, a lo que me parece, y plega al Señor lo tenga
ahora.
6.
Húbome grandísima lástima. Díjome que uno de los mayores trabajos de la tierra
era el que había padecido, que es contradicción de buenos, y que todavía me
quedaba harto, porque siempre tenía necesidad y no había en esta ciudad quien
me entendiese; mas que él hablaría al que me confesaba y a uno de los que me
daban más pena, que era este caballero casado que ya he dicho. Porque, como quien
me tenía mayor voluntad, me hacía toda la guerra. Y es alma temerosa y santa, y
como me había visto tan poco había tan ruin, no acababa de asegurarse.
Y
así lo hizo el santo varón, que los habló a entrambos y les dio causas y
razones para que se asegurasen y no me inquietasen más. El confesor poco había
menester; el caballero tanto, que aun no del todo bastó, mas fue parte para que
no tanto me amedrentase.
7.
Quedamos concertados que le escribiese lo que me sucediese más de ahí adelante,
y de encomendarnos mucho a Dios; que era tanta su humildad, que tenía en algo
las oraciones de esta miserable, que era harta mi confusión. Dejóme con
grandísimo consuelo y contento, y con que tuviese la oración con seguridad, y que
no dudase de que era Dios; y de lo que tuviese alguna duda y, por más
seguridad, de todo diese parte al confesor, y con esto viviese segura.
Mas
tampoco podía tener esa seguridad del todo, porque me llevaba el Señor por
camino de temer, como creer que era demonio cuando me decían que lo era. Así
que temor ni seguridad nadie podía que yo la tuviese de manera que les pudiese
dar más crédito del que el Señor ponía en mi alma. Así que, aunque me consoló y
sosegó, no le di tanto crédito para quedar del todo sin temor, en especial
cuando el Señor me dejaba en los trabajos de alma que ahora diré. Con todo,
quedé -como digo- muy consolada.
No
me hartaba de dar gracias a Dios y al glorioso padre mío San José, que me
pareció le había él traído, porque era Comisario General de la Custodia de San
José, a quien yo mucho me encomendaba y a nuestra Señora.
8.
Acaecíame algunas veces -y aun ahora me acaece, aunque no tantas- estar con tan
grandísimos trabajos de alma junto con tormentos y dolores de cuerpo, de males
tan recios, que no me podía valer.
Otras
veces tenía males corporales más graves, y como no tenía los del alma, los
pasaba con mucha alegría; mas cuando era todo junto, era tan gran trabajo que
me apretaba muy mucho. Todas las mercedes que me había hecho el Señor se me olvidaban.
Sólo quedaba una memoria como cosa que se ha soñado, para dar pena. Porque se
entorpece el entendimiento de suerte, que me hacía andar en mil dudas y
sospecha, pareciéndome que yo no lo había sabido entender y que quizá se me
antojaba y que bastaba que anduviese yo engañada sin que engañase a los buenos.
Parecíame
yo tan mala, que cuantos males y herejías se habían levantado me parecía eran
por mis pecados.
9.
Esta es una humildad falsa que el demonio inventaba para desasosegarme y probar
si puede traer el alma a desesperación.
Tengo
ya tanta experiencia que es cosa de demonio, que, como ya ve que le entiendo,
no me atormenta en esto tantas veces como solía. Vese claro en la inquietud y
desasosiego con que comienza, y el alboroto que da en el alma todo lo que dura,
y la oscuridad y aflicción que en ella pone, la sequedad y mala disposición
para oración ni para ningún bien. Parece que ahoga el alma y ata el cuerpo para
que de nada aproveche. Porque la humildad verdadera, aunque se conoce el alma
por ruin, y da pena ver lo que somos, y pensamos grandes encarecimientos de
nuestra maldad, tan grandes como los dichos, y se sienten con verdad, no viene
con alboroto ni desasosiega el alma ni la oscurece ni da sequedad; antes la
regala, y es todo al revés: con quietud, con suavidad, con luz. Pena que, por
otra parte conforta de ver cuán gran merced la hace Dios en que tenga aquella
pena y cuán bien empleada es.
Duélele
lo que ofendió a Dios. Por otra parte, la ensancha su misericordia. Tiene luz
para confundirse a sí y alaba a Su Majestad porque tanto la sufrió.
En
estotra humildad que pone el demonio, no hay luz para ningún bien, todo parece
lo pone Dios a fuego y a sangre. Represéntale la justicia, y aunque tiene fe
que hay misericordia, porque no puede tanto el demonio que la haga perder, es
de manera que no me consuela, antes cuando mira tanta misericordia, le ayuda a
mayor tormento, porque me parece estaba obligada a más.
10.
Es una invención del demonio de las más penosas y sutiles y disimuladas que yo
he entendido de él, y así querría avisar a vuestra merced para que, si por aquí
le tentare, tenga alguna luz y lo conozca, si le dejare el entendimiento para
conocerlo. Que no piense que va en letras y saber, que, aunque a mí todo me
falta, después de salida de ello bien entiendo es desatino. Lo que he entendido
es que quiere y permite el Señor y le da licencia, como se la dio para que
tentase a Job, aunque a mí -como a ruin- no es con aquel rigor.
SANTA TERESA DE JESÚS O DE ÁVILA
Diálogos apostólicos
Pergunto:
Como formar bem a
consciência?
Respondo:
O juízo moral da
inteligência torna-se mais certeiro se o homem obtém mais conhecimento pelas
duas fontes anteriores.
Para conhecer melhor a
natureza humana é bom fomentar o desejo de procurar a verdade e fazer o bem.
Pois que, também sobre este último, ao fazer o mal, a inteligência acostuma-se
e perde claridade de juízo.
Para aprender ou recordar
os ensinamentos de Jesus Cristo, terá de recorrer aos meios de formação cristã:
palestras, homilias, cursilhos, livros, etc.
Para a aplicação prática
desses conhecimentos, será bom escutar o conselho de pessoas boas e entendidas.
El reto del amor
VIVE DE CRISTO®Dominicas de Lerma
Publicações em 28 Maio
NOTA de AMA:
Reenvie para os seus amigos este mail.
Ajude a difundir NUNC COEPI.
NUNC COEPI é visto com frequência quase diária em vários países da Europa, Américas, Ásia... um pouco por todo o mundo, tem cerca de 9.000 membros no circulo e 8.880 no Face Book.
NUNC COEPI tem como único objectivo o trabalho apostólico de informação e formação Cristã seguindo as recomendações do Magistério da Igreja Católica.
Se quiser, e para evitar duplicações, pode comunicar os seus reenvios para: ontiano@gmail.com
Igualmente se não quer receber estes mail, por favor diga.
Publicações em 28 de Maio 2018:
- Temas para reflectir e meditar
- Evangelho e comentário
- Leitura espiritual
- Devoción a la Virgen
- Diálogos apostólicos
- El reto del amor
- Pequena agenda do cristão
Pequena agenda do cristão
(Coisas muito simples, curtas, objectivas)
Propósito:
Sorrir; ser amável; prestar serviço.
Senhor que eu faça "boa cara" que seja alegre e transmita aos outros, principalmente em minha casa, boa disposição.
Senhor que eu sirva sem reserva de intenção de ser recompensado; servir com naturalidade; prestar pequenos ou grandes serviços a todos mesmo àqueles que nada me são. Servir fazendo o que devo sem olhar à minha pretensa “dignidade” ou “importância” “feridas” em serviço discreto ou desprovido de relevo, dando graças pela oportunidade de ser útil.
Lembrar-me:
Papa, Bispos, Sacerdotes.
Que o Senhor assista e vivifique o Papa, santificando-o na terra e não consinta que seja vencido pelos seus inimigos.
Que os Bispos se mantenham firmes na Fé, apascentando a Igreja na fortaleza do Senhor.
Que os Sacerdotes sejam fiéis à sua vocação e guias seguros do Povo de Deus.
Pequeno exame:
Cumpri o propósito que me propus ontem?
27/05/2018
Temas para reflectir e meditar
Família cristãOs esposos cristãos são para si mesmos, para os seus filhos e demais família, cooperadores da graça e testemunhas da fé.
São para os seus filhos os primeiros pregadores e educadores da fé; formam-nos com a sua palavra e o seu exemplo para a vida cristã e apostólica, ajudam-nos prudentemente a eleger a sua vocação e fomentam com todo o esmero a vocação sagrada quando a descobrem nos seus filhos.
(CV II, Decr. Apostolicam actuositatem, 11)
Evangelho e comentário
Domingo da
Santíssima Trindade
Evangelho: Mt 28, 16-20
16
Os onze discípulos partiram para a Galileia, para o monte que Jesus lhes tinha
indicado. 17 Quando o viram, adoraram-no; alguns, no entanto, ainda duvidavam.
18 Aproximando-se deles, Jesus disse-lhes: «Foi-me dado todo o poder no Céu e
na Terra. 19 Ide, pois, fazei discípulos de todos os povos, baptizando-os em
nome do Pai, do Filho e do Espírito Santo, 20 ensinando-os a cumprir tudo
quanto vos tenho mandado. E sabei que Eu estarei sempre convosco até ao fim dos
tempos.»
Comentário:
O Senhor dá por terminada
a missão que o trouxe à terra
e regressa ao céu. Antes, porém, deixa
umas derradeiras palavras, que, de certo modo, resumem essa mesma missão:
«Foi-me
dado todo o poder no Céu e na Terra. Ide, pois, fazei discípulos de todos os
povos, baptizando-os em nome do Pai, do Filho e do Espírito Santo, ensinando-os
a cumprir tudo quanto vos tenho mandado. E sabei que Eu estarei sempre convosco
até ao fim dos tempos.»
Primeiro confirma que é Deus com todo o poder sobre o
universo; depois a propagação do Reino de Deus por toda a terra e, finalmente,
a garantia de que nunca nos abandonará.
Podemos estar descansados e confiantes pois – se
realmente quisermos – seremos capazes de cumprir o Se Mandato e alcançar a vida
eterna nosso último fim.
(AMA, comentário sobre Mt
28, 16-20, 28.05.2017)
Leitura espiritual
Segundo a edição de 1562
PRÓLOGO
CAPÍTULO 29
6
Dábame este dar higas grandísima pena cuando veía esta visión del Señor;
porque cuando yo le veía presente, si me hicieran pedazos no pudiera yo creer
que era demonio, y así era un género de penitencia grande para mí. Y, por no
andar tanto santiguándome, tomaba una cruz en la mano. Esto hacía casi siempre;
las higas no tan continuo, porque sentía mucho.
Acordábame
de las injurias que le habían hecho los judíos, y suplicábale me perdonase,
pues yo lo hacía por obedecer al que tenía en su lugar, y que no me culpase,
pues eran los ministros que El tenía puestos en su Iglesia. Decíame que no se
me diese nada, que bien hacía en obedecer, mas que él haría que se entendiese
la verdad. Cuando me quitaban la oración, me pareció se había enojado. Díjome
que les dijese que ya aquello era tiranía. Dábame causas para que entendiese
que no era demonio. Alguna diré después.
7.
Una vez, teniendo yo la cruz en la mano, que la traía en un rosario, me la tomó
con la suya, y cuando me la tornó a dar, era de cuatro piedras grandes muy más
preciosas que diamantes, sin comparación, porque no la hay casi a lo que se ve
sobrenatural.
Diamante
parece cosa contrahecha e imperfecta, de las piedras preciosas que se ven allá.
Tenía las cinco llagas de muy linda hechura. Díjome que así la vería de aquí
adelante, y así me acaecía, que no veía la madera de que era, sino estas
piedras. Mas no lo veía nadie sino yo.
En
comenzando a mandarme hiciese estas pruebas y resistiese, era
muy
mayor el crecimiento de las mercedes. En queriéndome divertir, nunca salía de
oración. Aun durmiendo me parecía estaba en ella. Porque aquí era crecer el
amor y las lástimas que yo decía al Señor y el no lo poder sufrir; ni era en mi
mano, aunque yo quería y más lo procuraba, de dejar de pensar en El. Con todo,
obedecía cuando podía, mas podía poco o nonada en esto, y el Señor nunca me lo
quitó; mas, aunque me decía lo hiciese, asegurábame por otro cabo, y enseñábame
lo que les había de decir, y así lo hace ahora, y dábame tan bastantes razones,
que a mí me hacía toda seguridad.
8.
Desde a poco tiempo comenzó Su Majestad, como me lo tenía prometido, a señalar
más que era El, creciendo en mí un amor tan grande de Dios, que no sabía quién
me le ponía, porque era muy sobrenatural, ni yo le procuraba. Veíame morir con
deseo de ver a Dios, y no sabía adónde había de buscar esta vida, si no era con
la muerte. Dábanme unos ímpetus grandes de este amor, que, aunque no eran tan
insufrideros como los que ya otra vez he dicho ni de tanto valor, yo no sabía
qué me hacer; porque nada me satisfacía, ni cabía en mí, sino que
verdaderamente me parecía se me arrancaba el alma. ¡Oh artificio soberano del
Señor! ¡Qué industria tan delicada hacíais con vuestra esclava miserable!
Escondíaisos
de mí y apretábaisme con vuestro amor, con una muerte tan sabrosa que nunca el
alma querría salir de ella.
9.
Quien no hubiere pasado estos ímpetus tan grandes, es imposible poderlo
entender, que no es desasosiego del pecho, ni unas devociones que suelen dar
muchas veces, que parece ahogan el espíritu, que no caben en sí. Esta es
oración más baja, y hanse de evitar estos aceleramientos con procurar con
suavidad recogerlos dentro en sí y acallar el alma; que es esto como unos niños
que tienen un acelerado llorar, que parece van a ahogarse, y con darlos a
beber, cesa aquel demasiado sentimiento. Así acá la razón ataje a encoger la
rienda, porque podría ser ayudar el mismo natural; vuelva la consideración con
temer no es todo perfecto, sino que puede ser mucha parte sensual, y acalle
este niño con un regalo de amor que la haga mover a amar por vía suave y no a puñadas,
como dicen. Que recojan este amor dentro, y no como olla que cuece demasiado,
porque se pone la leña sin discreción y se vierte toda; sino que moderen la
causa que tomaron para ese fuego y procuren matar la llama con lágrimas suaves
y no penosas, que lo son las de estos sentimientos y hacen mucho daño. Yo las tuve
algunas veces a los principios, y dejábanme perdida la cabeza y cansado el
espíritu de suerte que otro día y más no estaba para tornar a la oración. Así
que es menester gran discreción a los principios para que vaya todo con
suavidad y se muestre el espíritu a obrar interiormente. Lo exterior se procure
mucho evitar.
10.
Estotros ímpetus son diferentísimos. No ponemos nosotros la leña, sino que
parece que, hecho ya el fuego, de presto nos echan dentro para que nos
quememos. No procura el alma que duela esta llaga de la ausencia del Señor,
sino hincan una saeta en lo más vivo de las entrañas y corazón, a las veces,
que no sabe el alma qué ha ni qué quiere. Bien entiende que quiere a Dios, y
que la saeta parece traía hierba para aborrecerse a sí por amor de este Señor,
y perdería de buena gana la vida por El.
No
se puede encarecer ni decir el modo con que llaga Dios el alma, y la grandísima
pena que da, que la hace no saber de sí; mas es esta pena tan sabrosa, que no
hay deleite en la vida que más contento dé. Siempre querría el alma -como he
dicho- estar muriendo de este mal.
11.
Esta pena y gloria junta me traía desatinada, que no podía yo entender cómo
podía ser aquello. ¡Oh, qué es ver un alma herida!
Que
digo que se entiende de manera que se puede decir herida por
tan
excelente causa; y ve claro que no movió ella por dónde le viniese este amor,
sino que del muy grande que el Señor la tiene, parece cayó de presto aquella
centella en ella que la hace toda arder. ¡Oh, cuántas veces me acuerdo, cuando
así estoy, de aquel verso de David: Quemadmodum desiderat cervus ad fontes aquarum que
me parece lo veo al pie de la letra en mí!
12.
Cuando no da esto muy recio, parece se aplaca algo, al menos busca el alma
algún remedio - porque no sabe qué hacer – con algunas penitencias, y no se
sienten más ni hace más pena derramar sangre que si estuviese el cuerpo muerto.
Busca modos y maneras para hacer algo que sienta por amor de Dios; mas es tan grande
el primer dolor, que no sé yo qué tormento corporal le quitase. Como no está
allí el remedio, son muy bajas estas medicinas para tan subido mal; alguna cosa
se aplaca y pasa algo con esto, pidiendo a Dios la dé remedio para su mal, y
ninguno ve sino la muerte, que con ésta piensa gozar del todo a su Bien. Otras veces
da tan recio, que eso ni nada no se puede hacer, que corta todo el cuerpo. Ni
pies ni brazos no puede menear; antes si está en pie se sienta, como una cosa
trasportada que no puede ni aun resolgar; sólo da unos gemidos no grandes,
porque no puede más; sonlo en el sentimiento.
13.
Quiso el Señor que viese aquí algunas veces esta visión: veía un ángel cabe mí
hacia el lado izquierdo, en forma corporal, lo que no suelo ver sino por
maravilla; aunque muchas veces se me representan ángeles, es sin verlos, sino
como la visión pasada que dije primero. En esta visión quiso el Señor le viese
así: no era grande, sino pequeño, hermoso mucho, el rostro tan encendido que parecía
de los ángeles muy subidos que parecen todos se abrasan.
Deben
ser los que llaman querubines, que los nombres no me los dicen; mas bien veo
que en el cielo hay tanta diferencia de unos ángeles a otros y de otros a
otros, que no lo sabría decir. Veíale en las manos un dardo de oro largo, y al
fin del hierro me parecía tener un poco de fuego. Este me parecía meter por el
corazón algunas veces y que me llegaba a las entrañas. Al sacarle, me parecía
las llevaba consigo, y me dejaba toda abrasada en amor grande de Dios. Era tan
grande el dolor, que me hacía dar aquellos quejidos, y tan excesiva la suavidad
que me pone este grandísimo dolor, que no hay desear que se quite, ni se
contenta el alma con menos que Dios. No es dolor corporal sino espiritual,
aunque no deja de participar el cuerpo algo, y aun harto. Es un requiebro tan
suave que pasa entre el alma y Dios, que suplico yo a su bondad lo dé a gustar
a quien pensare que miento.
14.
Los días que duraba esto andaba como embobada. No quisiera ver ni hablar, sino
abrazarme con mi pena, que para mí era mayor gloria que cuantas hay en todo lo
criado.
Esto
tenía algunas veces, cuando quiso el Señor me viniesen estos arrobamientos tan
grandes, que aun estando entre gentes no los podía resistir, sino que con harta
pena mía se comenzaron a publicar. Después que los tengo, no siento esta pena
tanto, sino la que dije en otra parte antes - no me acuerdo en qué capítulo -,
que es muy diferente en hartas cosas y de mayor precio; antes en comenzando
esta pena de que ahora hablo, parece arrebata el Señor el alma y la pone en
éxtasis, y así no hay lugar de tener pena ni de padecer, porque viene luego el
gozar.
Sea
bendito por siempre, que tantas mercedes hace a quien tan mal responde a tan
grandes beneficios.
SANTA TERESA DE JESÚS O DE ÁVILA
Tratado da vida de Cristo 204
Art.
3 — Se o carácter sacramental é o carácter de Cristo.
O terceiro discute-se assim. — Parece
que o carácter sacramental não é o carácter de Cristo.
1. — Pois, diz o Apóstolo: Não
entristeçais ao Espírito Santo de Deus, no qual estais selados. Ora, a
sinalação é implicada pelo nome mesmo de carácter. Logo, o carácter sacramental
deve ser atribuído antes ao Espírito Santo, que a Cristo.
2. Demais. — O carácter tem natureza
de sinal. Ora, o sinal da graça é o conferido pelos sacramentos. Mas a graça é
infundida na alma por toda a Trindade, donde o dizer a Escritura: O Senhor dará
a graça e a glória. Logo, parece que o carácter sacramental não deve ser especialmente
atribuído a Cristo.
3. Demais. — Quem recebe um carácter é
para se distinguir dos outros. Ora, a distinção entre os santos e os demais se
faz pela caridade, que só distingue entre os filhos do reino e os filhos da
perdição, no dizer de Agostinho. Por isso, como refere à Escritura, diz-se dos
filhos da perdição que têm o carácter da besta. Ora, a caridade não é atribuída
a Cristo, mas antes ao Espírito Santo conforme àquilo do Apóstolo: A caridade
de Deus está derramada em nossos corações pelo Espírito Santo, que nos foi
dado. Ou ainda ao Padre, conforme outro lugar do Apóstolo: A graça de Nosso
Senhor Jesus Cristo e, a caridade de Deus. Logo, parece que não se deve
atribuir a Cristo o carácter sacramental.
Mas, em contrário, certos definem o
carácter: O carácter é a distinção impressa pelo carácter eterno na alma
racional, segundo uma imagem que, sendo uma trindade criada, é o sinal da
Trindade criadora e conservadora, e que distingue, mediante o estado da fé, dos
que não têm essa imagem. Ora, o carácter eterno é Cristo mesmo, segundo aquilo
do Apóstolo: O qual, sendo o resplendor da glória e a figura, ou o carácter, da
sua substância. Logo, parece que o carácter se deve propriamente atribuir a
Cristo.
Como do sobredito se infere
o carácter é propriamente um sinal que marca alguém como devendo ordenar-se a
um certo fim. Assim, o dinheiro é marcado com um carácter para o fim das trocas;
e os soldados são marcados por um carácter, como destinados à milícia. Ora, um
fiel é ordenado a um duplo destino. - Primeiro e principalmente, para o gozo da
glória. E para isso é marcado com o sinal da graça, segundo aquilo da
Escritura: Com um thau marca as testas dos homens que gemem e que se doem. E
noutro lugar: Não faças mal à terra nem ao mar, nem às árvores, até que
assinalemos os servos do nosso Deus nas suas testas. - Depois, cada fiel é
destinado a receber ou a comunicar aos outros o concernente ao culto de Deus.
E a isso é propriamente destinado o carácter sacramental. Pois, todo o rito da
religião cristã deriva do sacerdócio de Cristo. Por onde, é manifesto que o carácter
sacramental e especialmente o carácter de Cristo, a cujo sacerdócio se
assemelham os fiéis pelos caracteres sacramentais, que outra causa não são
senão umas participações do sacerdório de Cristo, derivadas do próprio Cristo.
DONDE A RESPOSTA À PRIMEIRA OBJECÇÃO. —
O Apóstolo, no lugar aduzido, refere-se ao sinal pelo qual alguém é
destinado à glória futura, conferida pela graça. O qual é atribuído ao Espírito
Santo enquanto Deus, movido de amor, confere-nos gratuitamente um dom, o que
implica a graça; pois o Espírito Santo é amor. Donde o dizer o Apóstolo: Há
repartição de graças, mas um mesmo é o Espírito.
RESPOSTA À SEGUNDA. — O carácter
sacramental é uma realidade, em respeito do sacramento exterior; e é um
sacramento, em respeito do efeito último. Por isso, de dois modos podemos fazer
uma atribuição ao carácter. - Primeiro, enquanto sacramento. E deste modo, é o
sinal da graça invisível, que confere. - De outro modo, levando em conta a
idéia mesma do carácter. E então, um sinal que configura a um ser principal,
onde reside a autoria daquilo a que é alguém destinado. Assim, os soldados,
destinados à luta são marcados com os sinais do chefe, pelo que de certo modo,
com ele se configuram. E assim, os destinados ao culto cristão, cujo autor é
Cristo, recebem o carácter pelo qual se configuram com Cristo, a quem pois
propriamente pertence o carácter.
RESPOSTA À TERCEIRA. — Pelo carácter
se distingue uma pessoa de outra por comparação a algum fim a que se ordena,
ela que recebeu o carácter. Assim o dissemos a respeito do caráter militar,
pelo qual, relativamente à luta, se distingue o soldado do rei do soldado do
inimigo. E semelhantemente, o carácter dos fiéis é o pelo qual se distinguem,
os fiéis de Cristo dos servos do diabo, quer em relação à vida eterna, quer em
relação ao culto da Igreja presente. E dessas finalidades a primeira resulta da
caridade e da graça, como o diz com procedência a objeção. E a segunda, do carácter
sacramental. Por onde e ao contrário, pelo carácter da besta podemos entender:
ou a malícia obstinada, pela qual certos são destinados à pena eterna; ou a
prática de um culto ilícito.
Nota: Revisão da versão portuguesa por
ama.
Publicações em 27 Maio
NOTA de AMA:
Reenvie para os seus amigos este mail.
Ajude a difundir NUNC COEPI.
NUNC COEPI é visto com frequência quase diária em vários países da Europa, Américas, Ásia... um pouco por todo o mundo, tem cerca de 9.000 membros no circulo e 8.880 no Face Book.
NUNC COEPI tem como único objectivo o trabalho apostólico de informação e formação Cristã seguindo as recomendações do Magistério da Igreja Católica.
Se quiser, e para evitar duplicações, pode comunicar os seus reenvios para: ontiano@gmail.com
Igualmente se não quer receber estes mail, por favor diga.
Publicações em 27 de Maio 2018:
- Nossa Senhora
- Temas para reflectir e meditar
- Evangelho e comentário
- Leitura espiritual
- Devoción a la Virgen
- Tratado da vida de Cristo 204
- El reto del amor
- Pequena agenda do cristão
Subscrever:
Mensagens (Atom)






